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La seguridad alimentaria y la producción
local
de biopesticidas en Cuba
Peter
Rosset y Mónica Moore
Extraído
de: Boletín del ILEIA. Junio
1998. 18-19 p. Hasta
hace poco la producción agrícola cubana se basaba casi en
su totalidad en
un modelo industrializado convencional que se caracterizaba por una
fuerte dependencia
en los pesticidas y fertilizantes sintéticos, combustibles
fósiles y otros insumos de la Revolución Verde. Con el colapso
del bloque
comercial socialista en 1989, el acceso del país a los pesticidas
y otros insumos
prácticamente se desvaneció de la noche a la mañana.
La pérdida
simultánea en el país de los insumos industriales y agrícolas
importados
y de las importaciones directas de alimentos, de los mercados internacionales
y de las fuentes de intercambio exterior, ha ocasionado una crisis
profunda y constante para el pueblo y el gobierno de los Estados
Unidos a esa
nación isleña. Más crítico aún, la
producción agrícola y el acceso
a los alimentos han llegado a niveles muy bajos, lo que se ha traducido
en una aguda escasez de alimentos en un país que por décadas
garantizó
a los ciudadanos, como un derecho, una amplia disponibilidad de
alimentos
de bajo costo.
En 1990, el presidente cubano Fidel Castro anunció el inicio de
un "Periodo Especial
de paz" indefinido, como marco para las drásticas reformas
políticas
necesarias para satisfacer los requerimientos básicos de alimentos
para la población
isleña. Fue un período en el cual la productividad
agrícola
y económica de Cuba sería reconstruida. Como resultado directo.
Cuba se vio
envuelta en un período de transición nacional sin precedentes
entre la alta
disponibilidad de insumos externos y los escasos insumos y la agricultura
orgánica, la cual incluyó la implementación, en todo
el país, del
enfoque de manejo integrado de plagas (MIP) basados en el control
biológico.
En virtud de la experiencia e inversión en recursos humanos que
caracterizaron
al período especial durante varios años, quienes deciden
las políticas,
productores e investigadores, comenzaron a adaptar y reconstruir
la infraestructura
agrícola de Cuba para facilitar la producción con bajos
insumos externos.
Las acciones tomadas incluyeron la división de las fincas
estatales
en unidades más pequeñas, bajo el manejo directo de los
productores;
la creación de una red nacional de pequeños laboratorios
que producen
gran variedad de agentes de control biológico, pesticidas de origen
botánico
y biofertilizantes; la legalización y promoción de los mercados
de agricultores
del sector privado; y un nuevo énfasis al intercambio entre
agricultores
y entre agricultores extensionistas, y a la investigación en
finca y la
capacitación agroecológica para productores y científicos
por igual.
La conversión agrícola de Cuba no sólo es un reto
a la creencia general de que
alimentar a la población de una nación depende de los pesticidas,
sino también
resalta las fortalezas y limitaciones de dos diferentes versiones de
MIP el enfoque
de la "sustitución de insumos" en contraposición
con el uso del
MIP como componente de un sistema agrícola ecológico.
Producción
local de agentes biológicos Enfrentar
una disminución demás del 80% en la disponibilidad de pesticidas
y fertilizantes
fue el reto más difícil al inicio del período especial.
Las décadas
de experiencia de Cuba con el control biológico fueron cruciales
para superar
este reto. Históricamente, gran parte de esta experiencia
consistió
en la crianza masal de parasitoides. Desde 1968 la mosca parásita
Lixophaga
diatraeae había sido usada contra el barrenador de la caña
en casi el
100% de los cañaverales. Las avispas parásitas (Trichogramma
sp) fueron ampliamente
usadas a comienzos de los 80 contra plagas de lepidópteros en el
manejo de
pastos y posteriormente en tabaco, tomate y yuca. También
a comienzos de la década del 80 el gorgojo de batata, Cylas
formicarius
, empezó a ser controlado en batata (camote) usando hormigas
depredadoras
( Pheidole megacephala). El reservorio de poblaciones de estas
hormigas se
estableció en los lugares donde abundaba y desde allí las
colonias se
trasladaron a los campos de batata, donde se logró un control de
hasta el 99%.
A pesar de que tales éxitos y la adopción de una política
nacional favorecieron
al MIP en 1982, los pesticidas continuaron siendo la principal
forma de control
en Cuba, hasta el establecimiento del período especial. En
este punto,
los investigadores que trabajaban en control biológico y en
otros aspectos
de los sistemas de producción agrícola de origen ecológico
fueron movilizados
hacia diferentes universidades, ministerios e instituciones
de investigación para responder a la crisis. En
efecto, rápidamente se difundió esta corriente de ideas
de un gran número de
científicos jóvenes cuyo contacto con el movimiento ambiental
y los principios
ecológicos los había conducido a criticar la agricultura
dependiente
y modernizada de Cuba, pero sus ideas fueron dejadas de lado dentro
de la infraestructura de apoyo del sistema imperante.
Sobre la base del trabajo de esos investigadores y con las tecnologías
disponibles,
el Ministerio de Agricultura aceleró y expandió de forma
significativa
los planes para incrementar la producción de los enemigos
naturales
y de esta manera reemplazar la pérdida de la importación
de pesticidas.
En 1994 unos 222 laboratorios artesanales entraron en operación
y proporcionaron
insectos, nemátodos y entomopatógenos ((bacterias, hongos
y virus
que causan enfermedades en los insectos) en 15 provincias de Cuba.
Estos laboratorios,
llamados Centros para la Producción de Entomófagos y
Entomopatógenos
(CPEE) facilitaron una rápida adopción de los sistemas MIP
en cultivos
que habían sido manejados con sistemas basados en pesticidas.
Nosotros visitamos
un típico centro en la provincia de Pinar del Río a cargo
de cuatro
técnicos con grado universitario, cuatro técnicos con grado
universitario,
cuatro técnicos de mando medio siete alumnos graduados de
secundaria.
Todos eran hijos de los miembros de la cooperativa donde el centro estaba
localizado.
L cooperativa recibió del banco un préstamo pagadero en
10 años para
construir equipar el centro una casa de tamaño mediano con
habitaciones
transformadas en laboratorios esterilizados de tipo microbiológico
y una docena de autoclaves. Según director, el centro proporcionaba
sus productos sin costo alguno a la cooperativa, al tiempo que
los vendía
a las fincas vecinas, a las fincas del estado y a otras cooperativas.
Él mencionó que las ventas eran sufiecientes para mantener
el lugar,
pagar sus salarios, el préstamo y cubrir las necesidades de control
de plagas
de toda la cooperativa.
Mientras que muchos CPEE funcionan en las cooperativas, otros lo hacen
en las
escuelas de agricultura, universidades y empresas agroindustriales.
Algunos son
más pequeños que el descrito anteriormente, pero otros son
mucho más
grandes. Los técnicos cubanos inclusive han ayudado a establecer
centros similares
en otros países como México y Nicaragua.
Con la creación de la red de centros, la aplicación de los
sistemas MIP basados
en el control biológico se ha extendido rápidamente hacia
otros cultivos
y combinaciones de plagas y cultivos. El personal de los centros
está
en contacto estrecho con los productores, a quienes proveen, e
intercalan
regularmente con ellos para mejorar la eficacia del control biológico
en sus regiones.
La producción y el uso de los entomopatógenos se han expandido
rápidamente y Cuba
ha desarrollado capacidades únicas en esta área. Se han
elaborado muchas
técnicas mejoradas de producción, cosecha, formulación,
aplicación y control
de calidad para numerosas bacteria y hongos. Bacillus thuringiensis
(Bt) es un
insecticida bacteriano de amplio uso para el control de una gran
gama de plagas
de lepidópteros en muchos cultivos y también para el control
de los mosquitos
en programas de salud pública. Aparte de la producción del
Bt en los
CPEE, hay tres plantas que producen un biopesticida de Bt más
uniforme,
que es considerado un producto con importante potencial de exportación.
Los biopesticidas basándose en hongos producidos en los CPEE, de
amplio uso, son:
Beauveria bassiana , usada para el control de plagas de coleópteros,
como los gorgojos
que atacan a la batata (camote) y al plátano común;
Verticillium
lecanii , para controlar la mosca blanca (Bemisia tabaci), un vector
de enfermedades virosas en tabaco, tomate, frijol y otros cultivos;
Metarhizium
anisopliae , para varias plagas de insectos; y Trichoderma spp,
usado como
antagonista de los patógenos del suelo en plántulas de tabaco
(Cuadro 1).
Entre los biopesticidas en proceso de desarrollo a gran escala
están
Nomuraea rileyei e Hirsutella thonsomii.
Dada la importancia del tabaco en la economía y cultura cubanas,
el éxito del
control biológico en este cultivo tiene mucho interés. La
producción de tabaco
en la mayor parte de países depende principalmente del bromuro
de metilo,
un pesticida fumigante altamente peligroso y destructor del ozono,
que está
en la lista de los productos que deben ser retirados en el ámbito
mundial, según
el Protocolo de Montreal, Cuba piensa prohibir el uso del Bromuro
de metilo a partir de 1998, gracias al éxito obtenido con
Trichoderma
spp como alternativa.
No es una panacea
No queremos indicar que los pesticidas biológicos hayan sido la
panacea para Cuba.
En primer lugar, es difícil obtener estimados confiables de su
eficacia en
Cuba. Segundo, muchos otros factores han logrado estimular el aumento
de la producción de alimentos, como precios más altos a
los productos
de los agricultores, distribución de la tierra y nuevos mecanismos
de comercialización.
Más allá, la producción artesanal de agentes de control
biológico
no ha estado libre de problemas.
El personal de los CPEE admite que ellos no pueden asegurar estándares
de control
de calidad o logros en la producción de sus laboratorios
artesanales,
dada la escasez impredecible de insumos y los cortes de energía
que aún
caracterizan al Período Especial. La desigual calidad y
disponibilidad
de biopesticidas es un obstáculo a la eficacia de los sistemas
de manejo de plagas que se basan en ellos.
Otro obstáculo es que los productores no están familiarizados
con el control biológico.
El biocontrol es nuevo para los propios extensionistas y la disponibilidad
de capacitación no es suficiente todavía para asegurar que
los biopesticidas
sean usados en su total capacidad. Como los pesticidas químicos
no están disponibles o no están al alcance, continúa
creciendo el entusiasmo
por el control biológico de plagas entre los productores. Según
el director
de CPEE, ganador de un premio en la provincia de La Habana, la
provincia
productora de alimentos más importante del país, la demanda
por los
biopesticidas supera la producción en muchos centros durante el
pico de la
temporada, lo que sugiere que la limitada capacidad de producción
también puede
obstaculizar la eficacia del MIP.
En un sentido más amplio, los pesticidas sean biológicos
o químicos- no pueden
sustituir a la prevención. Bajo esta premisa es interesante que
se ha presentado
virtualmente una explosión de cultivos asociados a lo largo y
ancho de Cuba,
tradicionalmente un paisaje del monocultivo, porque los agricultores
han decidido usar los métodos tradicionales donde desaparecieron
los modernos.
Muchos agricultores sostienen que los cultivos asociados reducen el ataque
de las plagas
y producen más por unidad de área. Uno de los sistemas más
usados actualmente
es el de maíz asociado con batata, que se dice reduce enormemente
tanto el gorgojo de la batata (camote) como las infestaciones de
la oruga armyworm,
posibilitando así una alta productividad sin pesticidas.
A falta de
datos precisos, es difícil medir las contribuciones relativas de
las nuevas
tecnologías, como los biopesticidas, versus las prácticas
tradicionales
y pasadas de moda, como el cultivo asociado.
El caso cubano es crucial porque ha extendido los que antes era una
experiencia
local hasta un nivel nacional de autodependencia y seguridad alimentaria.
Esto es importante en los 90, una era en la cual las pruebas concretas
son más importantes que la retórica idealista. No se puede
negar que
los biopesticidas producidos localmente han jugado un papel clave para
que Cuba supere
su crisis alimentaria, aunque la eficiencia real de estos productos
y su importancia, con relación a otros cambios en la Cuba
contemporánea,
sean difíciles de cuantificar.
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