La Biotecnología, El Hambre en el Mundo y el Bienestar
de los Agricultores
Poblaciones hambrientas en medio de la abundancia
Las
compañías de biotecnología sostienen que los organismos genéticamente
modificados (GMOs en inglés) -específicamente las semillas genéticamente
alteradas- son hallazgos científicos necesarios para alimentar al
mundo y reducir la pobreza en los países en desarrollo. La mayoría
de las organizaciones internacionales encargadas de la política y
la investigación para el mejoramiento de la seguridad alimentaria
en el mundo en desarrollo hacen eco de este punto de vista. Este
punto se basa en dos suposiciones críticas: que el hambre se debe
a una brecha entre la producción de alimentos y la densidad de la
población humana o la tasa de crecimiento; y que la ingeniería genética
es la única o la mejor forma de incrementar la producción agrícola
y por lo tanto cubrir las futuras necesidades de alimento.
Un
punto inicial para aclarar estas falsas concepciones es entender
que no hay una relación entre la presencia del hambre en un país
determinado y su población. Por cada nación hambrienta y densamente
poblada como Bangladesh o Haití, hay un país escasamente poblado
y hambriento como Brasil o Indonesia. El mundo hoy produce más alimentos
por habitante que nunca antes. Hay suficiente alimento disponible
para proveer 4,3 libras por persona cada día: 2,5 libras de granos,
frijoles y nueces; alrededor de una libra de carne, leche y huevos
y otra de frutas y verduras (Lappe et al. 1998).
En
1999 se produjo suficiente cantidad de granos en el mundo para
alimentar una población de ocho mil millones de personas (seis mil millones
habitaron el planeta en el 2000), si estos se distribuyeran equitativamente
o no se dieran como alimento a los animales. Siete de cada diez libras
de granos se usan para alimentar animales en Estados Unidos. Países
como Brasil, Paraguay, Tailandia e Indonesia dedican miles de acres
de tierras agrícolas a la producción de soya y yuca para exportar
a Europa como alimento del ganado. Canalizando un tercio de los granos
producidos en el mundo hacia la población hambrienta y necesitada,
el hambre cesaría instantáneamente (Lappe et al. 1998).
El
hambre también ha sido creado por la globalización, especialmente
cuando los países en desarrollo adoptan las políticas de libre comercio
recomendadas por agencias internacionales (reduciendo los aranceles
y permitiendo el flujo de los productos de los países industrializados).
La experiencia de Haití, uno de los países más pobres del mundo,
es ilustrativa. En 1986 Haití importó sólo 7,000 toneladas de arroz,
porque la mayor parte se producía en la isla. Cuando abrió su economía
al mundo, los inundó un arroz más barato proveniente de los Estados
Unidos, donde la industria del arroz es subsidiada. En 1996, Haití importó 196,000
toneladas de arroz foráneo al costo de US$ 100 millones anuales.
La producción de arroz haitiano se volvió insignificante cuando se
concretó la dependencia en el arroz extranjero. El hambre se incrementó (Aristide
2000).
Las
causas reales del hambre son la pobreza, la desigualdad y la
falta de acceso a los alimentos y a la tierra. Demasiada gente es
muy
pobre (alrededor de dos mil millones sobreviven con menos de un
dólar al
día) para comprar los alimentos disponibles (a menudo con una pobre
distribución) o carecen de tierras y los recursos para sembrarla
(Lappe et al. 1998). Porque la verdadera raíz del hambre es la desigualdad,
cualquier método diseñado para reforzar la producción de alimentos,
pero que agudice esta desigualdad, fracasará en reducir el hambre.
Por el contrario, sólo las tecnologías que tengan efectos positivos
en la distribución de la riqueza, el ingreso y los activos, que estén
a favor de los pobres, podrán en realidad reducir el hambre. Afortunadamente
tales tecnologías existen y pueden agruparse bajo la disciplina de
la agroecología, cuyo potencial es ampliamente demostrado y analizado
más profundamente a lo largo de este libro (Altieri et al. 1998;
Uphoff y Altieri 1999).
Atacando
la desigualdad por medio de reformas agrarias se mantiene la
promesa de un aumento de la productividad que sobrepasa el potencial
de
la biotecnología agrícola. Mientras que los defensores de la industria
hacen una promesa de 15, 20 e incluso 30 por ciento de aumento de
los rendimientos por la biotecnología, los pequeños agricultores
producen hoy de 200 a 1,000 por ciento más por unidad de área
que las grandes fincas a nivel mundial (Rosset 1999). Una estrategia
clara para tomar ventaja de la productividad de las pequenas
fincas
es impulsar reformas agrarias que reduzcan las grandes propiedades ineficientes e improductivas a un tamano pequeño óptimo, y
asi proporcionar las bases para el incremento de la producción en
fincas de pequenos agricultores, incrementos ante los cuales
empalidecería
la publicitada promesa productiva de la biotecnología.
Es
importante entender que la mayor parte de innovaciones en la
biotecnología
agrícola se orientan a las ganancias más que a las necesidades. El
verdadero motor de la industria de la ingeniería genética no es hacer
la agricultura más productiva, sino generar mayores ingresos (Busch
et al. 1990). Esto se ilustra revisando las principales tecnologías
del mercado de hoy: (1) cultivos resistentes a los herbicidas,
tales como la Soya Ready Roundup de Monsanto, semillas que son
tolerantes
al herbicida Roundup de Monsanto, y (2) los cultivos Bt (Bacillus
thuringiensis) que han sido desarrollados por ingeniería genética
para producir su propio insecticida. En el primer caso, la meta es
ganar más participación de mercado de los herbicidas para un producto
exclusivo, y en el segundo, aumentar las ventas de semillas aun a
costa de dañar la utilidad de un producto clave para el manejo de
plagas (el insecticida microbiano a base de Bt) en el que confían
muchos agricultores, incluyendo a la mayoría de agricultores de cultivos
orgánicos, como una poderosa alternativa a los insecticidas.
Estas
tecnologías responden a la necesidad de las compañías de biotecnología
de intensificar la dependencia de los agricultores en semillas protegidas
por la llamada "propiedad intelectual" que entra en
conflicto directamente con los antiguos derechos de los agricultores
a reproducir,
compartir o almacenar semillas (Fowler y Mooney 1990). Cada
vez que pueden, las corporaciones obligan a los agricultores
a comprar una marca de insumos de la compañía y les prohiben guardar o vender
la semilla. Si los agricultores de los Estados Unidos adoptan soya
transgénica, deben firmar un acuerdo con Monsanto. Si siembran soya
transgénica al año siguiente, la multa es de unos $3,000 por acre,
dependiendo del área. Esta multa puede costarle al agricultor su
finca, su hogar. Controlando el germoplasma desde la producción de
semillas hasta su venta y obligando a los agricultores a pagar precios
inflados por paquetes de semillas-químicos, las compañías están decididas
a extraer el máximo beneficio de su inversión (Krimsky y Wrubel
1996).
¿Qué hay
del arroz dorado?
Los
científicos que apoyan la biotecnología y están en desacuerdo con
la afirmación que la mayor parte de la investigación en biotecnología
está basada en el lucro más que en la necesidad, usan como parte
de su retórica humanitaria, el recientemente desarrollado, pero todavía
no comercializado, arroz dorado. Este arroz experimental es rico
en beta caroteno, el precursor de la vitamina A, que es un producto
nutritivo importante para millones de niños, especialmente en
Asia, quienes sufren de deficiencia de Vitamina A que puede conducir
a la ceguera.
Quienes
han creado el arroz dorado dicen que este nuevo cultivo fue desarrollado
con fondos públicos y que una vez que se demuestre su viabilidad
en campos de cultivo, será distribuido gratuitamente entre los pobres.
La idea de que un arroz genéticamente alterado es la forma apropiada
de tratar la condición de dos millones de niños en riesgo de ceguera
- inducida por la deficiencia de Vitamina A- revela una tremenda
ingenuidad sobre las causas reales de la malnutrición por falta de
vitaminas y micronutrientes. Si nos remitimos a los patrones de desarrollo
y nutrición humanos, rápidamente nos damos cuenta que la deficiencia
de Vitamina A no está caracterizada como un problema sino como un
síntoma, una señal de alerta. Nos
alerta de mayores deficiencias asociadas tanto con la pobreza
como con el cambio en la agricultura, desde sistemas de cultivo
diversificados
hacia monocultivos, promovido por la Revolución Verde.
La
gente no presenta deficiencia de Vitamina A porque el arroz contiene
muy poca Vitamina A, o beta caroteno, sino porque su dieta se
reduce solamente a arroz y a casi nada más, y sufren de otras enfermedades
nutricionales que no se pueden tratar con beta caroteno, pero que
podrían ser tratadas, junto con la deficiencia de Vitamina A, con
una dieta más variada. El arroz dorado debe ser considerado un intento
unidimensional de reparar un problema creado por la Revolución Verde:
el problema de la disminución de la variedad de cultivos y la
diversidad en la dieta.
Una
solución de "varita mágica" que coloca beta caroteno en
el arroz -con potencial daño ecológico y a la salud-, al tiempo que
deja intacta a la pobreza, las dietas pobres y el monocultivo extensivo,
no puede hacer ninguna contribución duradera al bienestar. Usando
la frase de Vandana Shiva, "un enfoque de esa naturaleza
revela ceguera ante las soluciones sencillas disponibles para
combatir
la ceguera inducida por la deficiencia de Vitamina A, que incluye
a
muchas plantas, que cuando son introducidas (o reintroducidas)
en la dieta proporcionan el beta caroteno y otras vitaminas y
micronutrientes."
Aunque
los vegetales silvestres han sido considerados periféricos en los
hogares campesinos, su recolección como se practica actualmente en
muchas comunidades rurales constituye un aditivo significativo a
la nutrición y subsistencia de las familias campesinas. Dentro
y fuera de la periferia de las pozas de arroz hay abundantes
vegetales de hoja verde, silvestres y cultivados, ricos en vitaminas
y nutrientes,
muchos de los cuales son eliminados cuando los agricultores adoptan
el monocultivo y los herbicidas asociados (Greenland 1997).
Los
biotecnólogos en arroz no entienden las profundas tradiciones culturales
populares que determinan las preferencias de alimentos entre la población
asiática, especialmente el significado social e incluso religioso
del arroz blanco. Es altamente improbable que el arroz dorado reemplace
al arroz blanco que por milenios ha jugado variados papeles en aspectos
nutricionales, culinarios y ceremoniales. No cabe duda que el arroz
dorado sacudirá las tradiciones asociadas con el arroz blanco en
la misma forma en que lo harían las papas fritas verdes o azules
en las preferencias de la gente de los Estados Unidos.
Pero
incluso si el arroz dorado ingresa en los platos de los pobres
de Asia, no hay una garantía de que ello beneficiará a la gente pobre
que no come alimentos ricos en grasas o aceites. El beta caroteno
es soluble en grasas y su ingestión por el intestino depende de la
grasa o aceite de la dieta. Aún más, las personas que sufren de desnutrición
proteica y carecen de dietas ricas en grasas no pueden almacenar
bien la Vitamina A en el hígado ni pueden transportarla a los diferentes
tejidos corporales donde se requiere. Debido a la baja concentración
de beta caroteno en el arroz milagroso, las personas tendrían que
comer más de un kilogramo de arroz diario para obtener la ración
diaria recomendada de Vitamina A.
¿Aumenta
la biotecnología los rendimientos?
Un
importante argumento propuesto por los biotecnólogos es que los cultivos
transgénicos aumentarán significativamente el rendimiento de los
cultivos. Estas expectativas han sido examinadas por el informe (1999)
del Servicio de Investigación Económica (Economic Research Service, ERS)
del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), a partir
de datos recolectados en 1997 y 1998 para 112
y 18 combinaciones región/cultivo de Estados Unidos. Los cultivos
observados fueron maíz Bt y algodón, y maíz, algodón y soya tolerantes
a herbicidas (HT), y su contraparte de cultivos convencionales.
En
1997 los rendimientos no mostraron diferencias significativas
entre los cultivos con y sin ingeniería genética en 7 de las 12 combinaciones
cultivo/región. Cuatro de las 12 regiones mostraron incrementos significativos
(13-21 por ciento) en el rendimiento de las plantas con ingeniería
(soya tolerante en tres regiones y algodón Bt en una región). El
algodón tolerante a herbicidas en una región mostró una reducción
significativa en el rendimiento (12 por ciento) comparado con
su contraparte convencional.
En
1998 los rendimientos no tuvieron diferencias significativas
entre cultivos con y sin ingeniería en 12 de 18 combinaciones cultivo/región.
Cinco combinaciones (maíz BT en dos regiones, maíz HT en una región,
algodón Bt en dos regiones) mostraron aumentos significativos en
el rendimiento (5 a 30 por ciento) de las plantas con ingeniería,
pero sólo bajo presión alta del barrenador europeo del maíz, que
es esporádico. De hecho muchos entomologos
piensan que la mayoria de los agricultores no se beneficiaran
de las tecnologías Bt bajo niveles promedios de infestacion del gusano
barrenador, dado que niveles poblacionales negativos de esta plaga
se dan esporádicamente una vez cada 4- 8 anos. El
algodón tolerante a herbicidas (tolerante al glifosato o Roundup)
fue el único cultivo con ingeniería que no mostró aumentos significativos
en el rendimiento en ninguna de las regiones donde fue probado.
En 1999, investigadores del Instituto
de Agricultura y Recursos Naturales de la Universidad de Nebraska
plantaron cinco diferentes variedades de soya de Monsanto, junto
con sus parientes convencionales más cercanos y las variedades tradicionales
de más alto rendimiento en cuatro localidades del estado, usando
tierras de secano y campos irrigados. En promedio, los investigadores
encontraron que las variedades tratadas por ingeniería genética -aunque
más costosas- producían seis por ciento menos que sus parientes cercanos
sin ingeniería, y 11 por ciento menos que los cultivos convencionales
de mayor rendimiento. Informes de Argentina muestran los mismos
resultados de ausencia de un mejor rendimiento de la soya HT,
la cual universalmente
parece mostrar problemas de rendimiento.
Las
pérdidas en el rendimiento se amplifican en cultivos como el maíz
Bt donde se requiere que los agricultores dejen el 20 por ciento
de su tierra como refugios de maíz no transgénico. Se espera que
parcelas alternantes de maíz transgénico y no transgénico retarden
la evolución de la resistencia a las plagas al proveer refugios a
los insectos susceptibles a fin de que puedan cruzarse con insectos
resistentes. Los cultivos en el refugio posiblemente sufran fuerte
daño y de este modo los agricultores tendrán pérdidas en el rendimiento.
Un refugio totalmente libre de pesticidas debe tener el 20 a 30 por
ciento del tamaño de una parcela sometida a ingeniería, pero si se
usan insecticidas, entonces el refugio debe tener alrededor del 40
por ciento del tamaño de la parcela biotecnológica porque asperjar
con insecticidas incrementa el desarrollo de la resistencia al
Bt (Mellon y Rissler 1999).
Si
por el contrario se dedicara el 30 por ciento de los terrenos
cultivables a plantar soya bajo un diseño de cultivos en franjas con maíz (como
muchos agricultores alternativos hacen en el medio oeste), se obtendrían
rendimientos de más del 10% que con los monocultivos comparativos
de maíz y soya, al tiempo que se introducirían potenciales para la
rotación interna en el campo donde los arreglos contorneados minimizan
la erosión en las laderas (Ghaffarzadeh et al. 1999), Más aún, el
barrenador europeo del maíz sería minimizado porque las poblaciones
de esta plaga tienden a ser menores en los sistemas de cultivos
mixtos y rotativos (Andow 1991).
En
el caso del algodón no hay una necesidad demostrada de introducir
la toxina Bt en el cultivo ya que la mayor parte de Lepidópteros
(mariposas y polillas) que atacan este cultivo son plagas secundarias
inducidas por los pesticidas. La mejor forma de enfrentarlas no es
asperjando insecticidas sino usando el control biológico o técnicas
culturales como la rotación o los cultivos alternados con alfalfa.
En el sureste, la plaga clave es el gorgojo (boll weevil), inmune
a la toxina Bt.
¿Cuáles
son los costos para los agricultores americanos?
Para
evaluar la economía de la finca y el impacto de los cultivos transgénicos
en las fincas de los Estados Unidos, es bueno examinar la realidad
que enfrentan los agricultores de Iowa, quienes viven en el corazón
de las tierras del maíz y la soya transgénicos. Aunque las malezas
son una preocupación, el problema real que ellos enfrentan es la
caída de los precios de sus productos debido a la superproducción
a largo plazo. De 1990 a 1998 el precio promedio de una tonelada
métrica de soya disminuyó en 62 por ciento y los retornos de los
costos descendieron de $532 a $182 por hectárea, una caída del
66 por ciento. Frente
a la caída
de los retornos por hectárea los agricultores no tienen elección
excepto "hacerse más grande o abandonar las tierras". Los
agricultores sólo se podrán mantener en el negocio si incrementan
el área de cultivo para compensar la caída en las ganancias por unidad
de área. Cualquier tecnología que facilite el crecimiento será "adoptada",
incluso si las ganancias de corto plazo son consumidas por los precios
que continúan cayendo en la medida en que se expande el modelo agrícola
industrial.
Para
estos agricultores de Iowa la reducción de los retornos por unidad
de tierra de cultivo ha reforzado la importancia de los herbicidas
dentro del proceso productivo porque reducen el tiempo que dedican
al cultivo mecanizado y permiten a un determinado agricultor sembrar
más acres. Una encuesta llevada a cabo entre los agricultores
de Iowa en 1998 indicó que el uso de glifosato con variedades de
soya resistentes al glifosato redujo los costos del control de malezas
en cerca del 30 por ciento comparado con el manejo convencional de
malezas para las variedades no transgénicas. Sin embargo, los
rendimientos de la soya resistente al glifosato fueron
menores en cuatro por ciento y los retornos netos por unidad
de área
de terreno fueron casi idénticos en la soya resistente y en la
convencional (Duffy 1999).
Desde
el punto de vista de la conveniencia y la reducción de costos, el
uso de herbicidas de amplio espectro en combinación con variedades
resistentes a los herbicidas atrae a los agricultores. Tales sistemas
combinan muy bien con las operaciones en gran escala, la producción
sin labranza y los subcontratos para la aplicación de químicos. Sin
embargo, desde el punto de vista de precios, cualquier fluctuación
en el precio de las variedades transgénicas en el mercado empeorará el
impacto de los actuales precios bajos. Tomando en consideración que
las exportaciones americanas de soya a la Unión Europea decayeron
de 11 millones de toneladas a seis millones en 1999 debido al rechazo
de los consumidores europeos a los organismos genéticamente modificados
(GMOs), es fácil predecir un desastre para los agricultores que dependen
de los cultivos transgénicos. Las soluciones duraderas al dilema
que enfrentan los agricultores de Iowa no vendrán de los cultivos
tolerantes a los herbicidas sino de una reestructuración general
de la agricultura del medio oeste (Brummer 1998).
La integración de las industrias
de semillas y químicos puede acelerar el incremento de los gastos
por hectárea de paquetes "semilla más químicos" trayendo
retornos significativamente más bajos a los agricultores. Las compañías
que desarrollan cultivos tolerantes a herbicidas están tratando
de desviar
el mayor costo posible por acre desde los herbicidas hacia la
semilla vía mayores costos de semilla. En Illinois, la adopción de cultivos
resistentes a herbicidas ha convertido al sistema de semilla-manejo
de malezas de la soya en el más caro en la historia moderna -entre
$40 y $69 por acre, dependiendo de las tasas, la presión de las malezas,
etc. Tres años antes, el promedio de costos de la semilla-más-control
de malezas era de $26 por acre y representaba el 23% de los costos
variables. Hoy representa el 35-40% (Carpenter & Gianessi 1999).
Muchos agricultores están deseosos de pagar por la simplicidad y
efectividad de este nuevo sistema de manejo de malezas, pero tales
ventajas pueden tener corta vida tan pronto como se presenten problemas
ecológicos.
En el caso de cultivos BT la información demuestra que el uso de insectidas
ha bajado especialmente en algodon. La mayoria de los estudios
sugieren que se han bajado el numero de aplicaciones por hectárea/ano, resultando en una reducción en el suo nacional
en USA de 450,000 kg de ingrediente activo (i.a.), pero esto representa
solo una reducción de 0.18 kg i.a. por hectárea, o 9% reducción del
promedio de 2.01 kg i.a. por hectárea. Para maiz Bt
la reducción por hectárea equivale a 0.04-0.08 kg de i.a. por hectárea,
un ahorro minimo comparado con reducciones de 50% con manejo
integrado y de 100% con agricultura organica.
Pero como se enfatizó antes, el costo final que los agricultores pagan
es su creciente dependencia de los insumos biotecnológicos protegidos
por un sistema severo de derechos de propiedad intelectual que legalmente
inhibe el derecho de los agricultores a reproducir, compartir y almacenar
semillas (Busch et al. 1990). Los agricultores que ejercen este derecho
pero a la vez rompen el contrato firmado con una corporación
pueden perder sus fincas ya que el contrato estipula que deben
pagar $
3 mil dolares por acre por infringir el acuerdo. Para un agricultor
con mas de 100 acres el costo es desastroso.
¿La biotecnología beneficiará a los agricultores
pobres?
Muchas
de las innovaciones de la biotecnología disponibles hoy eluden a
los agricultores pobres, ya que estos agricultores no pueden pagar
por las semillas protegidas por patentes, propiedad de las corporaciones
biotecnológicas. La extensión de la tecnología moderna hacia los
agricultores de escasos recursos ha estado históricamente limitada
por considerables obstáculos ambientales. Se
estima que 850 millones de personas viven en tierras amenazadas
por la desertificación. Otros 500 millones viven en terrenos demasiado
abruptos para ser cultivados. Debido a éstas y otras limitaciones,
alrededor de dos millones de personas ni siquiera han sido alcanzadas
por la ciencia agrícola moderna. La mayor parte de la pobreza rural
se desarrolla en la banda latitudinal entre los trópicos de Cáncer
y Capricornio, la región más vulnerable a los efectos del recalentamiento
global. En tales ambientes, una gran cantidad de tecnologías baratas
y accesibles localmente están disponibles para mejorar y no limitar
las opciones de los agricultores, una tendencia que es inhibida por
la biotecnología controlada por las corporaciones.
Los
investigadores en biotecnología piensan solucionar los problemas
asociados con la producción de alimentos en esas áreas marginales
desarrollando cultivos GM con características que los pequeños agricultores
consideran deseables, tales como mayor competitividad frente a las
malezas y tolerancia a la sequía. Sin embargo, estos nuevos atributos
no son necesariamente una panacea. Características como la tolerancia a la sequía
son poligénicas (determinadas por la interacción de genes múltiples).
En consecuencia, el desarrollo de cultivos con tales características
es un proceso que tomaría por lo menos 10 años. Bajo estas circunstancias,
la ingeniería genética no da algo por nada. Cuando se trabaja con
genes múltiples para crear un rasgo determinado, es inevitable sacrificar
otras características como la productividad. Como resultado, el uso
de una planta tolerante a la sequía incrementaría los rendimientos
de un cultivo sólo en 30-40 por ciento. Cualquier rendimiento adicional
deberá provenir del mejoramiento de las prácticas ambientales (como
la cosecha del agua o el mejoramiento de la materia orgánica del
suelo para mejorar la retención de la humedad) más que de la manipulación
genética de características específicas (Persley y Lantin 2000).
Aun
cuando la biotecnología pudiera contribuir a incrementar la cosecha
en un cultivo, eso no significa que la pobreza disminuiría. Muchos
agricultores pobres en los países en desarrollo no tienen acceso
al dinero, al crédito, a la asistencia técnica o al mercado. La llamada
Revolución Verde de los 50 y 60 ignoró a esos agricultores porque
la siembra de las nuevas medidas de alto rendimiento y su mantenimiento
por medio de pesticidas y fertilizantes era demasiado costosa para
los campesinos pobres. Los datos, tanto de Asia como de América Latina,
demuestran que los agricultores ricos con tierras más extensas y
mejor llevadas obtuvieron más de la Revolución Verde, mientras los
agricultores con menores recursos en general ganaron muy poco (Lappe
et al. 1998). La nueva "Revolución Genética" sólo podría
terminar repitiendo los errores de su predecesora.
Las
semillas genéticamente modificadas están bajo control corporativo
y bajo la protección de patentes y, como consecuencia, son muy caras.
Ya que la mayor parte de las naciones en desarrollo todavía carecen
de infraestructura institucional y crédito con bajos intereses, elementos
necesarios para llevar estas semillas a los agricultores pobres,
la biotecnología sólo exacerbará la marginalización.
Los
agricultores pobres no tienen cabida en el nicho de mercado de
las compañías privadas, cuyo enfoque está dirigido a las innovaciones
biotecnológicas para los sectores agrícolas-comerciales de los países
industrializados y desarrollados, donde tales corporaciones pueden
esperar grandes retornos a su inversión en investigación. El sector
privado a menudo ignora cultivos importantes como la yuca, que es
un alimento fundamental para 500 millones de personas en el mundo.
Los pocos agricultores empobrecidos que tendrán acceso a la biotecnología
se volverán peligrosamente dependientes de las compras anuales de
semillas genéticamente modificadas. Estos agricultores tendrán que
atenerse a los onerosos acuerdos de propiedad intelectual y no sembrar
las semillas obtenidas de una cosecha de las plantas producto de
la bioingeniería. Tales condiciones constituyen una afrenta para
los agricultores tradicionales, quienes por siglos han guardado
y compartido semillas como parte de su legado cultural (Kloppenburg 1998). Algunos científicos y formuladores de políticas sugieren que las grandes
inversiones a través de asociaciones públicas-privadas pueden ayudar
a los países en desarrollo a adquirir la capacidad científica e institucional
para delinear la biotecnología de manera que se adapte a las necesidades
y circunstancias de los pequeños agricultores. Pero, una vez más,
los derechos corporativos de propiedad intelectual sobre los genes
y la tecnología de clonación de genes arruinarían tales planes. Por
ejemplo, EMBRAPA (el Instituto Nacional de Investigación Agrícola
de Brasil) debe negociar licencias con nueve diferentes compañías
antes de poder lanzar una papaya resistente a virus, desarrollada
con investigadores de la Universidad de Cornell (Persley y Lantin
2000).
Los organismos genéticamente modificados y la salud
humana
¿Son los cultivos transgénicos similares a los convencionales?
Las
agencias gubernamentales que regulan los cultivos obtenidos por
la biotecnología consideran a estos "sustancialmente equivalentes" a
los cultivos convencionales. Esta conjetura es inexacta y carece
de base científica. La evidencia demuestra que la transferencia genética
usando técnicas del ADNr es sustancialmente diferente de los procesos
que gobiernan la transferencia de genes en el mejoramiento tradicional.
En este esfuerzo, los mejoradores de plantas desarrollan nuevas variedades
a través del proceso de selección y buscan la expresión de material
genético que ya está presente dentro de una especie. El cruzamiento
convencional involucra el movimiento de grupos de genes ligados funcionalmente,
principalmente entre cromosomas similares, e incluye a los promotores
relevantes, secuencias reguladoras y genes asociados involucrados
en la expresión coordinada de la característica de interés en
la planta.
La
ingeniería genética trabaja principalmente por medio de la inserción
de material genético, generalmente de fuentes sin precedentes, es
decir, material genético que proviene de especies, familias e incluso
reinos que anteriormente no podían ser fuentes de material genético
para una especie en particular. El proceso involucra el uso de una “pistola
inserta genes” (gene gun) y un "gen promotor" de un virus
y un marcador como parte del paquete o construcción que se inserta
en la célula de la planta hospedera. Las actuales tecnologías del ADNr consisten
en la inserción al azar de genes en ausencia de secuencias normales
del promotor y los genes reguladores asociados. Como hay pocos ejemplos
de caracteres de plantas en las cuales se han identificado los genes
reguladores asociados, actualmente no es posible introducir un gen
totalmente "funcional" usando las técnicas de ADNr. Estas
técnicas también involucran la inserción simultánea de promotores
virales y marcadores selectivos que facilitan la introducción de
genes de especies no compatibles. Estas transformaciones genéticas
no pueden suceder cuando se usan los métodos tradicionales, lo
cual explica ampliamente la forma tan abismal en que estos dos
procesos
difieren (Hansen 1999).
En
resumen, el proceso de ingeniería genética difiere claramente del
mejoramiento convencional ya que éste se basa sobre todo en la selección
a través de procesos naturales de reproducción sexual o asexual entre
una especie o dentro de géneros estrechamente relacionados. La ingeniería
genética usa un proceso de inserción de material genético, vía un "gene
gun" o un transportador bacteriano especial, cosa que no ocurre
en la naturaleza. Los biotecnólogos pueden insertar material genético
en una especie a partir de cualquier forma viviente, creando así organismos
nuevos con los cuales no se tiene experiencia evolutiva.
¿Se
pueden ingerir los cultivos transgénicos sin peligro?
El
prematuro lanzamiento comercial de los cultivos transgénicos, debido
a la presión comercial y a las políticas de la FDA y la EPA que consideran
a los cultivos genéticamente modificados "sustancialmente equivalentes" a
los cultivos convencionales, ha tenido lugar en el contexto de un
marco regulador aparentemente inadecuado, no transparente y, en algunos
casos, inexistente. De hecho, la aprobación del lanzamiento comercial
de los cultivos transgénicos se basa en la información científica
proporcionada voluntariamente por las compañías que los producen.
Se
estima que cerca del 50 por ciento de los alimentos preparados
a base de maíz y soya en Estados Unidos provienen de maíz y frijol
soya genéticamente modificados. La mayor parte de los consumidores
desconocen esto y no tienen posibilidad de determinar si un alimento
es transgénico, ya que estos no llevan una etiqueta que lo diga.
Dado que ningún científico puede aseverar que tales alimentos están
completamente libres de riesgos, se puede considerar que la mayoría
de la población de los Estados Unidos está siendo sujeta a un experimento
de alimentación en gran escala. Los consumidores de la Unión Europea
(UE) han rechazado los alimentos genéticamente modificados (Lappe
y Bailey 1998).
Debido
a los métodos no usuales utilizados para producir cultivos GM, algunos
temen que las variantes genéticas producidas puedan introducir sustancias
extrañas en la provisión de alimentos con efectos negativos inesperados
sobre la salud humana. Una preocupación importante es que alguna
proteína codificada por un gen introducido pueda ser un alergeno
y causar reacciones alérgicas en las poblaciones expuestas (Burks
y Fuchs 1995).
La
biotecnología se emplea para introducir genes en diversas plantas
que son fuentes de alimentos o componentes de varios alimentos. Los
caracteres que se introducen incluyen resistencia a virus e insectos,
tolerancia a los herbicidas y cambios en la composición o el contenido
nutricional. Dada la diversidad de caracteres, es fácil predecir
el potencial alergénico de las proteínas introducidas en los alimentos
que provienen de fuentes sin registros de poseer alergenos o que
tienen secuencias de aminoácidos similares a las de alergenos
conocidos presentes
en proteinas de mani, almendras, leche, huevos, soya, mariscos, pescado
y trigo.
Hay una pequeña pero real posibilidad
de que la ingeniería genética pueda transferir proteínas nuevas y
no identificadas en los alimentos, provocando así reacciones alérgicas
en millones de consumidores sensibles a los alergenos, pero sin que
haya posibilidad de identificarlos o de autoprotegerse de tales alimentos
dañinos.
Otra
preocupación está asociada con el hecho de que casi en todos los
cultivos genéticamente modificados se incorporan genes de resistencia
a los antibióticos como marcadores, para indicar que una planta ha
sido modificada con éxito. Es de esperar que estos genes y sus productos
enzimáticos, que causan la inactivación de los antibióticos, estén
presentes en los alimentos modificados y sean incorporados por las bacterias presentes en el estomago
humano. Esto trae a colación importantes preguntas sobre
las consecuencias en la salud humana, particularmente si comprometen
la inmunidad (Ticciati y Ticciati 1998).
El
tratamiento con ingeniería genética puede eliminar o inactivar sustancias
nutritivas valiosas en los alimentos. Investigaciones recientes demuestran
que la soya modificada resistente a los herbicidas tiene menores
niveles de isoflavonas (12-14 por ciento), fito-estrógenos clave
(principalmente genistina) presentes en forma natural en la soya
y que constituyen un potencial protector contra algunas formas de
cáncer en la mujer (Lappe et al. 1998).
No
hay científico que pueda negar la posibilidad de que cambiando la
estructura genética fundamental de un alimento se puedan causar nuevas
enfermedades o problemas de salud. No hay estudios de largo plazo
que prueben la inocuidad de los cultivos genéticamente modificados.
Estos productos no han sido probados en forma exhaustiva antes de
llegar a los estantes de las tiendas. A pesar de esto, los cultivos
transgénicos están siendo probados en los consumidores.
Biotecnología, Agricultura y Medio Ambiente
La
biotecnología se está usando para reparar los problemas causados
por previas tecnologías agroquímicas (resistencia a los pesticidas,
polución, degradación del suelo, etc.) desarrolladas por las mismas
compañías que ahora lideran la biorevolución. Los cultivos transgénicos
creados para el control de plagas siguen de cerca los paradigmas
de usar un solo mecanismo de control (un pesticida) que ha demostrado
repetidas veces su fracaso frente a insectos, patógenos y plagas
(Consejo Nacional de Investigación 1996). El promocionado enfoque "un
gen - una plaga" será fácilmente superado por plagas que continuamente
se adaptan a nuevas situaciones y desarrollan mecanismos de detoxificación
(Robinson 1996).
La
agricultura desarrollada con cultivos transgénicos favorece los monocultivos
que se caracterizan por niveles peligrosamente altos de homogeneidad
genética, que a su vez conducen a una mayor vulnerabilidad de los
sistemas agrícolas ante situaciones de estrés biótico y abiótico
(Robinson 1996). Cuando se promueve el monocultivo también se inhiben
los métodos agrícolas ecológicos, como las rotaciones y los cultivos
múltiples, exacerbando así los problemas de la agricultura convencional
(Altieri 2000).
En
la medida en que las semillas obtenidas por ingeniería genética reemplacen
a las antiguas variedades tradicionales y sus parientes silvestres,
la erosión genética se acelerará en el Tercer Mundo (Fowler y Mooney
1990). La búsqueda de uniformidad no sólo destruirá la diversidad
de los recursos genéticos sino que alterará la complejidad biológica
en la cual se basa la sostenibilidad de los sistemas tradicionales
de cultivo (Altieri 1996).
Hay
muchas preguntas ecológicas sin respuesta sobre el impacto del lanzamiento
de plantas y microorganismos transgénicos en el medio ambiente y
la evidencia disponible apoya la posición de que el impacto puede
ser sustancial. Entre los principales riesgos ambientales asociados
con las plantas producidas por ingeniería genética están la transferencia
involuntaria de "transgenes" a las especies silvestres
relacionadas, con efectos ecológicos impredecibles.
El impacto
de los cultivos resistentes a herbicidas
Resistencia
a los herbicidas
Al
crear cultivos resistentes a sus herbicidas, las compañías biotecnológicas
pueden expandir mercados para sus productos químicos patentados.
(En 1997, 50 mil agricultores plantaron 3.6 millones de hectáreas
de soya resistente a los herbicidas, equivalente al 13 por ciento
de los 71 millones de acres de soya a nivel nacional en Estados Unidos,
Duke 1996). Los observadores dieron un valor de $75 millones a los
cultivos resistentes a los herbicidas en 1995, el primer año de comercialización,
lo que indica que para el año 2000 el mercado sería de unos 805 millones
de dólares, que representan un crecimiento del 61 por ciento
(Carpenter y Gianessi 1999).
El
uso continuo de herbicidas como bromoxynil y glifosato (también conocido
como Roundup de Monsanto), tolerados por cultivos resistentes a estos
herbicidas, puede acarrear problemas (Goldberg 1992). Se sabe muy
bien que cuando un solo herbicida se usa continuamente en un cultivo,
se incrementa enormemente el riesgo de desarrollo de resistencia
al herbicida en las poblaciones de malezas (Holt et al. 1993). Se
conocen unos 216 casos de resistencia a una o más familias de
herbicidas (Holt y Le Baron 1990). Los herbicidas del grupo Trizzinas
registran
la mayor cantidad de especies de malezas resistentes (alrededor
de 60).
Dada
la presión de la industria para incrementar las ventas de herbicidas,
el área tratada con herbicidas de amplio espectro se expandirá, intensificando
así el problema de la resistencia. Por ejemplo, se ha proyectado
que el área tratada con glifosato se incrementará en unos 150 millones
de acres. Aunque el glifosato se considera menos propicio para crear
resistencia en malezas, el aumento en el uso del herbicida dará como
resultado resistencia de las malezas, aun cuando sea más lenta.
Esto ya ha sido registrado en poblaciones australianas de pastos
como
ryegrass, quackgrass, Eleusine indica y Cirsium arvense (Gill
1995).
Los
herbicidas destruyen más que las malezas
Las
compañías biotecnológicas sostienen que el bromoxynil y el glifosato
se degradan rápidamente en el suelo cuando se aplican con propiedad,
no se acumulan en el agua subterránea, no tienen efectos sobre otros
organismos y no dejan residuos en los alimentos. Sin embargo, hay
evidencia de que el bromoxynil causa defectos congénitos en animales,
es tóxico para los peces y puede causar cáncer en los seres humanos
(Goldberg 1992). Debido a que el bromoxynil se absorbe a través de
la piel, y porque causa defectos congénitos en roedores, es probable
que sea peligrosos para los agricultores y trabajadores del campo.
Asimismo, se ha informado que el glifosato es tóxico para algunas
especies que habitan en el suelo, incluyendo predatores, como arañas,
escarabajos carábidos y coccinélidos, y para otros que se alimentan
de detritos como los gusanos de tierra, así como para organismos
acuáticos, incluyendo peces (Paoletti y Pimentel 1996). Se sabe que
este herbicida se acumula en frutas y tubérculos porque sufre relativamente
poca degradación metabólica en las plantas, por lo que surgen preguntas
sobre su inocuidad, especialmente ahora que se usan anualmente más
de 37 millones de libras de este herbicida sólo en Estados Unidos.
Más aún, las investigaciones demuestran que el glyphosate tiende
a actuar en una forma similar a la de los antibióticos, alterando
en una forma todavía desconocida la biología del suelo y causando
efectos tales como:
§
Reducir la habilidad de la soya y del trébol
para fijar nitrógeno
§
Hacer más vulnerables a las enfermedades a las
plantas de frijol
§
Reducir el crecimiento de las micorrizas que
moran en el suelo, hongos clave para ayudar a las plantas a extraer
el fósforo del suelo.
Creación
de "supermalezas"
Aunque
hay cierta preocupación porque los cultivos transgénicos por sí mismos
puedan convertirse en malezas, el principal riesgo ecológico es que
el lanzamiento en gran escala de los cultivos transgénicos promueva
la transferencia de transgenes de los cultivos a otras plantas, las
cuales podrían transformarse en malezas (Darmency 1994). Los transgenes
que confieren ventajas biológicas significativas pueden transformar
plantas silvestres en nuevas o peores malezas (Rissler y Mello 1996).
El proceso biológico que nos preocupa es la introgresión-hibridación
entre especies de plantas diferentes pero emparentadas. La evidencia
señala que tales intercambios genéticos ya se realizan entre
plantas silvestres, malezas y especies cultivadas. La incidencia
de Sorghum
bicolor, una maleza emparentada con el sorgo y el flujo genético
entre el maíz y el teosinte demuestran el potencial de que los parientes
de los cultivos puedan convertirse en malezas peligrosas. Esto es
preocupante dada la cantidad de cultivos que crecen en las proximidades
de sus parientes silvestres sexualmente compatibles en Estados Unidos
(Lutman 1999). Debe tenerse extremo cuidado en los sistemas agrícolas
que se caracterizan por polinización cruzada, como avena, cebada,
girasoles y sus parientes silvestres, y entre el raps y otras crucíferas
relacionadas (Snow y Moran 1997).
En
Europa hay una gran preocupación sobre la posible transferencia
de polen de genes tolerantes a los herbicidas de las semillas
oleosas de Brassica a las especies Brassica
nigra y Sinapsis arvensis (Casper y Landsmann
1992). Algunos cultivos crecen
cerca de plantas silvestres que no son sus parientes cercanos pero
que pueden tener cierto grado de compatibilidad cruzada como los
cruces de Raphanus raphanistrum x R.
sativus (rábanos) y el sorgo alepo x maíz-sorgo (Radosevich et
al. 1996). Repercusiones en cascada de estas transferencias pueden
en última instancia significar cambios en la estructura de las comunidades
vegetales. Los intercambios genéticos constituyen una amenaza grande
en los centros de diversidad, porque en los sistemas agrícolas biodiversos
la probabilidad que los cultivos transgénicos encuentren parientes
silvestres sexualmente compatibles es muy alta.
La
transferencia de genes de los cultivos transgénicos a cultivos orgánicos
representa un problema específico para los agricultores orgánicos;
la certificación orgánica se basa en que los productores puedan garantizar
que sus cultivos no tengan transgenes insertados. Algunos cultivos
que pueden cruzarse con otras especies, como el maíz o el raps se
verán afectados en mayor grado, pero todos los que desarrollan agricultura
orgánica corren el riesgo de contaminación genética. No hay reglamentos
que obliguen a un mínimo de separación entre los campos transgénicos
y orgánicos (Royal Society 1998).
En
conclusión, el hecho de que la hibridación y la introgresión interespecíficas
sea algo común en especies como girasol, maíz, sorgo, raps, arroz,
trigo y papa, provee una base para anticipar flujos genéticos entre
los cultivos transgénicos y sus parientes silvestres, que pueden
dar lugar a nuevas malezas resistentes a los herbicidas (Lutman 1999).
Hay consenso entre los científicos de que los cultivos transgénicos
en algún momento permitirán el escape de los transgenes hacia las
poblaciones de sus parientes silvestres. El desacuerdo está en cuán
serio será el impacto de tales transferencias (Snow y Moran 1997).
Riesgos ambientales de los cultivos resistentes a
insectos (Cultivos Bt)
Resistencia
Según
la industria biotecnológica, la promesa de los cultivos transgénicos
insertados con genes Bt son el reemplazo de los insecticidas sintéticos
que ahora se usan para controlar insectos plaga. Pero esto no es
muy claro ya que la mayor parte de los cultivos son atacados por
diversas plagas y las plagas que no pertenecen al orden Lepidoptera
de todos modos tendrán que ser combatidas con insecticidas porque
no son susceptibles a la toxina Bt expresada en el cultivo (Gould
1994). En un reciente informe (USDA 1999) que analiza el uso de pesticidas
en la temporada agrícola 1997 en Estados Unidos en 12 combinaciones
de regiones y cultivos, se demostró que en siete localidades no hubo
diferencia estadística en el uso de pesticidas entre cultivos con
Bt y cultivos convencionales sin Bt. En el Delta del Mississippi
se usó una cantidad significativamente mayor de pesticidas en algodón
Bt versus algodón sin Bt.
Por
otro lado, se sabe que varias especies de lepidópteros han desarrollado
resistencia a la toxina BT tanto en pruebas de campo como en laboratorio,
lo que sugiere la posibilidad de aparición de importantes problemas
de resistencia en los cultivos Bt a través de los cuales la continua
expresión de la toxina crea una fuerte presión de selección (Tabashnik
1994). Ningún entomólogo serio puede cuestionar si la resistencia
se desarrollará o no. La pregunta es ¿qué tan rápido sucederá?. Los
científicos ya han detectado el desarrollo de "resistencia de
comportamiento" en algunos insectos que aprovechan la expresión
irregular de la potencia de la toxina en el follaje del cultivo,
atacando sólo las partes
con bajas concentraciones de toxina. Es más, ya que las toxinas insertadas
por medios genéticos con frecuencia disminuyen en los tejidos hojas
y tallo conforme el cultivo madura, la baja dosis sólo puede
matar o debilitar completamente las larvas susceptibles (homozigotes);
en consecuencia, puede presentarse una adaptación mucho más rápida a la toxina Bt
si la concentración permanece siempre alta. La observación de las
plantas de maíz transgénico a finales de octubre indicaron que la
mayoría de los barrenadores europeos del maíz que sobrevivieron,
habían entrado en dormancia preparándose para emerger como adultos
en la siguiente primavera (Onstad y Gould 1998).
Para
retrasar el inevitable desarrollo de resistencia de los insectos
a los cultivos Bt, los bioingenieros están preparando planes de manejo
de resistencia que consisten en mosaicos de parcelas transgénicas
y no transgénicas (llamadas refugios) para demorar la evolución de
la resistencia proporcionando poblaciones de insectos susceptibles
que puedan cruzarse con los insectos resistentes. Aunque estos refugios
deben tener un tamaño de por lo menos 30% del área cultivada, el
nuevo plan de Monsanto recomienda refugios de sólo 20% incluso cuando
se usen insecticidas. Adicionalmente, el plan no ofrece detalles
en cuanto a si los refugios se plantarán junto con los cultivos transgénicos,
o a cierta distancia, donde según los estudios son menos efectivos
(Mallet y Porter 1992). Además, debido a que los refugios requieren
el difícil objetivo de la coordinación regional con los agricultores,
no es realista esperar que los agricultores medianos y pequeños dediquen
30-40 por ciento de su área de cultivo a refugios, especialmente
si los cultivos en estas áreas van a soportar fuertes daños por
plagas.
Los
agricultores que enfrentan los mayores riesgos del desarrollo
de resistencia de los insectos al Bt son los agricultores orgánicos
de los alrededores, quienes siembran maíz y soya sin agroquímicos.
Una vez que la resistencia aparece en una población de insectos,
los agricultores orgánicos no podrán usar Bacillus
thuringiensis en la forma de insecticida microbiano para
el control de plagas de lepidópteros que se trasladen de los campos transgénicos
vecinos. Además, la contaminación genética de los cultivos orgánicos,
resultado del flujo de genes (polen) de los cultivos transgénicos
puede comprometer la certificación de los cultivos orgánicos y los
agricultores pueden perder sus mercados. ¿Quién compensará a los
agricultores orgánicos por tales pérdidas?
Sabemos
por la historia de la agricultura, que las enfermedades de las
plantas, las plagas de insectos y las malezas se vuelven más severas con el
desarrollo de monocultivos, y que los cultivos genéticamente manipulados
de manejo intensivo pronto pierden diversidad genética (Altieri 1994;
Robinson 1996). Basados en estos hechos, no hay razón para creer
que la resistencia a los cultivos transgénicos no evolucionará entre
los insectos, plagas y patógenos como ha sucedido con los pesticidas.
No importa qué estrategia de manejo de la resistencia se use, las
plagas se adaptarán y superarán las limitaciones agronómicas (Green
1990). Los estudios de resistencia a los pesticidas demuestran que
puede aparecer una selección no intencional y resultar en problemas
de plagas mayores que los que existían antes del desarrollo de nuevos
insecticidas. Las enfermedades y plagas siempre han sido amplificadas
por los cambios hacia una agricultura genéticamente homogénea, precisamente
el tipo de sistema que la biotecnología promueve (Robinson 1996).
Efectos
sobre especies benéficas
Manteniendo
las poblaciones de plagas a niveles muy bajos, los cultivos Bt
podrían
potencialmente dejar morir de hambre a los enemigos naturales, porque
los predadores y avispas parásitas que se alimentan de las plagas
necesitan una pequeña cantidad de presas para sobrevivir en el
agroecosistema. Entre los enemigos naturales que viven exclusivamente
de los insectos a los cuales los cultivos transgénicos están diseñados
para destruir (lepidoptera), parasitoides de huevos y de larvas serían
los más afectados porque son totalmente dependientes de hospederos
vivos para su desarrollo y supervivencia. Algunos predadores podrían
teóricamente prosperar en organismos muertos (Schuler et al.
1999).
Los
enemigos naturales podrían verse afectados directamente por efecto
de los niveles intertróficos de la toxina. La posibilidad de que
las toxinas Bt se muevan a través de la cadena alimentaria de los
insectos presenta serias implicaciones para el biocontrol natural
en campos de agricultores. Evidencias recientes muestran que la toxina
Bt puede afectar a insectos benéficos predadores que se alimentan
de las plagas de insectos presentes en los cultivos Bt (Hilbeck 1998).
Estudios en Suiza muestran que la media de la mortalidad total de
las larvas del Crisopas predadoras (Chrysopidae) criado en presas
alimentadas con Bt fue de 62 por ciento, comparada con 37 por ciento
cuando se alimentaron con presas libres de Bt. Estas especies de
Chrysopidae alimentadas con Bt también mostraron un tiempo más
prolongado de desarrollo a lo largo de su estado de vida inmadura
(Hilbeck 1998).
Estos
hallazgos son preocupantes, especialmente para los pequeños agricultores
que confían en el rico complejo de predadores y parásitos, asociados
con sus sistemas de cultivo mixto, para el control de las plagas
de insectos (Altieri 1994). Los efectos a nivel intertrófico de la
toxina Bt traen a colación serias posibilidades de causar rupturas
del control natural de plagas. Los predadores polífagos que se mueven
dentro y entre cultivares mixtos encontrarán presas que contienen
Bt, durante toda la temporada (Hilbeck 1999). La ruptura de los mecanismos
de biocontrol puede dar como resultado un incremento de las pérdidas
del cultivo debido a plagas o conllevar a un uso más intensivo
de pesticidas, con consecuencias para la salud y riesgos para
el medio
ambiente.
También
se sabe que el polen transportado por el viento desde los cultivos
Bt que se deposita en la vegetación natural que rodea los campos
transgénicos puede matar otras especies de insectos. Un estudio de
la Universidad de Cornell (Losey et al. 1999) demostró que el polen
de maíz que contiene toxina Bt puede ser transportado varios
metros por el viento y depositarse en el follaje de la planta Asclepias con
efectos potencialmente dañinos sobre las poblaciones de la mariposas
monarca. Estos hallazgos abren toda una nueva dimensión de los impactos
inesperados de los cultivos transgénicos sobre otros organismos
que juegan papeles clave pero muchas veces desconocidos en el
ecosistema.
Pero
los efectos ambientales no se limitan a cultivos e insectos.
Las toxinas Bt pueden ser incorporadas en el suelo junto con los
residuos
de hojas cuando los agricultores aran la tierra con los restos
de los cultivos transgénicos luego de la cosecha. Las toxinas pueden
persistir por dos o tres meses, porque resisten la degradación cuando
se unen a la arcilla y a los ácidos húmicos en el suelo en tanto
que mantienen su actividad tóxica (Palm et al. 1996). Tales toxinas
Bt activas que se acumulan en el suelo y el agua, junto con los residuos
de hojas transgénicas, pueden tener impactos negativos sobre el suelo
y los invertebrados acuáticos, así como sobre el reciclaje de
nutrientes (Donnegan y Seidler 1999).
El
hecho que el Bt retenga sus propiedades insecticidas y que se
vea protegido de la degradación microbiana al unirse a las partículas
del suelo, persistiendo en varios suelos por lo menos 234 días, es
una seria preocupación para los agricultores pobres quienes no pueden
comprar los costosos fertilizantes químicos. Por el contrario, estos
agricultores usan los residuos locales, materia orgánica y microorganismos
del suelo para mejorar la fertilidad (especies clave, invertebrados,
hongos o bacterias) que pueden verse afectados negativamente
por la toxina ligada al suelo (Saxena et al. 1999).
Hacia la adopción del principio de la precaución
Los
efectos ecológicos de los cultivos obtenidos vía ingeniería genética
no se limitan a la resistencia de plagas o a la creación de nuevas
malezas o razas de virus. Como discutimos aquí, los cultivos transgénicos
pueden producir toxinas ambientales que se movilizan a través de
la cadena alimentaria y que pueden llegar hasta el suelo y el agua
afectando así a los invertebrados y probablemente alteren los procesos
ecológicos como el ciclo de los nutrientes. Aún más, la homogeneización
en gran escala de los terrenos con cultivos transgénicos exacerbará la
vulnerabilidad ecológica asociada con la agricultura en base a monocultivos
(Altieri 2000). No es aconsejable la expansión de esta tecnología
a los países en desarrollo. Hay fortaleza en la diversidad agrícola
de muchos de estos países que no debiera ser inhibida o reducida
por el monocultivo extensivo, especialmente si el hacerlo ocasiona
serios problemas sociales y ambientales (Thrupp 1998).
A
pesar de estas consideraciones, los cultivos transgénicos han ingresado
rápidamente en los mercados internacionales y se han ubicado en forma
masiva en los terrenos agrícolas de Estados Unidos, Canadá, Argentina,
China y otros países alcanzando más de 40 millones de hectáreas.
Es una pena que recién hoy, después de 4 años de comercialización
masiva de los cultivos transgénicos, el ex Secretario de Agricultura
de Estados Unidos, Dan Glickman, haya solicitado estudios para evaluar
los efectos de largo plazo de estos cultivos, tanto ecológicos
como sobre
la salud. Esta iniciativa es tardía, ya que la liberación ecológica
de genes no es recuperable y sus efectos son irreversibles.
El
rápido lanzamiento de los cultivos transgénicos y el consecuente
desarreglo financiero (los precios de las acciones de las compañías
de biotecnología están declinando) es una reminiscencia perturbadora
de los previos incidentes con la energía nuclear y los pesticidas
clorados como el DDT. Una combinación de oposición pública y obligaciones
financieras forzó la paralización de estas tecnologías luego que
sus efectos sobre el medio ambiente y la salud humana demostraron
que eran mucho más complejos, difusos y persistentes que las promesas
que acompañaron su rápida comercialización.
En
el contexto de las negociaciones al interior de la Convención de
Diversidad Biológica (CBD, en inglés) el año pasado, 130 países han
demostrado sabiduría al adoptar el "principio de precaución" firmando
un acuerdo global que controla el comercio de los organismos genéticamente
modificados (OGM). Este principio que
es la base para un acuerdo internacional sobre bioseguridad ( International Biosafety Protocol) sostiene
que cuando se sospecha que una tecnología nueva puede causar daño,
la incertidumbre científica sobre el alcance y la severidad de la
tecnología no debe obstaculizar la toma de precauciones. Esto da el derecho a paises a oponerse a la
importación de productos transgenicos sobre los cuales hay sospechas
minimas de que representan un peligro para la salud o el medio ambiente.
Desgraciadamente un bloque de paises exportadores de granos encabezado
por EUA se opone a este acuerdo internacional argumentando que los
productos agrícolas deben eximirse de tales regulaciones por
atentar contra el mercado libre. El principio de la precaucion
establece que
en lugar de que los críticos sean los que prueben los daños potenciales
de la tecnología, los productores de dicha tecnología deberán presentar
evidencia de que ésta es inocua. Hay una clara necesidad de pruebas
independientes y monitoreo para asegurar que los datos autogenerados
presentados a las agencias reguladoras gubernamentales no están parcializados
o inclinados hacia los intereses de la industria. Además, se debiera
propiciar una moratoria mundial en contra de los OGM hasta que las
interrogantes lanzadas tanto por científicos de renombre -quienes
están haciendo investigaciones serias sobre el impacto ecológico
y en la salud de los cultivos transgénicos- como por el público en
general sean aclaradas por grupos de científicos independientes.
Muchos
grupos ambientalistas y de consumidores que abogan por una agricultura
más sostenible demandan el apoyo continuo a la investigación agrícola
con base ecológica ya que existen soluciones agroecológicas a todos
los problemas biológicos que la biotecnología quiere resolver. El
problema es que la investigación en las instituciones públicas refleja
cada vez más los intereses de grupos privados dejando de lado los
bienes de investigación pública como el control biológico, los sistemas
orgánicos y las técnicas agroecológicas en general (Busch 1990).
La sociedad civil debe exigir más investigación sobre alternativas
a la biotecnología, desarrollada por universidades y otras organizaciones
públicas. Hay también una
urgente necesidad de rechazar el sistema de patentes y los derechos
de propiedad intelectual intrínsecos de la Organización Mundial de
Comercio (OMC) que no sólo provee a las corporaciones multinacionales
el derecho de apropiarse y patentar recursos genéticos, sino que
también acentúa la velocidad a la cual las fuerzas del mercado estimulan
el monocultivo con variedades transgénicas genéticamente uniformes.
Alternativas más sostenibles que la Biotecnología
¿Qué es
agroecología?
Los
defensores de la Revolución Verde sostienen que los países en desarrollo
deberían optar por un modelo industrial basado en variedades mejoradas
y en el creciente uso de fertilizantes y pesticidas a fin de proporcionar
una provisión adicional de alimentos a sus crecientes poblaciones
y economías. Pero como hemos analizado anteriormente la información disponoible
demuestra que la biotecnología no reduce el uso de agroquímicos
ni aumenta los rendimientos. Tampoco beneficia a los consumidores
ni
a los agricultores pobres. Dado este
escenario, un creciente número de agricultores, ONGs y defensores
de la agricultura sostenible propone que en lugar de este enfoque
intensivo en capital e insumos, los países en desarrollo deberían
propiciar un modelo agroecológico que da énfasis a la biodiversidad,
el reciclaje de los nutrientes, la sinergia entre cultivos, animales,
suelos y otros componentes biológicos, así como a la regeneración
y conservación de los recursos (Altieri 1996).
Una
estrategia de desarrollo agrícola sostenible que mejora el medio
ambiente debe estar basada en principios agroecológicos y en un método
de mayor participación para el desarrollo y difusión de tecnología.
La agroecología es la ciencia que se basa en los principios ecológicos
para el diseño y manejo de sistemas agrícolas sostenibles y de conservación
de recursos, y que ofrece muchas ventajas para el desarrollo de tecnologías
más favorables para el agricultor. La
agroecología se erige sobre el conocimiento indígena y tecnologías
modernas selectas de bajos insumos para diversificar la producción.
El sistema incorpora principios biológicos y los recursos locales
para el manejo de los sistemas agrícolas, proporcionando a los pequeños
agricultores una forma ambientalmente sólida y rentable de intensificar
la producción en áreas marginales (Altieri et al. 1998).
Se
estima que aproximadamente 1.9 a 2.2 mil millones de personas
aún
no han sido tocadas directa o indirectamente por la tecnología agrícola
moderna. En América Latina la proyección es que la población rural
permanecería estable en 125 millones hasta el año 2000, pero 61 por
ciento de esta población es pobre y la expectativa es que aumente.
Las proyecciones para Africa son aún más dramáticas. La mayor parte
de la pobreza rural (cerca de 370 millones) se centra en áreas de
escasos recursos, muy heterogéneas y predispuestas a riesgos. Sus
sistemas agrícolas son de pequeña escala, complejos y diversos. La
mayor pobreza se encuentra con más frecuencia en las zonas áridas
o semiáridas, y en las montañas y laderas que son vulnerables desde
el punto de vista ecológico. Tales fincas y sus complejos sistemas
agrícolas constituyen grandes retos para los investigadores.
Para
que beneficie a los campesinos pobres, la investigación y el desarrollo
agrícolas deberían operar sobre la base de un enfoque "de abajo
hacia arriba", usando y construyendo sobre los recursos disponibles
-la población local, sus conocimientos y sus recursos naturales nativos-.
Debe tomarse muy en serio las necesidades, aspiraciones y circunstancias
particulares de los pequeños agricultores, por medio de métodos
participativos. Esto significa que desde la perspectiva de
los agricultores pobres, las innovaciones tecnológicas deben:
§
Ahorrar insumos y reducir costos
§
Reducir riesgos
§
Expandirse hacia las tierras marginales frágiles
§
Ser congruentes con los sistemas agrícolas campesinos
§
Mejorar la nutrición, la salud y el medio ambiente
Precisamente
es debido a estos requerimientos que la agroecología ofrece más ventajas
que la Revolución Verde y los métodos biotecnológicos. Las características
de las técnicas agroecológicas:
§
Se basan en el conocimiento indígena y la racionalidad
campesina
§
Son económicamente viables, accesibles y basadas
en los recursos locales
§
Son sanas para el medio ambiente, sensibles desde
el punto de vista social y cultural
§
Evitan el riesgo y se adaptan a las condiciones
del agricultor
§
Mejoran la estabilidad y la productividad total
de la finca y no sólo de cultivos particulares.
Hay
miles de casos de productores rurales que, en asociación con ONGs
y otras organizaciones, promueven sistemas agrícolas y conservan
los recursos, manteniendo altos rendimientos, y que cumplen con los
criterios antes mencionados. Aumentos de 50 a 100 por ciento en la
producción son bastante comunes con la mayoría de métodos de producción.
En ocasiones, los rendimientos de los cultivos que constituyen el
sustento de los pobres- arroz, frijoles, maíz, yuca, papa, cebada-
se han multiplicado gracias al trabajo y al conocimiento local más
que a la compra de insumos costosos, y capitalizando sobre los procesos
de intensificación y sinergia. Más importante tal vez que sólo los
rendimientos, es posible aumentar la producción total en forma significativa
diversificando los sistemas agrícolas, usando al máximo los recursos
disponibles (Uphoff y Altieri 1999).
Muchos
ejemplos sustentan efectividad de la aplicación de la agroecología
en el mundo en desarrollo. Se estima que alrededor de 1.45 millones
de familias rurales pobres que viven en 3.25 millones de hectáreas
han adoptado tecnologías regeneradoras de los recursos. Citamos
algunos ejemplos (Pretty 1995):
§
Brasil: 200,000 agricultores que usan abonos
verdes y cultivos de cobertura duplicaron el rendimiento del maíz
y el trigo.
§
Guatemala-Honduras: 45,000 agricultores usaron
la leguminosa Mucuna como
cobertura para conservación del suelo triplicando los rendimientos
del maíz en las laderas.
§
México: 100,000 pequeños productores de café orgánico
aumentaron su producción en 50 por ciento.
§
Sureste de Asia: 100,000 pequeños productores
de arroz que participaron en las escuelas para agricultores de
MIP aumentaron sustancialmente sus rendimientos sin usar pesticidas.
§
Kenia: 200,000 agricultores duplicaron sus rendimientos
de maíz usando agroforestería basada en leguminosas e insumos orgánicos.
Historias exitosas en América Latina
Estabilización de las laderas en América Central: Quizás el principal reto de la agricultura en América Latina ha sido
diseñar sistemas de cultivo para las áreas de laderas, que sean productivos
y reduzcan la erosión. Vecinos Mundiales asumió este reto en Honduras
a mediados de la década de los 80. El
programa introdujo prácticas de conservación del suelo como el drenaje
y el diseño de canales, barreras vegetales y paredes de roca, así como
métodos de fertilización como el uso de abono de excremento de pollos
y cultivos intercalados con leguminosas. Los rendimientos de granos
se triplicaron y en algunos casos se cuadruplicaron, de 400 kg por
hectárea a 1200-1600 kg. El aumento del rendimiento aseguró una amplia
provisión de granos a las 1200 familias participantes en el programa.
Varias
ONGs de América Central han promovido el uso de leguminosas como
abono verde, una fuente gratuita de fertilizante orgánico. Los agricultores
del norte de Honduras están usando el frijol velloso con excelentes
resultados. Los rendimientos de maíz son ahora más del doble del
promedio nacional, la erosión y las malezas están controladas y los
costos de preparación del terreno son menores. Aprovechando la bien
establecida red agricultor-a agricultor en Nicaragua, más de 1000
campesinos recuperaron tierras degradadas en la cuenca de San Juan
en sólo un año de aplicación de esta sencilla tecnología. Estos agricultores
han disminuido el uso de fertilizantes químicos de 1900 a 400 kg
por hectárea, y han incrementado los rendimientos de 700 a 2000 kg
por hectárea. Sus costos de producción son 22 por ciento menores
que los de agricultores que usan fertilizantes químicos y monocultivo.
Re-creando la Agricultura Inca: En 1984 varias ONGs y agencias estatales ayudaron a los agricultores
locales en Puno-Perú, a reconstruir sus antiguos sistemas (waru-warus)
que consisten en campos elevados rodeados de canales llenos de agua.
Estos campos producen abundantes cultivos a pesar de las heladas
destructoras comunes a altitudes de 4000 metros. La combinación de
camas elevadas y canales modera la temperatura del suelo, alarga
la temporada de cultivo y conduce a una mayor productividad en los
waru-warus que en los suelos normales de las pampas con fertilización
química. En el distrito de Huatta, los waru-warus produjeron rendimientos
anuales de papa de 14 toneladas por hectárea, un contraste favorable
con el promedio regional de rendimiento de papa que es de 1-4 toneladas
por hectárea.
Varias
ONGs y agencias gubernamentales en el Valle del Colca al sur
del Perú han apoyado la reconstrucción de los andenes, ofreciendo a los
campesinos préstamos con bajos intereses o semillas y otros insumos
para restaurar los andenes abandonados. El primer año, los rendimientos
de papa, maíz y cebada mostraron 43-65 por ciento de incremento comparado
con los rendimientos de los campos en declive. Una leguminosa nativa
(tarwi) se usó en rotación o como cultivo asociado en los andenes,
para fijar el nitrógeno, minimizar la necesidad de fertilizantes
e incrementar la producción. Estudios en Bolivia, donde las leguminosas
nativas se han usado en rotación de cultivos, muestran que aunque
los rendimientos son mayores en campos de papas fertilizados químicamente
y operados con maquinarias, los costos de energía son mayores y los
beneficios económicos netos son menores que con el sistema agroecológico
que enfatiza el tarwi (Lupinus mutabilis).
Fincas integradas: Numerosas ONGs han promovido fincas diversificadas
en las cuales cada componente del sistema refuerza biológicamente
a los otros componentes -por ejemplo, los residuos de un componente
se convierten en insumos de otro-. Desde 1989 la ONG CET ha ayudado
a los campesinos del Sur-Centro de Chile a producir alimento autosuficiente
para todo el año reconstruyendo la capacidad productiva de la tierra.
Se establecieron sistemas de finca modelo pequeñas, que consisten
en policultivos y secuencias de rotación de forraje y cultivos alimenticios,
bosques y árboles frutales, y animales. Los componentes se escogen
de acuerdo a su contribución nutricional en subsiguientes rotaciones,
a su adaptabilidad a las condiciones agroclimáticas locales,
a los patrones de consumo de los campesinos locales y a las oportunidades
de mercado.
La
fertilidad del suelo de estas fincas ha mejorado y no han aparecido
problemas serios de plagas o enfermedades. Los árboles frutales
y los forrajes obtienen rendimientos mayores que el promedio, y
la producción de leche y huevos supera con creces a la de las fincas
convencionales de altos insumos. Un análisis nutricional del sistema
demuestra que una familia típica produce 250 por ciento de proteína
adicional, 80 y 550 por ciento de exceso de vitamina A y C, respectivamente,
y 330 por ciento de calcio adicional. Si todos los productos
de la finca se vendieran a precio de mayorista, la familia podría generar
un ingreso neto mensual 1.5 veces mayor que el salario mínimo legal
mensual en Chile, dedicando sólo unas pocas horas por semana
a la finca. El tiempo libre lo usan los agricultores para otras
actividades,
dentro y fuera de la finca, que le generan ingresos.
Hace
poco una ONG cubana ayudó a establecer numerosos sistemas agrícolas
integrados en cooperativas de la provincia de La Habana. Se probaron
diferentes policultivos en las cooperativas, como yuca-frijol-maíz,
tomato-yuca-maíz y camote-maíz. La productividad de estos policultivos
fue 1.45 a 2.82 veces más elevada que la productividad de los monocultivos.
El uso de abonos verdes aseguró una producción de zapallo equivalente
a la que se obtiene aplicando 175 kg de úrea por hectárea. Además,
las leguminosas mejoraron las características físicas y químicas
del suelo y rompieron eficazmente el ciclo de infestación de
insectos plaga claves.
Los
casos resumidos (ver Altieri 2000) son sólo un pequeño ejemplo de
las miles de experiencias exitosas de agricultura sostenible implementada
a nivel local. Los datos muestran que los sistemas agroecológicos,
a través del tiempo, exhiben niveles más estables de producción
total por unidad de área que los sistemas de altos insumos; producen tasas de retorno
económicamente favorables; proveen retornos a la mano de obra y otros
insumos suficientes para una vida aceptable para los pequeños agricultores
y sus familias; y aseguran la protección y conservación del suelo,
al tiempo que mejoran la biodiversidad. Lo que es más importante,
estas experiencias que ponen énfasis en la investigación agricultor-a
agricultor y adoptan métodos de extensión popular, representan incontables
demostraciones de talento, creatividad y capacidad científica en
las comunidades rurales. Ello demuestra el hecho de que el recurso
humano es la piedra angular de cualquier estrategia dirigida a incrementar
las opciones para la población rural y especialmente para los
agricultores de escasos recursos.
Sistemas Orgánicos
Los
enfoques agroecológicos también pueden beneficiar a los agricultores
medianos y grandes involucrados en la agricultura comercial, tanto
en el mundo en desarrollo como en Estados Unidos y Europa (Lampkin
1990). Gran parte del área manejada con agricultura orgánica se basa
en la agroecología y se ha extendido en el mundo hasta alcanzar unos
siete millones de hectáreas, de las cuales la mitad está en Europa
y cerca de 1.1 millones en Estados Unidos. Sólo en Alemania hay alrededor
de ocho mil fincas orgánicas que ocupan el 2 por ciento del total
del área cultivada. En Italia las fincas orgánicas llegan a 18,000
y en Austria unas 20,000 fincas orgánicas constituyen el 10 por ciento
del total de la producción agrícola.
En
1980 el Departamento de Agricultura de Estados Unidos estimó que
había por lo menos once mil fincas orgánicas en Estados Unidos y
por lo menos 24 mil que usaban alguna técnica orgánica. En California,
los alimentos orgánicos constituyen uno de los segmentos de mayor
crecimiento en la economía agrícola, con ventas al por menor creciendo
de 20 a 25 por ciento al año. Cuba es el único país que está llevando
a cabo una conversión masiva hacia los sistemas orgánicos, promovida
por la caída de las importaciones de fertilizantes, pesticidas y
petróleo luego del colapso de las relaciones con el bloque soviético
en 1990. Los niveles de productividad de la isla se han recuperado
gracias a la promoción masiva de las técnicas agroecológicas tanto
en áreas urbanas como rurales.
Las
investigaciones han demostrado que las fincas orgánicas pueden ser
tan productivas como las convencionales, pero sin usar agroquímicos,
consumiendo menos energía y conservando el suelo y el agua. En resumen,
hay fuerte evidencia de que los métodos orgánicos pueden producir
suficiente alimento para todos, y hacerlo de una generación a la
siguiente sin disminuir los recursos naturales ni dañar el medio
ambiente. En 1989 el Consejo Nacional de Investigación describió estudios
de caso de ocho fincas orgánicas abarcando un rango de fincas mixtas
de granos/ganado de 400 acres en Ohio; hasta una de 1400 acres de
uvas en California y Arizona. Los rendimientos en las fincas orgánicas
fueron iguales o mejores que los promedios de rendimiento de las
fincas convencionales intensivas de los alrededores. Una vez más
estas fincas pudieron sostener su producción año
tras año sin usar insumos sintéticos costosos (NRC 1984).
Estudios
de largo plazo han sido realizados por el Farming Systems Trial
(Experimentos de Sistemas Agrícolas) del Instituto Rodale, un centro de investigación
sin fines de lucro cerca de Kutztown, Pennsylvania. Se probaron tres
tipos de parcelas experimentales por casi dos décadas. Una sometida
a una alta intensidad de rotación estándar de maíz y frijol soya,
usando fertilizantes y pesticidas comerciales. Otra es un sistema
orgánico al cual se ha añadido una rotación de pasto/leguminosas
de forraje para alimentar al ganado vacuno, y cuyo estiércol se ha
devuelto al terreno. La tercera es una rotación orgánica donde se
ha mantenido la fertilidad del suelo únicamente con leguminosas como
cultivos de cobertura que se incorporan al suelo durante la labranza.
Los tres tipos de parcelas han dado ganancias iguales en términos
de mercado. El rendimiento del maíz mostró una diferencia de menos
del 1 por ciento. La rotación con estiércol ha sobrepasado a las
otras dos en la acumulación de materia orgánica del suelo y nitrógeno
y ha perdido pocos nutrientes que contaminan el agua del subsuelo.
Durante la sequía récord de 1999, las parcelas dependientes de químicos
rindieron sólo 16 bushels de frijol soya por acre; los campos orgánicos
con leguminosas produjeron 30 bushels por acre y los que aplicaron
estiércol obtuvieron 24.
En
lo que debe ser el experimento orgánico más extenso en el mundo -150
años- en la Estación Experimental de Rothamsted, Inglaterra, se reporta
que sus parcelas orgánicas con estiércol han logrado rendimientos
de trigo de 1.58 toneladas por acre, comparados con 1.55 toneladas
por acre en las parcelas con fertilización sintética. No parece haber
mucha diferencia, pero las parcelas con estiércol contienen seis
veces más materia orgánica que las parcelas tratadas con químicos.
La
evidencia demuestra en muchas formas que la agricultura orgánica
conserva los recursos naturales y protege el medio ambiente más
que los sistemas convencionales. La investigación
también muestra que las tasas de erosión del suelo son menores en
las fincas orgánicas y que los niveles de biodiversidad son mayores.
El razonamiento de ambos sistemas es totalmente diferente: los sistemas
orgánicos se basan en la suposición que en cualquier momento el área
se siembra con abono verde de leguminosas o cultivos de forraje que
servirá para alimentar a las vacas, cuyo estiércol a la vez se
incorporará al suelo. Las fincas químicas se basan en una suposición
totalmente diferente: que su supervivencia depende de una fábrica
de fertilizantes remota que a la vez está consumiendo vastas cantidades
de combustibles fósiles y emitiendo gases.
¿Qué se
necesita?
No
hay duda que los pequeños agricultores que viven en los ambientes
marginales en el mundo en desarrollo pueden producir mucho del alimento
que requieren. La evidencia es concluyente: nuevos enfoques y tecnologías
lideradas por agricultores, gobiernos locales y ONGs en todo el mundo
ya están haciendo suficientes contribuciones a la seguridad alimentaria
a nivel familiar, nacional y regional. Una gran variedad de métodos
agroecológicos y participativos en muchos países muestran resultados
incluso ante condiciones adversas. El potencial incluye: aumento
de los rendimientos de los cereales de 50 a 200 por ciento, aumento
de la estabilidad de la producción por medio de la diversificación
y la conservación del agua y del suelo, mejora de las dietas y los
ingresos con apoyo apropiado y difusión de estos métodos, y contribución
a la seguridad alimentaria nacional y a las exportaciones (Uphoff
y Altieri 1999).
La
difusión de estas miles de innovaciones ecológicas dependerá de las
inversiones, políticas y cambios de actitud de parte de investigadores
y quienes toman decisiones. Los mayores cambios deben darse en políticas
e instituciones de investigación y desarrollo para asegurar la difusión
y adopción de las alternativas agroecológicas de manera equitativa,
cosa que éstas sean multiplicadas y escalonadas a fin de que su beneficio
total para la seguridad alimentaria sostenible pueda hacerse realidad.
Deben desaparecer los subsidios y las políticas de incentivos que
promueven los métodos químicos convencionales. Debe objetarse el
control corporativo sobre el sistema alimentario. Los gobiernos y
organizaciones públicas internacionales deben alentar y apoyar las
asociaciones positivas entre las ONG, universidades locales y organizaciones
campesinas para ayudar a los agricultores lograr la seguridad alimentaria,
la generación de ingresos y la conservación de los recursos naturales.
Se
deben desarrollar oportunidades de mercado equitativas con énfasis
en el comercio justo y otros mecanismos que enlacen más directamente
a agricultores y consumidores. El reto final es incrementar la inversión
y la investigación en agroecología y poner en práctica proyectos
que hayan probado tener éxito para miles de agricultores. Esto generará un
impacto significativo en el ingreso, la seguridad alimentaria y bienestar
medioambiental de la población mundial, especialmente de los millones
de agricultores pobres a quienes todavía no ha llegado la tecnología
agrícola moderna, y a los cuales la biotecnología no tiene nada
que ofrecerles.
GLOSARIO
A
Acido
desoxirribonucleico (ver ADN): la base molecular de la herencia.
Adaptación:
proceso por el cual un organismo sufre modificaciones de modo que
sus funciones se tornan más apropiadas a los cambios del medio
ambiente.
ADN:
material genético celular compuesto por bases púricas y pirimídicas
en arreglos ascendentes y descendentes de doble hélice.
Agrobacterium tumefaciens:
bacteria que causa tumores en una serie de plantas dicotiledóneas,
especialmente en miembros costeros del género Pinus. La bacteria penetra en células vegetales muertas o dañadas
de un organismo y les transfiere una porción de ADN, en forma de
plásmido, que induce la formación de tumores. El plásmido se integra
luego en el material genético de la planta, lo que constituye una
forma natural de ingeniería genética. Las cepas de A.
tumefaciens pueden ser sometidas a ingeniería genética artificial
para introducir genes seleccionados en células vegetales. Se pueden
regenerar plantas completas a partir de células infectadas desarrolladas
en cultivo de tejidos, cada una de las cuales porta el gen foráneo.
Alelo
dominante: un alelo que sólo se expresa en condición heterozigota.
Alelo:
de alelomorfo, uno de una posible serie de formas alternativas
de un gen determinado que difiere en la secuencia de ADN, pero
que da
origen a un producto similar; por ejemplo un grupo sanguíneo o una
proteína vegetal.
Alergeno:
sustancia que causa una reacción de hipersensibilidad en el cuerpo
humano.
Aminoácido: ácido
orgánico que posee un grupo amino (-NH2). Existen 20 aminoácidos
diferentes que se acomodan en un orden definido para construir moléculas
lineales de proteínas, cada una de las cuales contiene cientos de
aminoácidos.
Aminoácidos
esenciales: uno de los ocho aminoácidos que no son sintetizados
en el cuerpo humano; fenilalanina, metionina, lisina, triptofano,
colina,
leucina, isoleucina y treonina.
Amplificación
genética: proceso por el cual los genes o secuencias de ADN del genoma
aumentan el número de copias.
Antibiótico:
sustancia que destruye o inhibe el crecimiento de un microorganismo
(bacteria u hongo).
Anticuerpo:
nombre común de una molécula de proteína o inmunoglobulina que reacciona
con un antígeno específico.
Antígeno:
sustancia foránea capaz de inducir una respuesta inmunológica, generalmente
de tipo humoral, en un vertebrado y que involucra la producción de
un anticuerpo específico para las propiedades estructurales del antígeno.
ARN
(ácido ribonucleico): semejante al ADN excepto por el azúcar del
nucleótido que es ribosa en vez de desoxirribosa, y la base que es
uracilo en vez de timina. El ARN es el material genético de los
virus ARN.
ARN
de transferencia: moléculas de ARN que transfieren aminoácidos específicos
al ARN mensajero para sintetizar los polipéptidos que codifica.
ARN
mensajero: el ARN intermediario en la síntesis proteica que contiene
una transcripción de la secuencia genética que especifica la secuencia
de aminoácidos del polipéptido que codifica.
ARN
ribosómico: moléculas de ARN que conforman el ribosoma.
B
Bacilo:
un género de bacteria de forma alargada. Bacillus
thuringiensis es un bacilo originario del suelo que forma
esporas, crece en los suelos de muchas regiones y es la fuente
del toxoide
usado en ingeniería genética (ver toxoide Bt).
Bacteria:
un microorganismo unicelular perteneciente al reino Procariota.
Baculovirus:
virus que afecta insectos.
Banco
de genes: en plantas, normalmente una construcción a temperatura
y humedad controladas que se usa para almacenar semillas (u otro
material de reproducción) para su futuro uso en programas de investigación
y mejoramiento. También son llamados bancos de semillas.
Banco
de semillas: una colección de semillas y germoplasma de una gran
sección de vegetales o cultivos alimenticios que se guardan en nitrógeno
líquido por períodos prolongados.
Bioingeniería:
construcción genéticamente controlada de plantas o animales que consiste
en la transferencia de genes para crear una nueva función o producto,
a partir de un organismo que de otra manera sería genéticamente
incompatible.
Biotecnología:
combinación de bioquímica, genética, microbiología e ingeniería
para desarrollar productos y organismos con valor comercial.
Brassica:
género de plantas entre las que se encuentra el brócoli y la
col.
Bromocynil:
herbicida que contiene bromina, producto de la compañía Rhone
Poulenc bajo el nombre de Buctril.
C
Carcinógeno:
agente generalmente químico que causa cáncer.
Célula:
la unidad más pequeña de todos los seres vivientes capaz de auto-replicarse.
Clon:
copia idéntica de un gen o un individuo, o el total de copias idénticas
de un gen o individuo. En genética, el clon es idéntico al original
en estructura genética.
Clonación
de genes: técnica para hacer muchas copias de un gen, aislarlo
e identificarlo.
Código
genético: código que establece la correspondencia entre la secuencia
de bases de los ácidos nucleicos (ADN y ARN complementario) y la
secuencia de aminoácidos y proteínas.
Cromosoma:
estructura entretejida de ADN y proteínas que porta información genética
en una secuencia lineal.
Cruzamiento:
acción de fertilizar una planta con el polen de otra. Esta polinización
puede ser llevada a cabo por los seres humanos, los insectos, el
viento y puede ser intencional o no. Sin embargo, cuando el cruzamiento
lo hacen los seres humanos, se supone que hay una cierta intención.
Cultivar:
una variedad de planta producida por mejoramiento selectivo y mantenida
en cultivo.
D
Diploide:
material genético con doble carga genética obtenido a partir
de dos gametos haploides.
Diversidad
genética: de un grupo -población o especie- es la posesión de
una amplia variedad de caracteres y alelos que con frecuencia
originan
diferentes expresiones en diferentes individuos.
Dominante:
forma de expresión de un gen en la cual el fenotipo de la forma
dominante se expresa por encima de la forma recesiva.
E
Ecosistema:
combinación de todos los organismos de un lugar determinado en interacción
con el medio ambiente.
Efecto
cuello de botella: fluctuaciones en las frecuencias genéticas que
surgen por la contracción abrupta de una población grande hacia otra
más pequeña que luego vuelve a expandirse con una carga genética
alterada.
Elemento
genético móvil: una secuencia de ADN que se puede transponer (mover)
de un lugar a otro en el genoma de una célula. Se llama también transposón.
Endogamia
o cruzamiento monohíbrido: cruzamiento de individuos estrechamente
relacionados.
Epigenético:
cualquier proceso que no involucre cambios en la secuencia de
bases del ADN en el genoma.
Epístasis:
interacción entre genes.
Especie:
un grupo de organismos de cruzamiento libre genéticamente aislado
de fuentes estrechamente relacionadas que de otra manera podrían
intercambiar genes; en taxonomía, individuos dentro de un orden que
se reproduce libremente entre sí.
Especie
biológica: grupo de individuos que comparten libremente una secuencia
común de genes y que se reproducen aisladamente pero que normalmente
no pueden cruzarse.
Estrogénico:
que tiene las propiedades del estrógeno para estimular el crecimiento
o la proliferación celular en tejidos sexuales específicos.
Eucariota:
el super-reino de organismos cuyas células contienen un núcleo
con membrana verdadera.
Evolución
Darwiniana: reproducción preferente de organismos genéticamente variados
con adaptaciones específicas que les permiten una supervivencia
diferencial.
Exogamia:
cruzamientos entre miembros lejanamente relacionados de la misma
especie.
Expresión
genética: en genética molecular significa la aparición eventual de
un polipéptido codificado por un gen.
F
Fenotipo:
característica expresada, o rasgo de un organismo que se expresa
según su genotipo.
Fijación
de nitrógeno: proceso por el cual el nitrógeno atómico se vuelve
accesible a las plantas cuando se metabolizan sustancias químicas
como el amoníaco.
Flavona:
molécula aromática (contiene un anillo bencénico como núcleo) significativa
en la comunicación de las leguminosas con Rhizobium y Bradyrhizobium.
Flavonoides:
moléculas de algunas plantas que pueden tener propiedades biológicas
impredecibles, generalmente antioxidantes u hormonales.
Frijol
soya: Glycine max (L)
Marr. Una leguminosa tropical de amplia aplicación en agronomía; produce
nódulos radiculares en simbiosis con Bradyrhizobium japonicum y Rhizobium fredii.
G
Gen:
unidad hereditaria conformada por una secuencia de bases del
ADN con información "inicio" y "final", a lo largo
de la secuencia de bases, para dar lugar a una proteína específica.
Gen
dominante: gen cuyos productos se expresan sólo cuando una forma
del gen está presente como un único alelo.
Genoma:
todos los genes que posee un organismo determinado.
Germoplasma:
el material de las células germinales supuestamente responsable del
mantenimiento de las características hereditarias que se trasmite a las siguientes generaciones.
Glifosato:
el ingrediente activo del herbicida Round-Up TM.
H
Haploide:
que contiene sólo la mitad del complemento normal de cromosomas;
el contenido genético de los gametos.
Herbicida:
un pesticida que sólo afecta plantas; producto químico con efecto
destructivo o inhibidor del crecimiento en las plantas.
Heterozigosis:
condición bajo la cual dos alelos diferentes están presentes
en un individuo.
Heterozigote:
individuo que tiene un gen con dos alelos diferentes.
Hibridación
por introgresión: incorporación de genes de una especie en la carga
genética de otra; con frecuencia da origen a una población de individuos
representativa de la línea progenitora pero que al mismo tiempo posee
algunas características del linaje del progenitor donante.
Híbrido:
organismo derivado de dos líneas diferentes de progenitores homozigotes.
Homogeneidad:
que tiene la misma forma o contenido.
Homólogo:
similar, derivado de un ancestro común.
Homozigosis:
que tiene los mismos alelos en ambos cromosomas paternos; el estado
de ser homozigote.
Homozigote:
un individuo que tiene genes con dos alelos idénticos.
Huellas
digitales genéticas (fingerprinting): un método iniciado probablemente
por Alec Jeffreys que posibilita el establecimiento de las interrelaciones
genéticas entre parientes cercanos por medio de la tecnología
del ADN.
I
Información
genética: los datos que contiene una secuencia de bases en la molécula
del ADN.
Ingeniería
genética: tecnologías experimentales o industriales usadas para alterar
el genoma de una célula viviente y producir diferentes moléculas
o más moléculas que las programadas; también, la manipulación de
genes para evadir la reproducción normal o asexual.
Inserción
de genes: creación de combinaciones genéticas por
introducción de una secuencia genética nueva en un genoma preexistente,
comúnmente en bacterias.
Introgresión:
introducción de genes de un miembro de una especie a otra en la cual
el donante es geográfica y morfológicamente distante del receptor.
Ver hibridación por introgresión.
Isoflavona:
sustancia aromática indicadora que participa en la formación de nódulos
en las leguminosas.
Isogénico:
que tiene la misma estructura genética.
L
Leguminosas:
familia de plantas que se caracteriza por una morfología floral similar
a la de la arveja. Muchas pero no todas las legumbres presentan nódulos
radiculares por la simbiosis con bacterias del suelo fijadoras de
nitrógeno como Rhizobium, Bradyrhizobium y Azorhizobium.
Lepidoptera:
género de insectos que agrupa a las polillas y mariposas; larva
de las mismas.
Linaje
de un cultivo: los descendientes de un progenitor único de un
cultivo alimenticio determinado.
Línea
endogámica: una línea producida por endogamia. En fitomejoramiento,
una línea casi homozigota originada por continua autofertilización
acompañada de selección. (Ver línea pura).
Línea
pura: una población genéticamente uniforme (homozigota).
Locus
de rasgo cualitativo (QTL); término dado a una región del genoma
que controla un fenotipo por interacción con otros genes (ejemplo,
el contenido de aceite del frijol soya).
M
Marcador
genético: cualquier segmento de ADN que puede ser identificado y
cuya ubicación cromosómica es conocida, de modo que pueda ser usado
como punto de referencia para elaborar mapas genéticos o localizar
otros genes; cualquier gen que tiene un fenotipo identificable que
puede ser usado para el seguimiento de la presencia o ausencia de
otros genes del mismo fragmento de ADN transferido a una célula.
Mejoramiento:
propagación controlada de plantas y animales
Molécula:
arreglo de átomos en una estructura, unidos por enlaces inter-atómicos
(por ejemplo enlaces de hidrógeno o carbono-carbono).
Monocultivo:
un cultivo o colonia que contiene organismos de una sola línea genética
pura; línea de plantas genéticamente uniformes u organismos derivados
de cultivo de tejidos.
Mutación:
una súbita variación heredable en un gen o en la estructura del
cromosoma.
Mutación
de adaptación o mutación dirigida: fenómeno por el cual las levaduras
y células bacterianas en fase estacionaria (sin crecimiento) tienen
alguna forma de producir (o retener en forma selectiva) sólo las
mutaciones más adecuadas que le permiten usar nuevos substratos
para el crecimiento.
N
Nódulo:
sobrecrecimiento de las raíces (o tallos en algunos casos) de las
leguminosas, inducido por bacterias o agentes exógenos, como los
factores bacterianos derivados de la formación de nódulos o los
inhibidores del transporte de las auxinas.
O
OGM:
abreviatura de organismo genéticamente modificado; planta o animal
que contiene material genético alterado en forma permanente.
Organismo
transgénico: organismo creado por ingeniería genética, en cuyo genoma
se han incorporado uno o más genes foráneos.
P
Patógeno:
cualquier agente que causa enfermedad.
Plásmido:
molécula circular de ADN con enlaces covalentes, común en las bacterias.
Se emplea con frecuencia como vector de clonación en ingeniería genética.
Pleiotropía:
que tiene muchos efectos diferentes a partir de un gen único.
Poligenes:
grupo (hipotético) de genes que controlan una característica, cada
uno con un efecto pequeño y aditivo.
Polinización:
proceso por el cual las células sexuales masculinas de la antera
de una planta fertilizan el estigma.
Procariota:
el super-reino que agrupa formas de vida sin pared celular; microorganismos
que carecen de membrana en el núcleo que contiene los cromosomas.
Promotor:
región reguladora de un gen involucrada en el control de la unión
de la polimerasa del ARN con el gen marcado.
Propagación:
reproducción asexual y desarrollo de plantas a partir de cultivo
de tejidos, esquejes o fragmentos de una planta progenitora.
R
Recombinación:
formación de nuevas combinaciones de alelos o nuevos genes que
se presenta cuando dos fragmentos de ADN se unen o intercambian
fracciones.
Recursos
genéticos: en este libro se ha usado esencialmente como sinónimo
de germoplasma, excepto que lleva en sí la fuerte implicación de
que el material es considerado con un valor económico o utilitario.
Reduccionismo:
doctrina por la cual un sistema complejo puede ser completamente
entendido en términos de sus partes más simples; por ejemplo, un
organismo debe ser totalmente entendido en términos de sus genes,
o una sociedad en términos de sus individuos.
Regulador
del crecimiento vegetal: amplio grupo de sustancias químicas que
controlan el crecimiento de las plantas. Muchas son también compuestos
naturales que se encuentran dentro de las plantas donde funcionan
como hormonas.
Rhizobium:
bacteria capaz de inducir la formación de nódulos en leguminosas
como arveja, alfalfa y trébol.
Ribonucleasa:
enzima que degrada el ARN.
Ribosoma:
una organela celular necesaria para la síntesis de las proteínas.
Round-Up
ReadyTM: la marca de las plantas de frijol soya producida por
ingeniería
genética, resistentes a los efectos herbicidas del glyphosate
(Round-Up TM).
S
Secuencia
del ADN: arreglo lineal de las bases en un gen (ATGC) que conforma
el código genético.
Selección
artificial: elección de un genotipo que pasará a formar parte de
los tipos genéticos que darán origen a subsecuentes generaciones
de un organismo dado.
Silenciamiento
genético: proceso (o procesos) por el cual ciertos genes del genoma
son impedidos de expresarse por modificaciones químicas u otros
medios.
T
Teratogénico:
capaz de producir defectos congénitos u otros daños reproductivos
que se manifiestan en una afección visible en forma o tamaño.
Toxoide
Bt: proteína cristalina derivada de algunas cepas de Bacillus thuringiensis que
se activa y se convierte en veneno en el ambiente alcalino del tracto
intestinal de las larvas de insectos.
Transcripción:
proceso por el cual se fabrica una secuencia complementaria a la
secuencia de un gen en el genoma, que se puede usar directamente
-como en el caso de del ARN ribbosómico y de transferencia- o que
continúa su proceso hacia ARN mensajero y se traduce en una proteína.
El proceso es catalizado por la enzima polimerasa del ARN dependiente
del ADN.
Transcripción
inversa: lo contrario al proceso de transcripción de una copia
del ADN complementario (ADNc) a partir de una secuencia de ARN,
es catalizada
por la enzima transcriptasa inversa.
Transducción:
en genética, la transferencia de genes de un organismo a otro
por medio de virus.
Transferencia
horizontal de genes: transferencia de genes de un individuo a otro
de la misma o diferente especie, generalmente por medios distintos
al cruzamiento.
Transformación:
en genética, cuando un organismo adquiere el ADN de otro organismo
de la misma o de diferente especie.
Transgene:
un gen que se ha trasladado entre diferentes líneas de especies dentro
de las células germinales de un hospedante.
Transgénesis:
la ciencia del movimiento interespecífico de genes individuales.
Transgénico:
adjetivo que describe a un organismo que contiene genes extraños
a su estructura genética nativa.
V
Variedad
local: población de plantas genéticamente heterogéneas generalmente
desarrolladas por muchos años -incluso siglos- en la agricultura
tradicional por selección directa del agricultor, la cual está adaptada
específicamente a las condiciones locales.
Variedades:
sub-tipos morfológicamente diferentes de una especie o género determinado;
ejemplo, una nueva variedad de maíz.
Vector:
portador de una enfermedad o un gen; por ejemplo, el mosquito
es el vector de la malaria. Los virus, plásmidos y transposones son
vectores de genes. Los áfidos son vectores que transfieren enfermedades
de una planta a otra.
Vector
transportador (shuttle): vector construido artificialmente que
puede transferir genes entre dos especies genéticamente distantes.
Virus:
elemento genético parasitario incluido en una cubierta proteica que
puede replicarse dentro de las células y formar partículas infecciosas
o permanecer en dormancia dentro de ellas. Su material genético
puede integrarse al genoma celular para formar provirus.
BIBLIOGRAFÍA
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