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CONTROL
BIOLÓGICO EN AGROECOSISTEMAS
MEDIANTE EL MANEJO DE INSECTOS ENTOMÓFAGOS Introducción Para
finales del siglo XX, los investigadores agrícolas deberían haber aprendido una
importante lección ecológica: las comunidades de plantas que han sido
modificadas para satisfacer las necesidades especiales de alimento
y fibra de los seres humanos son altamente susceptibles al daño ocasionado
por plagas. En general, cuanto más ha sido modificada una comunidad
vegetal, más abundantes y serias son las plagas (Altieri, 1994). Los
monocultivos extensos compuestos generalmente de plantas genéticamente
similares o idénticas y que han sido seleccionadas por su mayor palatabilidad,
son altamente vulnerables a herbívoros adaptados (Price, 1981). Es
más, prácticas agrícolas comúnmente usadas en el manejo de monocultivos
(pesticidas, fertilizantes químicos, etc.), tienden a alterar a las
poblaciones de enemigos naturales de los herbívoros, desencadenando
así frecuentemente los problemas de plagas (Papavizas, 1981). La
estabilidad ecológica inherente y la autorregulación, características
de los ecosistemas naturales, se pierden cuando el hombre simplifica
las comunidades naturales a través de la ruptura del frágil tejido
de las interacciones a nivel de comunidades. De todas formas, esta
ruptura puede ser reparada restituyendo los elementos hemostáticos perdidos en la comunidad a través de la adición
o el incremento de la biodiversidad funcional en los ecosistemas agrícolas.
Una de las razones más importantes para restaurar y/o mantener la biodiversidad
en la agricultura, es el que ésta presta una gran variedad de servicios
ecológicos. Uno de estos servicios es la regulación de la abundancia
de organismos indeseables a través de la depredación, el parasitismo
y la competencia (Altieri, 1994). Probablemente cada población de insectos
en la naturaleza es atacada en alguna medida por uno o más enemigos
naturales. Así, depredadores, parasitoides y patógenos actúan como
agentes de control natural que, cuando son adecuadamente manejados,
pueden determinar la regulación de poblaciones de herbívoros en un
agroecosistema particular. Esta regulación ha sido llamada control
biológico y ha sido definida por DeBach (1964) como “la acción de parasitoides,
depredadores o patógenos para mantener la densidad de la población
de un organismo plaga a un promedio menor del que ocurriría en su ausencia.” Dependiendo
de como se practique, el control biológico puede ser autosostenido
y se diferencia de otras formas de control porque actúa dependiendo
de la densidad de la población de plagas. De esta manera los enemigos
naturales aumentan en intensidad y destruyen la mayor parte de la población
de plagas en la medida que ésta aumenta en densidad, y viceversa (DeBach
y Rosen, 1991). En
un sentido estrictamente ecológico, la aplicación del control biológico puede ser considerada
como una estrategia válida para restaurar la biodiversidad funcional
en ecosistemas agrícolas, al adicionar entomófagos “ausentes” mediante
las técnicas clásicas o aumentativas de control biológico, o incrementando
la ocurrencia natural de depredadores y parasitoides a través de la
conservación y el manejo del hábitat. En este capítulo se discute el
rol que juegan los depredadores y parasitoides en los agroecosistemas,
y se analizan las diferentes estrategias usadas en control biológico
para emplear insectos entomófagos en la regulación de poblaciones de
plagas en la agricultura. El Rol e Impacto de los Depredadores
Los
insectos depredadores se presentan en muchos órdenes, principalmente en los órdenes Coleóptera, Odonata, Neuroptera, Hymenoptera, Diptera y Hemiptera. Los insectos depredadores se
alimentan en todos los estados de presa: huevos, larvas (o ninfas),
pupas y adultos. Desde el punto de vista de los hábitos alimenticios
existen dos tipos de depredadores, los masticadores (ej. Cochinitas, Coccinellidae) y escarabajos del suelo (Carabidae) los cuales simplemente mastican y devoran sus presas,
y aquellos con aparatos bucales succionadores que chupan los jugos
de sus presas (ej. chinches asesinos, Reduviidae), larvas de crysopa
(Chrysopidae), larvas de las moscas (Syrphidae), etc. El tipo que se alimenta por medio de la succión
generalmente inyecta una sustancia tóxica que rápidamente inmoviliza
la presa. Muchos depredadores son ágiles, feroces cazadores, y activamente
capturan sus presas en el suelo o en la vegetación como lo hacen los
escarabajos, las larvas de crysopa y los ácaros, o los cazan en vuelo,
como las libélulas y las moscas de la familia Asilidae (Huffaker y
Menssenger, 1976). Muchas
especies son depredadores tanto en el estado larval como en el estado
adulto,
aunque no necesariamente sea el mismo tipo de presa la que casen. Otros
son depredadores solamente en el estado larval, mientras que como adultos
tan sólo se alimentan de néctar, mielecilla, etc. Algunos proveen presas
para sus larvas, depositando sus huevos entre sus presas, ya que en
algunas ocasiones las larvas son incapaces de encontrarlas por si mismas
(DeBach y Rossen, 1991). La
importancia de los depredadores en el control biológico natural ha sido evidenciada
por la explosión de ácaros en muchos sistemas de cultivo, causada por
la ola expansiva del uso de insecticidas químicos que elimina los depredadores
de estos ácaros (Van den Bosch y Messenger, 1973). Este
es el caso de los ácaros de la familia Tetranychidae, que
se presentan en gran abundancia en huertos comerciales de manzanas
debido a la eliminación de la población de depredadores por el uso
de pesticidas y/o fertilizantes químicos que inducen un mayor vigor
nutricional de los manzanales, estimulando el crecimiento de ácaros
fitófagos (Croft, 1990). La
riqueza de especies depredadoras en agroecosistemas particulares
puede ser impresionante.
Por ejemplo, Whitcomb y Bell (1964) reportaron 602 especies de artrópodos
depredadores en sistemas de algodón en Arkansas y cerca de 1,000 especies
de depredadores en campos de soya en la Florida (Whitcomb, 1981). Este
tipo de diversidad puede ejercer una importante presión reguladora
sobre los herbívoros, lo que llevó a DeBach (1964) a considerar el “complejo
de enemigos naturales de las plagas” como un elemento de balance natural
al tender a alimentarse de cualquier plaga presente en abundancia.
Aún en situaciones donde los depredadores son incapaces de alcanzar
un control natural por debajo del nivel económico de daño, ellos disminuyen
el grado de desarrollo de plagas o reducen la infestación, inclusive
en situaciones donde los enemigos naturales específicos no sean efectivos.
En campos de algodón del Valle de San Joaquín en California, los depredadores
son mucho más importantes para el control de plagas de Lepidoptera
(ej. Gusano bellotero, gusano enrrollador del repollo, gusano soldado
de la remolacha) que los
parasitoides (van den Bosch y Messenger, 1973). En Canadá, los investigadores
encontraron que en huertos de manzanas libres de insecticidas, cinco
especies de depredadores de la familia Miridae ejercieron una mortalidad en huevos
de la polilla de la manzana del 43.5-68.3%. En Maine (USA), se encontró una
correlación entre la depredación y la reducción de las poblaciones
de áfidos en cultivos de papas (Croft, 1990). Entre
los depredadores más ignorados y menos entendidos se encuentran las arañas, las cuales
pueden tener un tremendo efecto estabilizador en sus presas. Las arañas
dependen de un complejo ensamble de presas. El resultado, es una comunidad
diversa de arañas que mantiene el control sobre una población de presas
asociada sin llegar a extinguirla. De esta forma, las arañas funcionan
como reguladores que limitan el crecimiento exponencial inicial de
una población específica de presas (Riechert y Lockley, 1984). En Israel,
la población de larvas de la plaga Spodoptera
littoralis (Lepidoptera: Noctuidae) no desarrolló niveles dañinos
en huertos de manzanas con árboles ocupados por arañas, mientras se
observó un daño significativo en árboles donde la población de arañas
fue removida. Investigaciones posteriores revelaron que la actividad
de las arañas fue responsable de un 98% en la reducción de la densidad
larval. La reducción fue el resultado del consumo de presas por las
arañas (64% de las larvas presentes) y el abandono por las larvas de
las ramas ocupadas por arañas (34%). En la ausencia de arañas, las
larvas abandonaban las ramas con una frecuencia de tan sólo 1.4%. En
otro estudio, la presencia de especies de arañas de
la familia Linyphiidae en
parcelas experimentales determinó un daño significativamente menor
en hojas causado por el gusano cortador Spodoptera
litura (Lepidoptera:
Noctuidae) que el observado en parcelas en las que la población de
arañas había sido removida. En este caso, el efecto depredador primario
fue el causante del abandono por las larvas de los árboles ocupados
por arañas (Riechert y Lockley, 1984). En
los sistemas agrícolas, los depredadores se pueden incrementar mediante
liberaciones directas en los campos, como en el caso de Chrysoperla
carnea (Neuroptera Chrysopidae), varias
especies de Coccinellidae, Geocoris (Hemiptera:Geocoridae), Nabis (Hemiptera:Nabidae), y ácaros Phytoseiidae, o proporcionando alimento suplementario (ej. soluciones
azucaradas, polen, productos a base de levadura, etc.) para retener o atraer especies de depredadores
específicos a los campos de cultivo (Huffaker y Messenger, 1976). Otra
alternativa para incrementar los recursos y las oportunidades ambientales
para los depredadores, es a través de diseños complejos de cultivos
tanto en el tiempo como en el espacio (Altieri, 1994). Parasitoides: características
biológicas, su rol e impacto
La
mayoría de los
insectos que parasitan a otros insectos son parasitoides “protelean”. Por ejemplo, son parasitoides solamente en su estado
inmaduro (larval) y llevan una vida libre en su estado adulto. Usualmente
consumen todo o casi todo el cuerpo de su huésped y luego pupan, ya
sea al interior o al exterior del huésped. Los parasitoides pueden
clasificarse como Koinobiontes o idiobiontes dependiendo del lugar donde éstos se dessarrollen: dentro
del huésped vivo, en huéspedes móviles o dentro de huéspedes muertos
o paralizados. El parasitoide adulto emerge de la pupa y se inicia
así la próxima generación buscando activamente nuevos huéspedes en
los cuales depositar sus huevos. La mayoría de los parasitoides adultos
requieren de alimento suplementario tales como miel, polen o néctar.
Muchos se alimentan de los fluidos del cuerpo de sus huéspedes, como
ya mencionamos anteriormente. Otros como adultos requieren sólo de
agua (DeBach y Rossen, 1991). Los
parasitoides se pueden categorizar como ectoparasitoides, los cuales
se alimentan
externamente de sus huéspedes, y como endoparasitoides, los cuales
se alimentan internamente. Los parasitoides pueden tener una generación
(univoltinos) por una generación del huésped, o dos o más generaciones
(multivoltinos) por cada una de los huéspedes. El ciclo de vida de
los pararasitoides es usualmente corto, algunos alcanzan desde 10 días
hasta 4 semanas aproximadamente a mediados del verano, pero correspondientemente
son más largos en clima frío. Los principales grupos de parasitoides
utilizados en el control biológico de plagas de insectos pertenecen
a los ordenes: Hymenoptera (la mayoría
avispas de las superfamilias Chalcidoidea, Ichneumonoidea y Proctotrupoidea) y Diptera (moscas, especialmente de la familia Tachinidae). Las investigaciones
sobre la diversidad de parasitoides del orden Hymenoptera en agroecosistemas, se han concentrado
principalmente en el estudio de los complejos de parasitoides que atacan
especies de plagas nativas en particular, así como especies exóticas.
Algunas especies de plagas soportan un gran número de especies de parasitoides
tales como: la plaga del trigo Mayetiola
destructor (Diptera: Cecidomyiidae), la
plaga del tallo de pastos y trigo Cephus
pygmaeus (Hymenoptera: Cephidae), el curculionido del coco Promecotheca caeruleipennis (Coleoptera:
Curculionidae), Pontania proxima (Hymenoptera:
Tenthredinidae) en frijol, y el minador de la hoja del café Perileucoptera coffeella (Lepidoptera:Lyonetiidae). Diferentes cultivos soportan especies
particulares de herbívoros, quienes a su vez, son atacados por una
o muchas especies de parasitoides (Tabla 1). Sin embargo, esta asociación
puede cambiar dependiendo de la ubicación geográfica, intensidad del
manejo agrícola y los arreglos espaciales y temporales de cultivos
(Waage y Greathead, 1986). La
complejidad de la comunidad de parasitoides del orden Hymenoptera,
asociados con diferentes
sistemas de cultivo está determinada por factores biológicos, ambientales
y de manejo. En monocultivos de gran escala, la diversidad es eliminada
por el uso continuo de pesticidas, la simplificación de la vegetación
y otros disturbios del medio ambiente. En agroecosistemas menos disturbados,
además de la ausencia de pesticidas, la diversidad de parasitoides
parece relacionarse con la diversidad de los cultivos, la cobertura
del suelo, la presencia de malezas y la vegetación nativa adyacente
a los cultivos. De hecho, los pocos estudios conducidos sobre este
tópico indican que la vegetación asociada con un cultivo en particular,
influye en el tipo, abundancia y tiempo de colonización de los parasitoides
(Waage y Greathead, 1986). En
muchos casos, tan sólo una o dos especies de tales complejos prueban ser vitales
en el control biológico natural de plagas claves. Por ejemplo en los
cultivos de alfalfa en California la avispa Apanteles
medicaginis (Hymenoptera:
Braconidae) cumple una función vital en la regulación del número de
larvas de Colias eurytheme (Lepidoptera: Pieridae).
Aparentemente, este sistema mariposa-avispa se mueve de los tréboles
nativos a los cultivos artificiales de alfalfa nuevos e irrigados.
Igualmente, en los cultivos de tabaco de Carolina del Norte al comienzo
del verano, previo al florecimiento, cuando las plantas están más susceptibles
al daño causado por el gusano cogollero Heliothis
virescens (Lepidoptera: Noctuidae), la avispa Campoletis
perdistinctus (Hymenoptera:
Ichneumonidae) ejerce un alto grado de parasitismo, después del florecimiento
del tabaco. Con el tiempo, el parasitismo de C. perdistinctus declina y la acción de otro parasitoide Cardiochiles nigriceps (Hymenoptera: Braconidae)
se vuelve un importante factor de mortalidad para la plaga (Huffaker
y Messenger, 1976). En otros casos, es una combinación de muchas especies
de parasitoides la que ejerce la regulación sobre una plaga específica
de insectos (Ehler y Miller, 1978).
Estrategias de control biológico Control Biológico Clásico
El
control biológico
clásico es la regulación de la población de una plaga mediante enemigos
naturales exóticos (parásitos, depredadores y/o patógenos) que son
importados con este fin. Usualmente, la plaga clave es una especie
exótica que ha alcanzado una alta densidad poblacional en el nuevo
ambiente, debido a condiciones más favorables que en su lugar de origen
(Rosen, Bennett y Capinera, 1994). Por lo tanto, la introducción de
un enemigo natural específico, autoreproductivo, dependiente de la
densidad, con alta capacidad de búsqueda y adaptado a la plaga exótica
introducida, usualmente resulta en un control permanente (Caltagirone,
1981). Frecuentemente,
debido a que los agentes de control biológico son cuidadosamente seleccionados
para que se adapten mejor a sus huéspedes, éstos se diseminan espontáneamente
a través de todo el rango de sus hospederos, para realizar un control
biológico efectivo a un costo relativamente bajo. Caltagirone (1981)
describe 12 casos exitosos de proyectos de control biológico clásico
en los cuales, por medio de la introducción de enemigos naturales,
las especies plaga tratadas fueron reducidas a un nivel en el cual
no se consideran plaga (Tabla 2). Otros estudios de caso en los cuales
se describen las diferentes etapas (descubrimiento, introducción y
evaluación) necesarias para el desarrollo de un programa de control
biológico clásico, son descritos en Van Driesche y Bellows (1996). Desde
el control biológico exitoso de la escama algodonosa de los cítricos Icerya purchasi (Homoptera: Margarodidae) en California con la cochinita, Rodolia
cardinalis (Coleoptera: Coccinellidae) importada desde Australia
en 1888, cientos de proyectos de control biológico se han llevado a
cabo alrededor del mundo. La campaña de control biológico realizada
para controlar la escama negra de los cítricos Saissetia
oleae (Homoptera: Coccidae) en California, incluyó cerca de 42
especies diferentes de enemigos naturales introducidos de Africa, México,
Pakistan, China, Brazil, Argentina y Taiwan (Luck, 1981). De todos
los esfuerzos de importación de enemigos naturales realizados en los
Estados Unidos, se ha estimado que cerca de 128 especies de enemigos
naturales han resultado en algún grado del control biológico (Luck,
1981). Los ahorros económicos de tales introducciones han sido substanciales.
Se ha estimado que la combinación de ahorros atribuidos a la industria
agrícola de California desde el inicio de los programas de control
biológico entre 1928 y 1979 fue de cerca de 320 millones de dólares,
sin considerar la inflación (van den Bosh, Messenger y Gutierez, 1982). Por
definición,
todos los proyectos de control biológico clásico involucran la introducción
de enemigos naturales exóticos. En la mayoría de los casos, se conduce
una exploración en la presunta área de origen de la especie a tratar.
Después de que la exploración ha sido realizada, los insectos entomófagos
deben ser introducidos al país donde se encuentra la plaga, donde son
sujetos a cuarentena. Luego de la cuarentena, la mayoría de los enemigos
naturales son criados masivamente para garantizar la liberación de
un número considerable de ellos en los lugares particulares de colonización
en diversos ambientes de una región, seguido por repetidas colonizaciones
a lo largo del tiempo si es necesario (Van den Bosch y Messenger 1973).
Los récords históricos indican que solamente el 34% de los intentos
de colonización de enemigos naturales se han realizado exitosamente.
Estas bajas tasas de establecimiento pueden deberse a factores tales
como una inapropiada selección de enemigos naturales, las diferencias
en el clima entre el lugar de origen de los enemigos naturales y el
lugar de su liberación, algunas características negativas del cultivo
y/o del agroecosistema. Una vez que el establecimiento del enemigo
natural es documentado, el efecto de la regulación de éstos en la población
de la plaga necesita ser evaluado incluyendo un análisis económico
del costo y de los beneficios sociales involucrados. Control Biológico Aumentativo
Esta
estrategia requiere la propagación masiva y la liberación periódica de enemigos
naturales, exóticos o nativos, que puedan multiplicarse durante la
estación de crecimiento del cultivo pero que no se espera que se conviertan
en una parte permanente del ecosistema (Batra, 1982). La liberación
aumentativa puede realizarse con expectativas de corto o largo plazo,
dependiendo de la especie de plaga a tratar, las especies de enemigos
naturales y el cultivo. La cría masiva y la liberación de los enemigos
naturales fue un método muy popular en la ex Unión Soviética y en China
donde la estructura socioeconómica, incluyendo la colectivización de
la agricultura, la integración de la investigación y la producción,
además de una fuerza de trabajo numerosa y bien organizada, permitieron
exitosamente la cría masiva y la amplia liberación aumentativa de agentes
de control biológico. Los recientes cambios políticos y socioeconómicos
que abrazan el modelo capitalista de producción han generado cambios
drásticos en este escenario en esas regiones. Desde el colapso del
bloque Soviético en 1989, Cuba es el único país que esta experimentado
un crecimiento masivo de la técnica de control biológico aumentativo.
La isla ha sufrido una reducción del 80% en la importación de fertilizantes
y pesticidas, y para garantizar la seguridad alimenticia bajo estas
circunstancias, investigadores y agricultores han impulsado proyectos
masivos de control biológico. Para finales de 1994, unos 222 Centros
de producción de insectos entomopatógenos y entomófagos (CREEs) han sido creados (Rosset y Benjamin,
1993). En dichos centros se producen cantidades masivas de avispas
parasitoides del género Trichogramma (Hymenoptera:
Trichogrammatidae), y algunos
entomopatógenos tales como: Beauvaria
bassiana (78 toneladas métricas) Bacillus
thuringiensis (1.312 toneladas), Verticillium
lecanii (196 toneladas) y Metarhizium anisopliae (142 toneladas)
para el control de varias plagas en los principales cultivos de la
isla (Tabla 3). En
los Estados Unidos, el éxito del control biológico aumentativo depende del número total
de individuos liberados (Ables y Ridgeway, 1981). Entre los agentes
biológicos más comunes, comercialmente disponibles para ser utilizados
son: Trichogramma spp., Chrysoperla carnea, y algunos patógenos de insectos tales como Bacillus thuringiensis, Bacillus popillae,
Beauvaria bassiana y varios virus
de la poliedrosis nuclear. Existen una gran cantidad de enemigos
naturales potenciales para el control biológico aumentativo de Heliothis spp. en numerosos cultivos. Algunos ejemplos incluyen Cardiochiles carnea (Hymenoptera: Braconidae), Trichogramma spp.
(Hymenoptera:Trichogrammatidae), Microplitis
croceips (Hymenoptera:Braconidae) y Campoletis
sonorensis (Hymenoptera:Ichneumonidae). Además, áfidos que atacan
muchos cultivos presentan un amplio rango de parasitismo por Praon spp., Lysiphlebus spp., Aphidius spp., Diaeretiella spp.(Hymenoptera:Aphidiidae)
y otros, los cuales pueden ser criados y liberados masivamente (Huffaker
y Messenger, 1976). Ejemplos seleccionados de entomófagos con potencial
para control biológico aumentativo en los Estados Unidos se listan
en la Tabla 4 (Ables y Ridgeway, 1981). En
algodón, las
investigaciones han demostrado que de 50.000 a 100.000 Trichogramma spp.
por acre deben ser liberados con un intervalo de 2-5 días durante el
máximo período de oviposición de Heliothis spp.,
para incrementar significantemente el parasitismo y obtener el máximo
control. Otros trabajos indican que liberaciones de más de 28.000 Lysiphlebus testaceipes por acre no disminuyeron
las poblaciones de áfidos por debajo del umbral económico bajo condiciones
de monocultivos en las planicies altas de Texas. Por otro lado, recientes
estudios con semioquimicos (ej. kairomonas) demostraron la gran posibilidad
de incrementar la respuesta y eficacia de muchos parasitoides bajo
condiciones de monocultivos (Nordland, Jones y Lewis, 1981). La gran
utilidad de las kairomonas parece deberse a su efecto sobre la agregación
y/o retención de los parásitos liberados en lugares específicos (Hoy
y Herzog, 1985). El
control aumentativo puede ser muy económico. Muchas empresas están comercializando un gran
número de avispas parasitoides, el depredador de áfidos Chrysoperla carnea, y entomopatógenos
tales como Bacillus thuringiensis,
B. popillae, Beauveria bassiana,
y muchos virus de la poliedrosis nuclear. En la década de los años
80, los costos de los tratamientos fluctuaron aproximadamente de entre
$24.70 y $29.60 dólares por hectárea en huertos de cítricos o manzanas
y de $133 y $2.398 dólares por hectárea en invernaderos (Batra, 1982).
Hoy en día los precios son más competitivos. Conservación y Manejo
del Hábitat.
Este
enfoque pone énfasis
en el manejo de agroecosistemas con el objetivo de proveer un ambiente
general que conduzca a la conservación y fomento de una biota compleja de enemigos naturales. Las posibilidades de incrementar
las poblaciones de artrópodos benéficos y de mejorar su efectividad
son innumerables a través del manejo del hábitat, que a su vez media
la disponibilidad de alimentos, refugio y otros recursos dentro y fuera
del cultivo (Huffaker y Messenger, 1976). Pequeños cambios en las prácticas
agrícolas pueden causar un incremento substancial en la población de
enemigos naturales durante el período crítico de crecimiento de los
cultivos. Algunas prácticas pueden simplemente incluir la eliminación
del uso de pesticidas químicos o evitar prácticas disturbadoras tales
como el control de malezas con herbicidas y el arado. Con la eliminación
total de pesticidas se puede restituir la diversidad biológica y conducir
a un control biológico efectivo de plagas especificas. En Costa Rica,
en el transcurso de dos años, virtualmente todos los insectos plagas
del banano alcanzaron niveles por debajo del umbral económico, dado
el incremento en el parasitismo y la depredación por parte de algunos
enemigos naturales, luego del abandono de los insecticidas Dieldrin
y Carbaryl. En forma similar en nogales de California, el control biológico
natural de dos especies de escamas se logró rápidamente a través de
la introducción de algunos parasitoides de la familia Encyrtidae después de la eliminación total del uso del DDT (Croft,
1990). Algunas
veces es necesario proveer recursos suplementarios. Por ejemplo,
la construcción
de nidos artificiales para la Polistes
annularis (Hymenoptera: Vespidae) ha incrementado la predación
de plagas tales como Alabama
argillacea (Lepidoptera: Noctuidae) en algodón y Mundaca
sexta (Lepidoptera: Sphingidae) en el tabaco. La aspersión de alimentos
suplementarios (mezclas de levadura, azúcar y agua) multiplicó seis
veces la oviposición de Chrysoperla
carnea e incrementó la abundancia de Syprhidae,
Coccinellidae y Malachiidae en
parcelas de algodón y alfalfa. Para mejorar la supervivencia y reproducción
de insectos benéficos en un agroecosistema, es conveniente tener permanentemente
poblaciones alternativas de presas fluctuantes a niveles subeconómicos
presentes en los cultivos (van den Bosch y Messenger, 1976). Por ejemplo,
en Sudáfrica la abundancia relativa de áfidos en repollos, fue un factor
determinante en la efectividad de los depredadores contra larvas de Plutella maculipennis (Lepidoptera:Plutellidae).
La introducción de poblaciones de huéspedes garantizó una gran efectividad
en el control de Pieris rapae (Lepidoptera:Pieridae) en el campo. La continua liberación
de mariposas Pieris fértiles
incrementó la población de la plaga cerca de diez veces por encima
de la población normal en la primavera, permitiendo a los parásitos Trichogramma evanescens y Cotesia rubecula incrementarse tempranamente
y mantenerse a un nivel efectivo durante la estación de crecimiento
del cultivo (van den Bosch y Messenger 1973). Es
ampliamente aceptado que la diversidad del agroecosistema esta asociada
con la estabilidad
de las poblaciones insectiles presentes a largo plazo, presumiblemente
porque un variedad de parásitos, depredadores y competidores está siempre
disponible para suprimir el crecimiento de la población potencial de
especies de plagas. La dispersión de cultivos entre otras plantas no
hospederas, puede hacer más difícil la migración y la búsqueda de plantas
hospederas y consecuentemente afectar el crecimiento exponencial de
fitófagos o patógenos (Andow, 1991). La diversificación de agroecosistemas
generalmente resulta en el incremento de oportunidades ambientales
para los enemigos naturales, y consecuentemente, en el mejoramiento
del control biológico de plagas. La amplia variedad de diseños vegetacionales
disponibles en forma de policultivos, sistemas diversificados de cultivos-malezas,
cultivos de cobertura y mulches vivos, y su efecto sobre la población de plagas y enemigos naturales asociados han sido
extensivamente revisados (Altieri, 1994 y referencias ahí incluidas).
Algunos factores relacionados con la regulación de plagas en agroecosistemas
diversificados incluyen: el incremento de la población de parasitoides
y depredadores, la disponibilidad de huéspedes y/o presas para los
enemigos naturales, la disminución en la colonización y reproducción
de las plagas, la inhibición de la alimentación mediante repelentes
químicos de plantas no-atractivas a las plagas, la prevención del movimiento
y aumento de emigración de plagas, y la óptima sincronización entre
enemigos naturales y plagas. Estudios
realizados han mostrado que a través del aumento de la diversidad de plantas en
monocultivos anuales, es posible efectuar cambios en la diversidad
del hábitat, lo que a su vez favorece la abundancia y efectividad de
los enemigos naturales. Esta información puede ser usada para diseñar
sistemas de cultivos combinados que incrementen la diversidad y la
abundancia de depredadores y parásitos, resultando así en niveles de
plagas más bajos que en los monocultivos correspondientes. En general,
está bien documentado que en agroecosistemas de policultivos hay
un incremento en la abundancia de artrópodos depredadores y parasitoides
ocasionado por la expansión en la disponibilidad de presas alternativas,
fuentes de néctar y micro-hábitat apropiados (Altieri, 1994). En la
Tabla 5 se presentan varios ejemplos de reducción de poblaciones de
plagas observadas en policultivos. Al
incrementar la diversidad de plantas dentro del campo se puede facilitar
el control
biológico. Varios trabajos realizados en la ex Unión Soviética indican
que el uso de plantas productoras de néctar en huertos de frutales,
eran un recurso alimenticio importante para incrementar la efectividad
de insectos entomófagos. Experimentos de campo en el norte del Caucasus,
demostraron que la siembra de Phacelia spp. en los huertos incrementaba
el parasitismo de Quadraspidiotus
perniciosus por su parasitoide Aphytis
proclia (Hymenoptera:Aphidiidae). Tres siembras sucesivas de flores
de Phacelia en estos campos, incrementó el
parasitismo en alrededor de un 70%. Estas mismas plantas han mostrado
además, un incremento en la abundancia de Aphelinus
mali (Hymenoptera:Aphelinidae) para el control de los áfidos de
la manzana, y una marcada actividad del parásito Trichogramma
spp. en el mismo cultivo (van den Bosch y Telford, 1964). La
manipulación
de la vegetación natural adyacente a los campos de cultivo puede también
ser usada para promover el control biológico, ya que la supervivencia
y actividad de muchos enemigos naturales frecuentemente depende de
los recursos ofrecidos por la vegetación contigua al campo. Los cercos
vivos, linderos y otros aspectos del paisaje han recibido gran atención
en Europa debido a sus efectos en la distribución y abundancia de artrópodos
en las áreas adyacentes a los cultivos (Fry, 1995). En general se reconoce
la importancia de la vegetación natural alrededor de los campos de
cultivo como reservorio de enemigos naturales de plagas (van Emden,
1965). Estos hábitat pueden ser importantes como sitios alternos para
la ivernación de algunos enemigos naturales, o como áreas con recursos
alimenticios tales como polen o néctar para parásitos y depredadores.
Muchos estudios han documentado el movimiento de enemigos naturales
desde márgenes adentro de cultivos, demostrando un mayor nivel de control
biológico en hileras de cultivo adyacentes a márgenes de vegetación
natural que en hileras en el centro del cultivo (Altieri, 1994). Estudios
de los parásitos Tachinidae e Ichneumonidae atacando Barathra
brassicae y Plutella xylostella fueron
conducidos cerca de Moscú y los datos muestran que la eficiencia del
parasitismo fue substancialmente mayor en hileras de repollo cercanas
a márgenes con plantas en floración de la familia Umbelifera (Huffaker
y Messenger, 1976). En
California, se ha observado que el parásito de huevos Anagrus
epos (Hymenoptera:Mymaridae) es efectivo en el control del cicadelido
de la uva Erythroneura elegantula (Homoptera:Cicadellidae)
en viñedos adyacentes a moras silvestres, puesto que éstas albergan
otro cicadelido Dikrella cruentata que
no es considerado plaga, pero que sus huevos sirven en el invierno
como el único recurso alimenticio para el parásito Anagrus. Estudios recientes han mostrado
además, que los árboles de ciruelos plantados alrededor de los viñedos
pueden incrementar la población de Anagrus
epos y promover el parasitismo temprano en la estación (Flint y
Roberts, 1988). También en California en el valle de San Joaquín, el
parasitismo del gusano de la alfalfa, Colias eurytheme, por Apanteles
medicaginis fue mucho mayor en secciones del campo donde las malezas
se encontraban en floración junto a los canales de irrigación en contraste
con áreas del cultivo donde la maleza fue destruida (DeBach 1964). En
huertos de manzanas en Noruega, la densidad de la plaga más importante, Argyresthia conjugella (Lepidoptera:Argyresthiidae)
depende de la cantidad de alimento silvestre disponible, por ejemplo,
el número de grosellas del arbusto silvestre Sorbus acuparia que crecen cada año. Debido
a que una larva se desarrolla dentro de una grosella, el número de Argyresthia no puede ser mayor que el
número total de grosellas. Así en los anos en los que Sorbus no produce grocellas, ninguna larva de la plaga Argyresthia se desarrolla y por consiguiente
el parásito Microgaster politus (Hymenoptera:Braconidae)
no se presenta en el área. Entomólogos han sugerido plantar Sorbus, para
producir cada año una cosecha abundante y regular de frutas, lo cual
permitiría a Argyresthia encontrar
suficiente alimento para mantener su población a un nivel razonablemente
elevado. Bajo estas condiciones el parásito Microgaster y
otros enemigos naturales podrán también mantenerse y reproducirse suficientemente
cada año, y mantener así a la población de Argyresthia por debajo del nivel en el cual la plaga esta forzada
a emigrar, evitando de esta manera la infestación de las manzanas (Edland,
1995). Conclusiones
El
Control biológico
por medio de la importación, incremento y/o conservación de los enemigos
naturales puede conllevar a una regulación de especies de plagas a
largo plazo, asumiendo que se dé un apropiado manejo cultural de los
agroecosistemas (descartando prácticas agrícolas destructivas e incrementando
la diversificación de los sistemas de cultivo), garantizando así un
ambiente apropiado para incrementar la abundancia y la eficiencia de
depredadores y parásitos. Bajo estas condiciones, el control biológico
puede convertirse en una estrategia potencialmente auto-perpetuante,
garantizando un control a bajo costo y con mínimo o inexistente impacto
ambiental (Flint y Roberts, 1989). La
agricultura comercial a gran escala que involucra monocultivos con
problemas complejos de
plagas, requiere inicialmente la integración de métodos de control
químico y cultural en asociación con el uso cuidadoso de enemigos naturales.
Para convertir estos sistemas en sistemas totalmente dependientes del
control biológico, se requerirá de un proceso escalonado de conversión
agroecológica que incluye: el uso eficiente de pesticidas (MIP-Manejo
Integrado de Plagas), substitución de insumos (el remplazo de insecticidas
químicos por insecticidas botánicos o microbiológicos), finalizando
con el rediseño del sistema agrícola diversificado, el cual debe proveer
las condiciones medio-ambientales necesarias para el desarrollo de
enemigos naturales, permitiendo así al agroecosistema auspiciar su
propia protección natural contra plagas (Altieri 1994). Sistemas
de cultivo diversificados, tales como aquellos basados en policultivos,
agroforestería
o uso de cultivos de cobertura en huertos de frutales, han sido el
tópico principal de muchas investigaciones recientes. Esto se relaciona
con la amplia evidencia que ha emergido últimamente, de que estos sistemas
de cultivo son más sustentables y conservan más los recursos naturales
(Vandermeer, 1995). Muchos de estos atributos de sustentabilidad se
asocian con niveles altos de biodiversidad funcional (incluyendo enemigos
naturales) inherentes a los sistemas complejos de cultivo. La clave
es identificar el tipo de biodiversidad que es deseable para mantener
o incrementar de manera de auspiciar los servicios ecológicos deseados
y determinar así las mejores prácticas que podrían implementarse para
incrementar los componentes deseables de biodiversidad. Como se muestra
en la Figura 1, son muchas las prácticas y los diseños que tienen un
gran potencial para incrementar o afectar negativamente la biodiversidad
funcional. La idea es implementar un manejo eficaz de las prácticas
agrícolas con el objeto de incrementar y/o regenerar el tipo de biodiversidad
que puede subsidiar la sustentabilidad de los agroecosistemas a través
del mejoramiento de la eficacia del control biológico de plagas. Bibliografia
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