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ALTERNATIVAS A LA AGRICULTURA MODERNA
CONVENCIONAL
PARA ENFRENTAR LAS NECESIDADES DE ALIMENTOS EN EL PROXIMO SIGLO
Informe de la Conferencia sobre
Agricultura
sostenible: Evaluación de nuevos paradigmas y modelos tradicionales de
producción
26-30
de Abril, 1999
Bellagio,
Italia
El Instituto Internacional para la Agricultura, la Alimentación y el
Desarrollo (Cornell International Institute for Food, Agriculture and
Development, CIIFAD) fue creado en la Universidad de Cornell en 1990,
gracias a generosas donaciones privadas, para que la facultad y los
estudiantes lograran avances en el conocimiento y la práctica de la
agricultura sostenible y el desarrollo rural. Junto con sus asociados
de Africa, Asia y América Latina, CIIFAD inicia y apoya programas
innovadores que puedan contribuir a mejorar la seguridad alimentaria
global y la calidad de vida de los seres humanos al mismo tiempo que
mantienen y mejoran los recursos naturales de los cuales dependen estos
beneficios.
© 1999 Cornell International Institute for Food,
Agriculture and Development (CIIFAD). Solicite copias adicionales de
este informe a CIIFAD, Box 14, Kennedy Hall, Cornell University,
Ithaca, NY 14853, teléfono (607) 255-1005; e-mail ciifad@cornell.edu;
página web http://ciifad.cornell.edu//ciifad.
ALTERNATIVAS
A LA AGRICULTURA MODERNA CONVENCIONAL
PARA ENFRENTAR LAS NECESIDADES DE ALIMENTOS EN EL PROXIMO SIGLO
Informe de la Conferencia sobre
Agricultura sostenible:
Evaluación
de nuevos paradigmas y modelo tradicionales de producción
26-30 de Abril, 1999
Bellagio,
Italia
Participantes en la conferencia sobre
agricultura sostenible en Bellagio, abril de 1999:
Primera fila, de izquierda a derecha: Norman Uphoff
(Universidad de Cornell), Doug Forno (Banco Mundial), Pierre Crosson
(Resources for the Future, Washington), Mary Tiffen (ex Instituto de
Desarrollo de Ultramar, Reino Unido), Roland Bunch (COSECHA, Honduras y
Comité Consultivo de CIIFAD), Vernon Ruttan (Universidad de Minnesota),
Amadou Diop (Instituto Rodale, Senegal), Alison Power (Universidad de
Cornell), Miguel Altieri (Universidad de California, Berkeley), Lori
Ann Thrupp (World Resources Institute), y Silvie Dessilles
(CARE/Bangladesh).
Segunda fila, de izquierda a derecha: Dennis
Garrity (ICRAF, Indonesia), Ed Ruddell (ex miembro del Programa Andino
de World Neighbors), Arie Kuyvenhoven (Universidad de Agricultura,
Wageningen, Holanda), Randy Brummett (ICLARM), Keith Jones (Universidad
de Greenwich e Instituto de Recursos Naturales, Reino Unido, y CARE/Sri
Lanka), Per Pinstrup-Andersen (IFPRI), Erick Fernandes (Universidad de
Cornell e ICRAF), Peter Kenmore (Programa de Protección de Plantas,
FAO), Alice Pell (Universidad de Cornell), Jules Pretty (Universidad de
Essex, Reino Unido), Pedro Sanchez (ICRAF), y Mamby Fofana (Unitarian
Service Committee of Canada, Programa de Mali).
Fotos: Estudio y Centro de Conferencias, Bellagio,
esta página. Lourdes Brache, p. 11; IITA, carátula; Terry Tucker, p. 7
y 25; Norman Uphoff, p. 17.
Prefacio
La Conferencia sobre Agricultura Sostenible, realizada en abril de 1999
en el centro de estudios y conferencias de la Fundación Rockefeller,
Villa Serbelloni, Bellagio, Italia, nació de las discusiones de un
taller sobre los futuros requerimientos de alimentos en el mundo
organizado en marzo de 1997 por el Centro Keystone en Airlie House,
Warrenton, Virginia, Estados Unidos. Las opiniones emitidas fueron
bastante divergentes en referencia a que si, debido a la mayor
expansión de la agricultura "moderna", basada en insumos químicos y
energéticos, con su impacto concomitante para el medio ambiente, se
debería –e incluso se podría- esperar una doble producción mundial de
alimentos en los próximos 30 años.
Miguel Altieri, de la Universidad de California, Berkeley, y Norman
Uphoff, director del Instituto Internacional para la Alimentación,
Agricultura y Desarrollo (CIIFAD) de Cornell University, discutieron
con Robert Herdt, director de Ciencias Agrícolas de la Fundación
Rockefeller, la importancia de una evaluación de los sistemas
"alternativos" de producción agrícola. ¿Hasta qué grado puede esperarse
que esos sistemas contribuyan en gran medida a la provisión mundial de
alimentos en el futuro? Si tales sistemas son simplemente prácticas
agrícolas más "verdes" que "modernas", no podrán ayudar a cubrir las
necesidades globales de seguridad alimentaria.
La propuesta que Altieri y Uphoff prepararon, para llevar a cabo una
conferencia que evaluara estas interrogantes, fue aceptada por el
Comité de la Fundación Rockefeller, de Bellagio a comienzos de 1998. La
Fundación cubriría los costos de alimentación, alojamiento y apoyo
logístico para realizar la conferencia en Villa Serbelloni. El
Departamento de Desarrollo Rural del Banco Mundial proporcionó fondos
para cubrir los gastos de viaje de algunos de los participantes de los
países en desarrollo. Varias organizaciones internacionales costearon
el viaje de sus representantes: el Servicio de Protección de Plantas de
la FAO; el Centro Internacional de Investigaciones en Agroforestería
(ICRAF); el Instituto Internacional de Investigación en Política
Alimentaria (IFPRI); y Recursos para el Futuro. CIIFAD cubrió el resto
de gastos y brindó el apoyo administrativo necesario para organizar la
conferencia. Los organizadores agradecen a todas las instituciones
mencionadas porque su apoyo hizo posible esta conferencia, y a Virginia
Montopoli por manejar tan bien la planificación y operación de la
reunión.
Altieri preparó una declaración de la conferencia que fue distribuida
en una reunión del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola
Internacional (CGIAR) en Beijing, en mayo de 1999. Upjohff preparó un
borrador del informe de la conferencia que fue entregado a todos los
participantes a fin de recabar comentarios y aportes. Altieri está
preparando una edición especial en el journal Environment, Development
and Sustainability, en la cual serán publicados muchos de los estudios
de caso presentados en la conferencia. Uphoff está editando un libro
que integrará la esencia de los temas y las discusiones y conclusiones
en un volumen que reúne y documenta las ideas aquí presentadas.
Miguel Altieri y Norman Uphoff
En este informe se hace un resumen de las discusiones y conclusiones de
la conferencia internacional llevada a cabo con el fin de evaluar el
potencial de los enfoques agroecológicos para incrementar la producción
agrícola a escala mundial. Los temas preparados y discutidos en la
conferencia han sido revisados e integrados con miras a producir un
libro que identifique y evalúe las oportunidades que puedan contribuir
a las necesidades mundiales de alimentos en el futuro. Este documento
proporcionará mayores detalles de los estudios de caso y explorará las
implicaciones del intercambio de puntos de vista y experiencias entre
los diferentes participantes (ver Anexo).
Las nuevas tecnologías agrícolas desarrolladas y
extendidas en las tres últimas décadas han contribuido a un crecimiento
sin precedentes de la producción mundial de alimentos. Sin los frutos
de la revolución verde, habría un gran déficit de alimentos, o un
impacto medioambiental adverso debido al cultivo de grandes áreas de
terrenos poco apropiados. Pero hay una preocupación creciente acerca de
que este modelo se agota y que la trayectoria del desarrollo agrícola,
que conlleva tanto costos como beneficios, pudiera no ser la mejor ni
la única alternativa para el futuro (Conway, 1997).
¿Pueden cubrirse las futuras necesidades de alimentos usando más de los
mismos tipos de inversiones agrícolas promovidos en las tres últimas
décadas -basados en investigación, extensión, infraestructura y
política? ¿O es que los productores y quienes toman las decisiones
deberían buscar otras formas sostenibles para el medio ambiente,
económicamente eficientes y socialmente equitativas en cuanto a
incrementar la oferta mundial de alimentos? ¿Existen tales
alternativas? ¿Cuál es el potencial de las estrategias de producción
que dependen más de un manejo agroecológico que de inversiones de
capital; más de recursos locales que de insumos externos, y más de
procesos biológicos que de aplicaciones de químicos?
Es indudable que en el futuro se necesitará aumentar la producción de
alimentos. Ciertamente es crítico y está bien justificado el aumento de
las inversiones públicas y privadas en investigación y extensión
agrícola, considerando cuánto tiempo habrá de transcurrir antes de que
las nuevas prácticas sean ampliamente aceptadas y explotadas en su
totalidad.
Tomando en consideración los programas innovadores en Africa, Asia y
América Latina, se considera conveniente un creciente intercambio de
esfuerzos de investigación y extensión agrícola más enfocados en
estrategias basadas en conceptos agroecológicos.
Este enfoque ofrece oportunidades para incrementar la producción de
alimentos, no sólo en cantidades sino en múltiplos. Como se ha visto en
los estudios de caso, una mejor combinación de cultivo, suelo, agua y
manejo de los nutrientes, que integre al ganado o a los peces en los
sistemas agrícolas, además de los procesos de manejo integrado de
plagas, logra con frecuencia un incremento de la producción de 50 a 100
por ciento o más en una amplia gama de circunstancias, incluso en
algunas bastante adversas desde el punto de vista agrícola.
El mensaje central de la conferencia –para los gobiernos,
investigadores, agencias donantes y agricultores- es que son numerosas
las alternativas en investigación y desarrollo agrícola que merecen ser
investigadas y apoyadas. Es indudable que si se toman en serio estas
alternativas –y se refinan, adaptan y diseminan- se podrá determinar si
la población del mundo cubrirá con éxito sus necesidades de nutrición
y, al mismo tiempo, mantener un ambiente natural y social apropiado a
la vida en siglo XXI.
La situación
Las proyecciones difieren sobre cuándo exactamente,
en el próximo siglo, los productores de todo el mundo necesitarán
doblar el actual nivel de producción agrícola para satisfacer los
requerimientos de una población más grande y, como todos esperan, más
próspera. En el presente hay grandes necesidades de alimentos no
cubiertas.
Pocos dudan que tarde o temprano se tendrá que incrementar
substancialmente la producción. Sin embargo, si la fecha límite es el
2030 o el 2050 lo más importante es cómo encontrar el modo de alcanzar
este gigantesco reto de duplicar la provisión mundial de alimentos.
Contribuciones tecnológicas
Esta pregunta ha sido respondida con optimismo al señalar que la
producción de los principales cereales (arroz, trigo, maíz) se ha
duplicado en los últimos 30 a 35 años. Esta importante aceleración sin
paralelo en la producción de alimentos se logró con el uso de las
tecnologías de la "Revolución Verde" –semillas mejoradas de variedades
de alto rendimiento, irrigación, fertilizantes y otros agroquímicos-
(Crosson y Anderson, 1999).
No está muy claro, sin embargo, qué se necesita hacer de aquí en
adelante para lograr la seguridad alimentaria, para todos, en los años
venideros. En la década pasada, el aumento de los rendimientos gracias
a la tecnología de la Revolución Verde se ha venido desacelerando y en
algunos casos se ha detenido (Pingali et al., 1995). Los rendimientos
más altos se han obtenido por el uso cada vez mayor de fertilizantes y
agua de riego, que en muchos lugares ha sobrepasado el límite de los
retornos decrecientes. Por lo tanto, el incremento en el uso de estos
insumos ha devenido en una menor productividad. Más aún, con el uso de
altos niveles de insumos se han registrado impactos medioambientales
adversos en los sistemas de producción bajo uso intensivo de químicos y
combustible fósil.
A mediados del próximo siglo habrá aproximadamente un tercio menos de
tierras cultivables per capita y tal vez una reducción equivalente en
la disponibilidad de agua para fines agrícolas. Para duplicar la
provisión de alimentos será necesario incrementar la productividad de
la tierra y el agua, pese a la menor disponibilidad de estos recursos
naturales clave. Asimismo, a menos que se realicen grandes y exitosos
esfuerzos, continuará la reducción de la biodiversidad, que es la
fuente del material genético necesario para lograr mayores avances en
el mejoramiento de plantas y animales. Los cambios climáticos globales
podrían verse acelerados, con consecuencias indeseables para la
agricultura.
Algunos ven a la biotecnología como un medio para obtener mayor
incremento de la producción agrícola en el futuro. Pero los principales
beneficios de la biotecnología todavía reposan en el horizonte. Dados
los incentivos y la predominancia del sector privado en este dominio,
son pocas las actuales inversiones en biotecnología que tienen como
objetivo aumentar los rendimientos o de que sean útiles para
agricultores pobres (Ruttan, 1999). Es posible que algunos adelantos
tecnológicos avanzados transformen las posibilidades de la producción
en la agricultura. Pero, por la importancia crítica de los alimentos
para el bienestar y el mantenimiento de la vitalidad económica de los
seres humanos, no es aconsejable poner todas nuestras esperanzas
agrícolas en la canasta de la biotecnología. Ni el paradigma
tradicional ni el paradigma de la biotecnología parecen ser suficientes.
Cambios en el crecimiento y la demanda de la
población
La buena noticia es que la tasa de crecimiento de la población está
empezando a descender a nivel global y es bastante drástica en algunos
lugares. Por ejemplo, el número promedio de niños nacidos en Bangladesh
ha descendido de 6.2 a 3.4, en sólo una década, al tiempo que las tasas
de crecimiento de la población están cayendo en la mayoría de los
países en desarrollo. Sin embargo, la rápida expansión previa de la
población mundial ha creado una estructura juvenil formada por millones
de hombres y mujeres que están en sus años más fértiles o cerca de
ellos.
Los demógrafos han retrocedido en sus estimados sobre la máxima
población humana esperada, de un pico de 15-18 mil millones a 8-10 mil
millones de personas. Pero incluso este crecimiento reducido significa
que habrá la mitad o dos tercios más de personas sobre la tierra de las
que ahora viven en ella. Casi todo el aumento de la población se
concentrará en los países menos desarrollados y en gran parte bajo
condiciones de pobreza y desnutrición.
Según estimados de FAO, unos 800 millones de personas sobre la tierra
viven bajo condiciones de hambre y desnutrición perpetuos
(Pinstrup-Andersen y Cohen, 1999). Asegurar la alimentación para ellos
y sus descendientes será más difícil si la provisión total de alimentos
no crece lo suficiente. La forma en la cual se producen los alimentos
debería contribuir a cubrir las necesidades de quienes tienen mayor
inseguridad alimentaria.
En la medida en que el crecimiento de la población sea lento, el mayor
incremento de la demanda por una mayor producción agrícola significará
elevar los ingresos, que es el objetivo de todos los gobiernos y casi
todos los individuos.
Aunque los más ricos gastan proporcionalmente una menor parte de sus
ingresos en alimentos, en total consumen más cantidad de comida, lo
cual en gran parte contribuye a las diferentes clases de enfermedades
que sufren los pudientes.
Los cambios en la dieta que a menudo acompañan a las personas de
mayores ingresos requerirán mayores incrementos en la producción de
animales, y no sólo de granos comestibles, ya que los alimentos de
origen animal desplazan parcialmente a los de origen vegetal. De modo
que haríamos un estimado conservador si decimos que para cubrir las
necesidades económicas y sociales en las próximas tres o cuatro
décadas, el mundo debería estar produciendo por lo menos el doble de
los alimentos que hoy produce.
Consideraciones económicas y de distribución
Con sólo aumentar la oferta de alimentos no se asegura la alimentación
a todos los hogares, comunidades y naciones. Es esencial una
distribución más equitativa de los ingresos y de los alimentos porque
el acceso a los comestibles finalmente depende del poder de compra,
obtenido de cualquier forma. La pobreza, y no la oferta insuficiente,
es la primera y la más importante causa del hambre. Sin embargo, esto
no cambia el hecho de que una adecuada oferta de alimentos sigue siendo
una condición necesaria, aunque no suficiente, para eliminar el hambre
y la pobreza. El acceso a la tierra por los pobres para producir sus
alimentos también es fundamental.
Debido a que los pobres se alimentan pobremente, son muy débiles y
propensos a enfermedades como para sacar el máximo provecho de los
recursos que poseen. Esto reduce su escaso poder y por lo tanto reciben
una pobre compensación por su trabajo (Hart, 1986).
Cuando hay escasez de alimentos, lo que se recorta es el consumo de los
pobres. En forma figurativa, y algunas veces literal, ellos están "al
final de la cola" dentro de una distribución de alimentos que empieza
en la máxima jerarquía socioeconómica. Cuando se ha repartido todo el
alimento disponible, quienes permanecen en la cola pasarán hambre.
Más aún, cuando la demanda excede la oferta, los precios de los
alimentos aumentan, muchas veces en forma drástica. Esto reduce el
ingreso real y en especial reduce aún más los pequeños ingresos de los
pobres y también afecta los modestos ingresos de la clase media.
Está claro que se necesita revisar el tema socioeconómico y político
para reducir la pobreza y el hambre. Pero la preocupación por el
incremento de la oferta se justifica en términos prácticos y éticos.
Quienes están subalimentados necesitan alimentación adecuada y buena
nutrición para alcanzar sus potenciales productivos y humanos, lo cual
no sólo los beneficiará a ellos mismos sino también a otros miembros de
la sociedad.
En la medida en que se presenten deficiencias en la producción y
escasez de alimentos, quienes están bien alimentados notarán que el
crecimiento de la economía de la cual depende su bienestar se está
desacelerando. Los recursos que podrían ser dedicados a otras
inversiones y formas de consumo tendrán que ser empleados para cubrir
las necesidades básicas de alimentos. La inversión de capitales para la
expansión de los sectores no agrícolas tendrá que disminuir en la
medida en que el mundo tenga menor capacidad para alimentar a todos sus
habitantes.
El cambio y la oportunidad
La actual ciencia convencional sostiene que es posible duplicar la
oferta de alimentos y, en la opinión de algunos, ello únicamente será
posible redoblando los esfuerzos por modernizar la agricultura global.
El éxito de la agricultura de alta tecnología basada en la mecanización
de la producción, la dependencia en combustibles fósiles para generar
poder y producir agroquímicos, y las grandes inversiones de capital por
trabajador y por hectárea ha creado en los gobiernos, instituciones de
investigación y agencias de donantes la presunción de que "más de lo
mismo" es la mejor y tal vez la única estrategia para aumentar la
producción de alimentos.
En realidad no existe un único enfoque contrastante sino una variedad
de enfoques alternativos a las prácticas y tecnologías corrientes.
También se cuenta con importantes complementos potenciales entre los
diferentes tipos de prácticas agrícolas. Por lo tanto, el término
"agricultura alternativa" no es muy satisfactorio. La denominación de
"agricultura sostenible", ampliamente difundida y sin duda usada por
los participantes de muchas conferencias, también es discutible porque
sostenibilidad es un contingente de múltiples factores más que una
característica inherente a cualquier práctica o sistema agrícola en
particular.
Pocos sistemas pueden permanecer productivos ante la posibilidad de
cualquier condición adversa. También es más fácil sugerir qué sistema
puede no ser sostenible que saber cuál retendrá indefinidamente su
productividad. Los participantes en la conferencia aceptaron que los
conceptos y terminologías que describen las diferentes prácticas y
tecnologías, y sus proponentes, en campos opuestos -más que en
continuos- no benefician a los principios y propósitos ni a las
personas involucradas en buscar opciones.
Los proponentes de las tecnologías de la Revolución Verde pueden
señalar muchos beneficios obtenidos de estas innovaciones. La
disminución del precio real de los cereales en las tres décadas pasadas
ha sido una contribución importante para aumentar la seguridad
alimentaria en todo el mundo (Conway, 1997). Pero este progreso técnico
ha dejado de lado a millones de campesinos para quienes las tecnologías
no fueron apropiadas por las condiciones ambientales, sociales, de
infraestructura, u otras. Es más, estas tecnologías, particularmente
cuando se usan en los grandes sistemas agrícolas "industrializados",
pueden crear problemas medioambientales que erosionan los ecosistemas y
afectan la salud humana.
Mil millones de personas aproximadamente –la sexta parte de la
población mundial y en mayor porcentaje los pobres- viven y trabajan en
situaciones en las cuales sus actividades agrícolas, ganaderas o
pesqueras no se benefician de las tecnologías agrícolas modernas.
Factores como el tamaño del terreno, lluvias inadecuadas, pobre
fertilidad de los suelos, topografía desfavorable y lejanía de los
mercados, infraestructura e instituciones, hacen que estas tecnologías
no estén disponibles o no sean apropiadas. Esto no debiera causar
sorpresa ya que las tecnologías más modernas han sido desarrolladas y
probadas para tener éxito bajo condiciones más bien favorables que
desfavorables.
Incluso en las áreas mejor dotadas, la sostenibilidad de estas
tecnologías modernas es ahora problemática. La falta de agua y la
erosión del suelo ya se han manifestado como problemas serios para la
industria agrícola. Las aguas de las cataratas en Punjab (India), en
los llanos del norte de China y en las Grandes Llanuras de Estados
Unidos, por ejemplo, podrían amainar las prácticas de producción
"sedientas" en las décadas venideras. Se debe establecer controles en
la agricultura moderna para reducir la escorrentía de químicos,
residuos y la concentración de nutrientes tóxicos por el uso de
agroquímicos y fertilizantes químicos, especialmente la aplicación a
gran escala de grandes cantidades de nitrógeno.
Pero la conferencia no fue convocada para evaluar los futuros
potenciales y limitaciones de las tecnologías de la Revolución Verde.
Los datos y análisis considerados en Bellagio se relacionan con los
potenciales y problemas de diversas alternativas o complementos a estos
enfoques intensivos en capital para aumentar la producción agrícola.
Nuevos enfoques para la innovación en agricultura
La característica más importante que hemos considerado es que los
nuevos enfoques deben estar basados en el pensamiento agroecológico,
tácita o explícitamente, para lograr una producción incrementada. Esto
significa que deben capitalizar en procesos biológicos y naturales más
que depender principalmente de la innovación química, de ingeniería o
genética.
Los enfoques agroecológicos buscan crear condiciones óptimas de
crecimiento para las plantas y los animales, no como especímenes
individuales sino como parte de ecosistemas más grandes, donde se
provee y recicla nutrientes y otros servicios ecológicos en forma que
les permita beneficios mutuos (Altieri, 1995). En particular, no se ve
al suelo como un repositorio para la producción de insumos o como un
terreno sujeto a explotación, sino como un sistema viviente donde macro
y microorganismos interaccionan con la materia orgánica y mineral.
Tales enfoques alternativos pueden ser descritos como tecnologías de
bajos insumos (e.g. Sánchez y Benites, 1987), pero esta denominación se
refiere a los insumos externos requeridos. La cantidad de mano de obra,
habilidad y manejo que se requiere como insumos para hacer más
productivo el terreno y otros factores de la producción es muy
sustancial. Por tanto, en vez de centrarse en lo que no se está usando,
es mejor enfocar aquello que es más importante para aumentar la
producción de alimentos – mano de obra, conocimientos y manejo.
Los enfoques agroecológicos alternativos se basan en la medida de lo
posible en el uso de los recursos locales disponibles, aunque sin
rechazar el uso de insumos externos. Los agricultores no pueden
beneficiarse de tecnologías que no están disponibles, no pueden pagar o
no son apropiadas para sus condiciones. La compra de insumos presenta
problemas y riesgos especiales para los agricultores con menor
seguridad, particularmente en los lugares donde las ofertas y las
facilidades para el crédito son inadecuadas.
Como cualquier buen productor en cualquier lugar, los agricultores
pequeños y marginales deben esforzarse para optimizar su producción
dentro de las limitaciones reales que enfrentan, Aunque ellos tienen
necesidades inmediatas y urgentes para la producción (una tasa de
descuentos elevada), la mayoría saben que necesitan conservar la base
de los recursos de la cual dependen sus posibilidades de producción.
La conferencia consideró una amplia variedad de sistemas de producción,
no entendidos simplemente como " tecnologías". En tales sistemas se
maneja un rango considerable de insumos y productos que tienen
múltiples objetivos.
Los sistemas agroecológicos no están limitados a lograr una baja
producción, como algunos críticos han aseverado. El aumento de la
producción de 50% a 100 % es bastante común con la mayor parte de los
métodos de producción alternativos. En algunos de estos sistemas, los
rendimientos de los cultivos de los cuales dependen más los pobres
–arroz, frijoles, maíz, yuca, papa, cebada- se han multiplicado varias
veces gracias a la mano de obra y el conocimiento, y capitalizando en
los procesos de intensificación y sinergia más que comprando insumos
caros.
Más importante que los rendimientos, es posible elevar
significativamente la producción total por medio de la diversificación
de los sistemas agrícolas, tales como criar peces en las pozas de arroz
o desarrollar cultivos en los límites de las pozas en Bangladesh, o
añadiendo cabras o aves al sistema doméstico en muchos países. Los
enfoques agroecológicos aumentaron la estabilidad de la producción como
se ve en los menores coeficientes de variancia del rendimiento de
cultivos por el uso de un mejor manejo del suelo y el agua (Francis,
1988; también datos de varios estudios de caso). Sin embargo, es
difícil cuantificar todo el potencial de tales sistemas diversificados
e intensificados porque se tienen muy pocos resultados de investigación
y experiencias para establecer los límites.
Actualmente no puede determinarse cuán sostenibles serán tales sistemas
de producción porque muchos están en uso muy recientemente. Pero las
prácticas empleadas buscan restablecer la cantidad de nutrientes y
mantener la calidad del suelo, la sanidad del cultivo y la
biodiversidad. Por tanto no hay razón para pensar que estos nuevos
sistemas sean menos sostenibles que aquellos que dependen de los
químicos, la mecanización y los insumos externos. Un gran número de
sistemas con base agroecológica se reportaron posteriormente, algunos
de los cuales han exhibido sostenidas duplicaciones de rendimiento por
25 y hasta 50 años.
Los enfoques agroecológicos están aumentando la producción bajo
condiciones ambientales que están lejos de ser las ideales, tal como
laderas erosionadas en América Central, altas mesetas áridas en los
Andes, áreas semiáridas en el Sahel Occidental africano, tierras
exhaustas en Africa del Este y del Sur, zonas forestales marginales en
Madagascar, áreas superpobladas en Malawi, llanos inundados en
Bangladesh, las zonas en conflicto de Sri Lanka, las zonas de
pendientes de Filipinas y los bosques marginales remotos de Indonesia.
Que se pueda aumentar el rendimiento al doble o más en estas áreas se
debe en parte a la escasa base de la producción a partir de la cual
comienzan estos agricultores. Sin embargo, los niveles de rendimiento
absolutos también pueden ser mayores. Estas son áreas donde la
necesidad de incrementar la producción es mayor y donde el suelo, clima
y otras condiciones son más desfavorables. Muy relacionado a escasa
dotación de recursos y a las necesidades humanas urgentes, los niveles
de producción recién obtenidos son bastante significativos y
proporcionan alimento directamente a los hogares que son más
vulnerables a la inseguridad alimentaria.
Incluso se han obtenido incrementos significativos en la producción.
Algunos de los resultados más impresionantes de estos nuevos enfoques
se han logrado en Africa, un continente con serio déficit de alimentos
y grandes limitaciones. Con la debida atención al suelo, manejo de los
nutrientes y del agua es seguro que se puede lograr una expansión
sustancial de la producción.
No todas las innovaciones agrícolas funcionan bajo las mismas
condiciones. Por ejemplo, cuando el suelo carece de ciertos nutrientes
o la lluvia es escasa o poco confiable, las buenas prácticas
agroecológicas pueden superar tales limitaciones y alcanzar niveles de
producción razonables. Es indudable que algunas de estas prácticas
mejoran el estado de los nutrientes del suelo y la capacidad de
retención de agua, introduciendo así la posibilidad de restauración o
aprovechamiento del suelo. Las especies leguminosas silvestres como
canavalia o tephrosia pueden crecer e incluso enriquecer el suelo,
donde parece imposible que crezcan plantas.
En los lugares donde la mano de obra constituye una limitación, algunas
de estas innovaciones no son prácticas porque requieren más trabajo.
Sin embargo, cuando se combina frijol terciopelo (mucuna) con maíz,
usados como cultivo de cobertura añadido al suelo después de cortado,
se reducen los requerimientos de mano de obra y al mismo tiempo el
suelo se protege de la erosión y se enriquece por la fijación del
nitrógeno en las raíces de las leguminosas, lo cual incrementa el
rendimiento en 35 –40 por ciento (Thurston et al., 1994).
Todas las tecnologías que hemos considerado requieren manejo y
conocimiento intensivo, y la mayoría de ellas necesita un tiempo
considerable para desarrollar y diversificarse en forma satisfactoria
para los usuarios. El éxito depende, en gran medida, del mejoramiento
de la capacidad humana para tomar decisiones, manejar los recursos,
adquirir información y evaluar los resultados. Aunque tales actividades
se ven sólo como un costo de producción desde el punto de vista
convencional, cuando los agricultores las adoptan, se incrementa su
nivel de pericia, conocimientos y toma de decisiones. Esto permite a
los agricultores ser más productivos en el futuro.
Por tanto, las actividades que mejoran los recursos humanos deben ser
consideradas como beneficiosas para los agricultores y no solamente
como un costo. Practicar una agricultura con mayor intensidad de manejo
y conocimientos e involucrarse en la experimentación y evaluación que
aumenta el capital humano en el sector agrícola, es una forma más
progresista de agricultura. Esto también tiene el efecto de dar mayor
confianza y habilidad a los agricultores para resolver problemas.
Énfasis en los procesos
Una conclusión importante de la conferencia fue la preocupación por los
procesos por medio de los cuales se desarrollan, mejoran y difunden las
nuevas prácticas agrícolas, más que por los sistemas de producción y
las tecnologías examinados. Estos nuevos enfoques han surgido de la
amplia experiencia y experimentación -parte de ella de los propios
agricultores- con frecuencia estimuladas por las organizaciones no
gubernamentales (ONG), instituciones de investigación y universidades.
En algunos casos agencias gubernamentales han empezado a trabajar en
una nueva interrelación menos dirigida y más colaborativa con los
agricultores.
La práctica está muy por encima de la teoría en esta área, porque la
agroecología proporciona un fundamento teorético básico y válido para
comprender y ayudar a establecer estos cambios en las prácticas de
producción. Lo que ahora se considera innovaciones, con frecuencia no
lo son, al menos no para los agricultores.
La Agroforestería, por ejemplo, que fuera "descubierta" por donantes,
investigadores y gobiernos en los 70, es casi tan antigua como la
propia agricultura y en ella se han combinado plantas perennes con
animales y cultivos anuales. (Esta fue una de las razones para el
subtítulo de nuestra conferencia, la cual ha yuxtapuesto nuevos
paradigmas y prácticas antiguas). La agroforestería se ha convertido en
una nueva ciencia aplicada en el campo del manejo de los recursos
naturales (Izac y Sánchez, 1999).
Como discutiremos más adelante, hay una metodología emergente para la
innovación agrícola que es tan importante como las tecnologías que
resultan de ella. Este enfoque se basa en una participación activa de
los agricultores –indudablemente, en el liderazgo de los agricultores-
en un proceso de identificación de problemas y necesidades para
comenzar y guiar los procedimientos; de determinar y escoger entre
posibles soluciones; de probar, monitorear y evaluar los resultados de
las nuevas prácticas; y de ayudar a difundir los resultados
considerados beneficiosos. Este proceso puede ser caracterizado como
desarrollo tecnológico participativo, investigación y extensión
centradas en el agricultor, o mejoramiento agrícola de agricultor a
agricultor.
Esta metodología es más importante que cualquier otra, en particular
porque la agricultura sostenible requiere una continua adaptación y
cambio en las prácticas y estrategias; algo es necesario para lograr
cambios en las condiciones ambientales, económicas y en otras que
afectan la productividad y las utilidades de actividades y cultivos
específicos.
De este modo, los nuevos enfoques se distinguen tanto por la forma en
que son desarrollados por y para los agricultores, como por las
tecnologías en sí. El conocimiento local se complementa y se elabora a
partir del conocimiento que científicos e investigadores pueden aportar
al proceso colaborativo de desarrollar posibilidades tecnológicas.
Hay una especial necesidad por la innovación en las áreas rurales a las
cuales no han llegado las opciones de la Revolución Verde. Para que sus
problemas de seguridad alimentaria sean resueltos, los medios para
aumentar la producción deben estar dentro de los alcances y la
comprensión de los propios agricultores.
¿Hacia dónde deben dirigirse los esfuerzos?
La Revolución Verde obtuvo sus mejores resultados de productividad en
los lugares de más fácil acceso, en áreas con las mejores condiciones
de suelo y clima, y en general con agricultores aventajados, de mayor
nivel educativo. El mayor reto ahora es incluir y beneficiar áreas y
personas menos dotadas.
Tales regiones y personas son consideradas por lo general "marginales".
Este término se refiere apropiadamente a aquellos ubicados en márgenes
de las áreas agrícolas más prósperas y de la corriente económica. Con
frecuencia el término implica, sin embargo, que estas personas y
lugares no son productivos y por lo tanto no es rentable invertir en
ellos.
Esta visión es tomada por algunos como una justificación al hecho de
ignorar tales áreas o de darles ayuda en forma caritativa, sin esperar
elevar su productividad en forma significativa. Otros, incluyendo la
comunidad internacional de investigadores, ven las áreas marginales
como oportunidades para obtener mejoras sustanciales en la seguridad
alimentaria, disminución de la pobreza y conservación del medio
ambiente en una serie de situaciones exitosas.
Hay evidencia creciente de la investigación económica, que dirigir las
inversiones principalmente hacia las áreas y poblaciones mejor dotadas,
no tiene sustento desde el punto de vista empírico, pues se han hecho
inversiones considerables en dichas áreas y éstas registran menores
retornos a los insumos de capital.
En consecuencia, no debe causar sorpresa que las inversiones en las
áreas más pobres, seriamente descapitalizadas, puedan producir retornos
marginales mayores que las inversiones en las áreas más ricas (Hazell y
Fan, 2000). Aunque éstas no son las primeras en términos absolutos, con
inversiones apropiadas, es decir, favorables para sus condiciones y
necesidades, pueden ser más productivas en términos relativos.
¿Cuáles serían las inversiones apropiadas? Sólo en casos especiales las
tecnologías desarrolladas para áreas favorecidas podrían ser
productivas en áreas marginales y más pobres. Como regla, las nuevas
tecnologías tendrán que ser modificadas, adaptadas o desarrolladas de
novo a partir de prácticas y conocimientos preexistentes.
Las posibilidades para "transferencia de tecnología" desde las áreas
favorables a las marginales fueron discutidas en la conferencia. Este
aspecto fue considerado en general un concepto no apropiado para las
áreas marginales, donde se tiene que tratar con mucha mayor
heterogeneidad y variabilidad. Allí, la tecnología tiene que ser
ajustada y adaptada más extensivamente que en los lugares donde los
buenos climas y suelos favorecen el monocultivo y la inversión de
grandes capitales.
Que una tecnología sea productivamente sostenible depende de las
condiciones locales y tales condiciones varían ampliamente e incluso
cambian. El desarrollo de una agricultura más apropiada y productiva
bajo circunstancias cambiantes y diversas será más exitosa en la medida
en que se involucre más activamente a la población rural para
estructurar y manejar el proceso.
Comprometerse en un proceso de esta naturaleza aumentará los
conocimientos, habilidades y confianza de los agricultores, y les dará
una mayor capacidad para enfrentar los retos y problemas futuros, ya
sea que éstos estén dentro del ámbito de la agricultura o fuera de él.
Es crucial que los agricultores tengan más capacidad para adaptarse a
los continuos cambios, debido a que no existen soluciones tecnológicas
permanentes, especialmente con el crecimiento y fortalecimiento de
globalización de la economía y la cultura.
Principios agroecológicos
Nos dimos cuenta de que nuestra discusión continuamente iba y venía
entre consideraciones biofísicas y socioeconómicas. Es indudable que
una perspectiva ecológica debe aclarar que los factores no pueden ser
entendidos en forma aislada. El progreso requiere que seamos
analíticos, críticos y que evaluemos nuestro modo de pensar, pero
también que sinteticemos y tengamos un entendimiento holístico.
Se discutieron ciertos principios agroecológicos claves que podrían
aplicarse para elevar la productividad agrícola en forma sostenible
(Altieri, 1995):
Biodiversidad a todo nivel, para mantener mayor
elasticidad y riqueza en los sistemas ecológicos;
Sinergia para lograr mayor producción a partir de insumos definidos
gracias al refuerzo de las interacciones entre cultivos, suelos,
insectos, plantas, animales, microorganismos, etc.
Dinamismo, reconociendo y capitalizando un continuo cambio de los
organismos y sistemas vivientes, tales como el proceso de reciclaje de
los nutrientes.
Valor agregado a la productividad de recursos tales como un mejor
mantenimiento de la calidad del suelo;
Conservación y regeneración para minimizar las pérdidas de los sistemas
y reforzarlos de acuerdo a los principios anteriores; y
Adaptación e innovación para lograr cambios en las condiciones del
medio ambiente y desarrollar continuamente nuevas formas para resolver
problemas.
De nuestras discusiones se dedujo que los principios de la agroecología
también son apropiados para comprender cómo obtener mayor productividad
a partir de los sistemas socioeconómicos y culturales a nivel local y
de la comunidad y a partir de sistemas político-económicos a nivel
nacional y más allá.
La diversidad, por ejemplo, es un principio que se aplica más allá del
campo de los ecosistemas, porque la diversidad cultural brinda
beneficios similares que los de la biodiversidad. La sinergia se ve en
estos otros campos cuando se añaden positivamente soluciones que surgen
de la consulta y el acomodo de mútiples intereses.
Un enfoque agroecológico expande sus horizontes para el análisis y la
intervención tomando todo el paisaje o las asociaciones de flora como
el punto central y no sólo un cultivo o campo en particular. El control
de plagas y enfermedades, por ejemplo, puede ser mejorado si se
mantienen diversas combinaciones de cultivos y plantas no cultivables y
se usan plantaciones de borde o cercos. También, aunque los cultivos
alternos no logran el mejor rendimiento posible de un cultivo en
particular, la productividad del área cultivada total se puede
incrementar considerablemente en esta forma.
Un enfoque agroecológico busca también mantener un flujo continuo de
servicios ecológicos del paisaje, que incluye las áreas cultivadas, los
pastizales, áreas silvestres y las zonas de pesca. En la forma
convencional en que la agricultura es concebida, evaluada y manejada,
se da escasa atención a proteger el suelo de la erosión, retener y
almacenar agua, filtrarla para mejorar su calidad, cuidar la fauna que
poliniza la flora, controlar los cambios de temperatura y otros
servicios.
La agricultura convencional se ha convertido algunas veces en una
amenaza para el medio ambiente en los lugares donde prevalece la
dependencia en químicos y el monocultivo a gran escala. La agricultura
debería ser al menos benigna para el medio ambiente y tener efectos
benéficos donde sea posible.
Afortunadamente, la agricultura puede ser diseñada y practicada en
diferentes formas para aumentar el potencial productivo en lugar de
agotarlo (Power, 1999). Los enfoques agroecológicos que incluyen el
poder de recuperación de plantas y microorganismos pueden ayudar a
restaurar áreas que antes no fueron productivas o que ahora ya no lo
son.
Ejemplos de enfoques agrícolas innovadores
De los estudios de caso y los análisis comparativos presentados en la
conferencia se hizo evidente que el uso de procesos biológicos y
potenciales no es una forma de "retroceso" de la agricultura. Los
resúmenes siguientes constituyen una muestra de las experiencias
compartidas por los participantes en sus presentaciones.
África
Kenia
En el semiárido distrito de Machakos, durante 60
años, las familias invirtieron en una gran variedad de prácticas de
mejoramiento del terreno acompañadas de patrones de cultivo que
respondían a las oportunidades del mercado. Entre estas prácticas
estaban el uso de terrazas, encierro del ganado y uso del estiércol,
plantar árboles y cercos, almacenar el agua en lagunas y otras
estructuras. La mayoría fue desarrollada por agricultores y llevada a
cabo sin ninguna ayuda o guía del gobierno. Esto permitió a las
familias de Machakos elevar su productividad agrícola por hectárea once
veces más, muy por encima del incremento de la población en cinco veces
durante la misma época (Tiffen et al., 1994).
Según Tiffen (1999), "el sistema agrícola practicado en los 90 requiere
mucho mayor juicio, conocimiento e información que el antiguo sistema
de los años 30 orientado a la subsistencia". La cantidad de cambios
sustanciales aplicados por los agricultores a sus sistemas de
producción se puede apreciar en la siguiente tabla, que muestra cómo
han sido de innovadores los agricultores activos.
Principales
fuentes de ingreso de dinero en las fincas del Distrito de Machakos,
Kenia, 1945-1990
Poblado
1945
1960
1990
Kagundo
Trigo, garbanzos,
culantro, azúcar,
banano, otros cultivos,
vacunos, leche
Frutales, hortalizas,
café
Café, frijoles
Mbooni (hombres)
Ganado, cultivos
alimenticios
Azúcar, papas,
wattle, ganado
Café, hortalizas,
árboles
Mbooni (mujeres)
Ganado, cultivos
alimenticios
Cultivos alimenticios,
ganado
Café, hortalizas,
artesanía
Masli (hombres)
Vacunos, mijo
Ganado, mijo
Algodón, frutales, frijol,
pawpaw, tomate, maíz,
ganado
Masli (mujeres)
Vacunos, grasa animal
Caprinos, vacunos
Arvejas, frijoles, maíz,
mangos
Makueni
-
Caprinos, arvejas,
frijoles, maíz, garbanzos
Frutales, algodón
Ngwata (hombres)
-
(1965-70)
carbón, miel, marfil
Maíz, frijoles, ganado,
caupí, carbón,
garbanzos
Ngwata (mujeres)
-
Remesas y ayuda
del hogar
garbanzos, sorgo,
caupí, carbón, ganado
Fuente: Entrevistas con líderes de los
poblados en 1990, informe de Tiffen et al (1994), Cuadro 10.1.
Madagascar
El sistema de intensificación del arroz (SRI, en inglés) promovido por
la Association Tefy Saina, una ONG de Malagasy, fue desarrollado por un
sacerdote francés quien trabajó y experimentó con agricultores de este
país durante los 70 y 80. Logró un alto incremento de los rendimientos
del arroz en suelos pobres cambiando las prácticas de manejo del
complejo planta-suelo-agua-nutrientes. Los cambios fueron bastante
radicales: las plántulas transplantadas muy jóvenes, más bien solas que
en grupos y dejando gran espacio entre ellas. Durante la etapa de
crecimiento vegetativo se regaba y se dejaba secar el suelo en forma
intermitente en vez de mantener el campo con agua constante.
En los lugares donde el arroz irrigado producía 2 toneladas por
hectárea, los rendimientos con SRI variaban de 4 a 10 toneladas e
incluso más dentro de una amplia variedad de niveles de elevación y
precipitación, sin necesidad de nueva semilla ni aplicación de
fertilizantes químicos. Los métodos SRI dieron estos resultados con
todas las variedades de arroz, aunque algunas variedades mejoradas, si
eran apropiadas para el área, producían rendimientos en el rango de
10-20 toneladas. Donde el fertilizante es muy caro o no está disponible
se usa compost (Uphoff, 1999). El nombre Tefi Sayna significa "mejorar
la mente" porque usa la experiencia con SRI para alentar una mayor
experimentación entre los agricultores.
Senegal
El Centro de Agricultura Regenerativa apoyado por el Instituto Rodale,
una ONG americana, ha desarrollado medidas con cientos de agricultores
en la región semiárida de Thies (precipitación promedio 400 mm) para
prevenir la erosión del suelo por el agua y el viento y para mejorar la
fertilidad del suelo. Las medidas consistían en introducir árboles y
arbustos de leguminosas como rompevientos y fuentes de materiales
orgánicos, rotación y alternancia de leguminosas y cereales,
particularmente maní y mijo, más el uso de estiércol o compost.
Los ensayos manejados por agricultores en siete localidades en un
período de cinco años demostraron que si se añade compost al estiércol
se aumenta el rendimiento del mijo y el maní de 30 a 74 por ciento.
Compost y estiércol juntos dieron rendimientos de 95 a 105 por ciento
mayores que los de las parcelas de control que no recibieron ningún
tipo de nutriente orgánico (Diop, 1999). Las barreras de piedra para
almacenar agua demostraron que incrementaban de 3 a 5 veces la
capacidad del suelo para retener agua en un período de cinco años. Los
agricultores están participando en el manejo del Centro así como en el
mejoramiento de su propia finca.
Mali
En el distrito de Douentza, una área más árida, con una precipitación
anual de tan sólo 150 mm, una estación seca de 9 a 11 meses y sequías
frecuentes, el Comité de Servicios Unitarios de Canadá ha estado
trabajando con 18 poblados desde 1987. Según los estándares de FAO para
estimar los requerimientos de alimentos, el distrito ha estado
produciendo no más del 75 por ciento de sus necesidades de alimentos
incluso en los mejores años.
Una combinación de prácticas de conservación de suelo y agua ha
demostrado que los rendimientos de mijo y sorgo pueden ser
incrementados con seguridad en un 50 por ciento, lo que haría por lo
menos autosuficiente a la población de esta remota área. Las técnicas
de almacenamiento del agua para proteger 4,000 hectáreas de terrenos
arables han ayudado a aumentar los rendimientos hasta 1.7 toneladas por
hectárea, bastante lejos del nivel de 0.6 toneladas, previamente
considerado un buen rendimiento. Los huertos de hortalizas y árboles
frutales contribuyen más a la seguridad alimentaria en esta remota área
(Fofana, 1999). Estos cambios se están llevando a cabo por medio de
discusiones y planificación con las comunidades.
Malawi
El Centro Internacional para el Manejo de los Recursos Acuáticos
Vivientes (ICLARM) ha estado trabajando con pequeños agricultores de
este país para introducir la acuicultura de una forma integral. Los
estanques de las fincas no son operadas como actividades de producción
separadas sino que están situadas cerca de huertos de hortalizas a fin
de utilizar y reciclar en conjunto el flujo de nutrientes. Cientos de
pequeños propietarios producen ahora 1.35 a 1.65 toneladas promedio de
pescado por hectárea por año en sus estanques. Esto es 50 a 80 por
ciento más que el rendimiento promedio de 0.9 toneladas para las 48
piscigranjas especializadas más productivas del sur de Malawi
(Brammett, 1999).
Los estanques, que son alimentadas en su mayor parte de los residuos
del huerto y del hogar, generan tres veces más ingresos netos para una
familia que el maíz y otros cultivos. El sistema se está difundiendo de
un agricultor a otro. Una encuesta en el distrito de Zomba halló que el
80 por ciento de los agricultores que practican la pesca integral en su
finca nunca tuvieron una demostración de esta práctica. En Zomba del
Este, donde ICLARM trabajó con 34 campesinos en 1991-1995, actualmente
225 tienen piscigranjas en práctica. Este proceso de intensificación
está avanzando espontáneamente sin ninguna ayuda exterior.
Nigeria
Un estudio de largo plazo del cambio agrícola desde 1900 (Tiffen 1976,
y 1999) documenta cómo en Gombe, en la parte norte del país, los
métodos de bajos insumos externos condujeron a avances significativos
en los rendimientos. En particular, el estiércol de vacuno se usó para
sembrar maíz, algodón y otros cultivos en una escala creciente.
En años más recientes, sin embargo, estos métodos han sido modificados
bajo la presión del incremento de la población, apoyada en parte por
los éxitos agrícolas. Este caso señala la capacidad de cambio de la
agricultura. En 1967 el maíz no era un cultivo importante; 20 años
después, representa un producto de exportación significativo a otras
regiones de Nigeria.
Zambia y Kenia
El Centro Internacional para la Investigación en Agroforestería (ICRAF)
ha estado tratando de solucionar las limitaciones de la fertilidad del
suelo en Africa por diversos métodos. Durante un período de barbecho de
dos años, las hojas y las raíces de los arbustos de leguminosas
acumulan unos 200 kg de nitrógeno por hectárea. Cuando éste se
incorpora al suelo, el terreno puede resistir dos o tres cultivos
subsecuentes de maíz duplicando o cuadruplicando los rendimientos del
maíz (Sánchez 1999). Alrededor de 10,000 agricultores en Africa del Sur
están usando ahora sesbania, tephrosia, gliricidia y otras leguminosas
en esta forma. Esta práctica les da por hectárea la cantidad de
nitrógeno equivalente a unos US$240 de fertilizante (Kwesiga et al.,
1999).
El girasol silvestre (Tithonia diversifolia) que tiene altas
concentraciones de nitrógeno, fósforo y potasio en su biomasa se está
usando como abono verde en Kenia para incrementar los rendimientos del
maíz y hortalizas (Buresk et al. 1997). El ingreso de dinero en
efectivo de las familias puede aumentar en 10 veces con esta fuente
orgánica de mejoramiento de la fertilidad.
Los fosfatos de las rocas fosfóricas de alta reacción se usan para
superar las deficiencias de fósforo en el suelo. Estas tecnologías son
consideradas como un medio de dar poder, no sólo producción. Sánchez
(1999) citó la frase de un agricultor de Zambia: "La agroforestería ha
restaurado mi dignidad. Mi familia ya no padece hambre; incluso puedo
ayudar a mis vecinos".
Resumen de la región
El Centro para el Ambiente y la Sociedad de la Universidad de Essex, en
el Reino Unido, ha llevado a cabo una evaluación de los proyectos o
iniciativas para las alternativas a la agricultura sostenible a lo
largo de Africa. Una revisión de 45 de ellos en 17 países africanos fue
presentada en la conferencia (Pretty, 1999). Estos proyecto o
iniciativas involucran a unas 730,000 familias campesinas cubriendo
600,000 y 900,000 hectáreas de tierra bajo prácticas agroecológicas.
El mejoramiento de los rendimientos del maíz y los bananos en estos
países estuvo entre 50 y 100 por ciento; y el de la papa hasta 200 por
ciento. Los menores incrementos en rendimiento estuvieron en el rango
de 5 a 10 por ciento. Los beneficios adicionales fueron la
diversificación de la producción, particularmente por medio de huertos
hortícolas que producían todo el año, incluso en la estación seca, o la
producción de peces en estanques, y la recuperación de tierras para
futura producción.
América Latina
América
Central
La ONG internacional World Neighbors comenzó a trabajar con las
comunidades de los alrededores de San Martin Jilotepeque, Guatemala, en
1972, y en los alrededores de Guinope, Honduras en 1981. Ellos han
obtenido algunos incrementos trascendentales donde los agricultores son
típicamente pequeños (0.5 y 2.5 hectáreas respectivamente) y la
topografía, los suelos y las precipitaciones son limitantes. En siete y
ocho años los rendimientos de maíz con los dos programas crecieron de
0.4-0.5 toneladas por hectárea a 2.5 toneladas, un gran salto. Este
aumento se logró por medio de medidas de conservación del suelo,
agregado de nutrientes –estiércol de pollo, abonos verdes y/o
fertilizantes químicos- y otras mejoras en el manejo.
La estrategia de la experimentación del agricultor y la extensión de
agricultor-a-agricultor que estos programas desarrollaron, condujeron a
continuos incrementos auto-manejados en la productividad. En el caso de
Guatemala, sin ayuda externa después de 1979 (y una guerra civil que
devastó el área), los rendimientos de maíz aumentaron hasta 4.5
toneladas por hectárea en 1994, y en el caso de Honduras, hasta 3.7
toneladas. Hacia 1994 los rendimientos promedio del frijol eran de 1.35
toneladas por hectárea en los cuatro poblados de los dos países (Bunch,
1999). El enfoque agricultor-a-agricultor desarrollado por medio de
estos programas (Bunch 1982) se ha extendido hacia otros países.
Región andina
World Neighbors comenzó a trabajar con las comunidades rurales en Perú
en 1970 y en Bolivia en 1975. Otro programa fue iniciado en Ecuador en
1989. Los métodos de experimentación y extensión para agricultores han
sido la base de estos programas. Una vez que los agricultores peruanos
se involucraron en las pruebas y evaluaciones sistemáticas de
diferentes variedades de papa y cebada, así como en diferentes
prácticas de cultivo, lograron diferencias en el rendimiento de hasta
300 por ciento. Este resultado les permitió hacer mejores elecciones y
obtener mayores retornos de su terreno y mano de obra. También notaron
que las variedades producen resultados muy diferentes según el ambiente
particular en el cual se desarrollan.
En Bolivia, donde el promedio de precipitación es sólo 500 mm en las
áreas montañosas, los agricultores, iletrados en su mayoría, realizaron
experimentos con parcelas randomizadas y mediante pruebas de
significación estadística descubrieron que las diferencias en
variedades y prácticas de manejo producen gran variación en los
rendimientos de la papa. Las parcelas testigo produjeron hasta 44
toneladas por hectárea, comparadas con el promedio tradicional de 2
toneladas, incluso bajo condiciones difíciles de suelo y agua.
La papa es el principal cultivo alimenticio de la región. Se sabe que
usando estiércol de oveja en los campos se elevan los rendimientos
hasta en 5 toneladas por hectárea. Los agricultores que trabajan con
World Neighbors aprendieron de los experimentos que podían alcanzar las
8 toneladas si cultivaban lupino como abono verde y luego lo mezclaban
con el suelo para incrementar la materia orgánica y el nitrógeno.
Combinando lupino con estiércol de oveja la producción puede llegar
hasta 12 toneladas. Los cálculos de costo de producción mostraron que
una inversión de $18 de semilla de lupino más mano de obra podría
producir US$1200 más de valor de las papas (Ruddell y Beingolea, 1999).
Brasil
En este país se ha visto una adopción amplia de los abonos verdes y
cultivos de cobertura, que incrementan la actividad biológica y la
retención del agua en el suelo. Un estimado de 40,000 agricultores usan
ahora variaciones de esta tecnología en el sur de Brasil. Algunos usan
equipo mecánico pesado y herbicidas, pero otros están desarrollando
métodos más amigables para el medio ambiente como labranza mínima sin
herbicidas. Desde 1987 los rendimientos del maíz se han elevado de 3
toneladas por hectárea a 5 toneladas, y la soya de 2.8 a 4.7 toneladas
por hectárea (Altieri, 1999).
Cuando se mantiene la cobertura del suelo en esta forma se mejora
enormemente la calidad del suelo y ello genera menor necesidad de mano
de obra. Las especies de leguminosas y las prácticas de cultivo que
funcionan mejor son específicas para cada lugar, por lo tanto, se
requiere mucha experimentación y adaptación. Se está difundiendo
ampliamente un proceso de experimentación de agricultores, apoyado por
ONGs y otras organizaciones. Los propios agricultores han formado
asociaciones para facilitar el intercambio de información.
Resumen de la región
Desde comienzos de los 80, más de 200 proyectos promovidos por las ONG
de América Latina se han concentrado en promover tecnologías
agroecológicas apropiadas a las complejidades del sistema campesino.
Los cultivos múltiples (policultivos) han demostrado ventaja en el
rendimiento de 20 hasta 60 por ciento. En México, una hectárea sembrada
con una mezcla de maíz, zapallo y frijoles produce tanto alimento como
1.73 hectáreas de terreno sembrado sólo con maíz. Un campo con
múltiples cultivos también produce el doble de materia seca (4
toneladas vs. 2 toneladas) que puede ser incorporada al suelo para
mantener la fertilidad (Altieri 1999). Otra ventaja de tales sistemas
es la mayor estabilidad del rendimiento cuando se dan variaciones
climáticas, con un coeficiente de variabilidad en promedio 30 por
ciento menor que con el monocultivo (Francis, 1986).
El uso de cultivos de cobertura se está difundiendo en América Central
y del Sur. En Nicaragua, el movimiento de Campesino a Campesino ha
movilizado unos 1,000 participantes en una cuenca sembrando leguminosas
como cultivo de cobertura para recuperar terrenos degradados. El uso de
fertilizantes químicos se redujo de 1.7 toneladas por hectárea a 0.4
toneladas, mientras que los rendimientos se incrementaron de 0.7 a 2
toneladas por hectárea, con una reducción de 20 por ciento en los
costos de producción (Buckles et al., 1998). En algunos lugares se ha
dejado de usar los cultivos de cobertura por los cambios en el ambiente
económico, como el costo de oportunidad de mano de obra, pero se están
extendiendo hacia otras áreas donde existen mejores condiciones
biofísicas y socioeconómicas (Neill y Lee, 1999).
Asia
Bangladesh
El Programa Arroz-Peces fundado por el Departamento para el Desarrollo
Internacional del Reino Unido y la Unión Europea, y administrado por
CARE/Bangladesh, está trabajando actualmente con unas 150,000 familias
rurales para expandir la producción de arroz dentro de sistemas
agrícolas integrados que también practican el manejo integrado de
plagas (MIP) con bajos insumos externos. El programa busca optimizar el
uso de los recursos naturales disponibles y una mayor productividad del
uso de la tierra. Aumentando el rendimiento del arroz de 3.8 toneladas
por hectárea a 4.1 toneladas con una reducción de costos del 18-30 por
ciento se logra elevar los ingresos de los agricultores participantes
hasta un 50 por ciento más que los de los agricultores testigo del
área, quienes tienen activos similares pero no participan en el
proyecto.
Los resultados se han estabilizado con una variancia reducida de la
producción del orden del 50 por ciento, comparada con la de los
agricultores testigo. Si se crían peces en los arrozales y se usan
cultivos de hortalizas en los bordes de las pozas, se puede alcanzar un
ingreso de hasta $240 por hectárea. Esto es casi el doble del ingreso
obtenido por una hectárea con sólo arroz. Estas prácticas se han
desarrollado y se han extendido por medio de las Escuelas de Campo para
Agricultores. Estas escuelas aplican métodos de alta participación y
siguen el ejemplo del programa MIP de Indonesia, desarrollado en los
últimos 10 años con el apoyo de FAO (Oka, 1997). El programa
Arroz-Peces pretende ahora alcanzar a un millón de familias a partir
del próximo año (Dessilles, 1999).
Sri Lanka
Un programa similar de manejo integrado de plagas y cultivo se ha
puesto en operación en este país, administrado por CARE y con apoyo
técnico del Instituto de Recursos Naturales del Reino Unido. Como el
programa MIP de Bangladesh, éste también usa la metodología de las
Escuelas de Campo de Agricultores, la cual desarrolla las habilidades
analíticas y de observación del agricultor en lugar de sólo enseñarles
métodos de control de plagas. En la temporada de 1997-98, los
rendimientos de arroz de agricultores que usaron métodos aprendidos en
la escuela de campo fueron de 11 a 44 por ciento más elevados que los
de agricultores que no recibieron capacitación en los mismos distritos,
y sus ingresos netos fueron 38 a 178 por ciento mayores debido al menor
costo de producción.
El programa abarca tanto cultivos de hortalizas como arroz. El
incremento en los rendimientos con la capacitación en MIP para la
producción de hortalizas estuvo entre el 7 y el 44 por ciento, con un
incremento en los ingresos entre 12 y 129 por ciento para estos
cultivos.
Hay una difusión rápida debido al método de agricultor a agricultor.
Los resultados de 20 encuestas indican una expansión 13 veces mayor en
el uso de MIP. Con un total de 4,287 agricultores capacitados, unos
55,000 agricultores usan ahora estos métodos (Jones, 1999). Esta
difusión muestra el potencial de la diseminación, incluso de
tecnologías complejas, liderada por agricultores, cuando los usuarios
se involucran activamente en comprenderlas y adaptarlas, y no sólo
reciben capacitación de cómo usarlas.
Indonesia
Un sistema agrícola nativo que no está ampliamente diseminado pero que
es muy interesante es el complejo "agroforestal" de Indonesia, fue
inventado por los locales que han vivido en las márgenes de los bosques
tropicales durante generaciones. Después de hacer preparaciones de roza
y quema, los cultivos son sembrados junto con plántulas de árboles que
finalmente dan sombra al cultivo, ocupan diferentes estratos y producen
cultivos de alto valor como frutas, resinas, plantas medicinales y
madera de alta calidad (Michon y de Foresta, 1996).
Estos sistemas dan lugar a un estándar de vida más alto para quienes
los manejan que el que disfrutan otras familias de la misma área que
sólo plantan cultivos. Aún más, la población de plantas, pájaros y
mamíferos asociados con las agroforestas son tan extensas y diversas
como las de los bosques silvestres adyacentes (Sánchez, 1999).
Las agroforestas no fueron citadas como un ejemplo de sistema agrícola
que puede expandirse a cualquier otro lugar, pero sí como un ejemplo de
coexistencia productiva entre la agricultura y el ambiente natural
donde el bienestar de la población puede ser mejorado sin sacrificar la
integridad o los servicios del medio ambiente. Estos sistemas tienen un
potencial de adopción en los márgenes de los bosques húmedos
tropicales. Sin embargo, para que las agroforestas permanezcan viables
necesitan reconocimiento y protección legal, y el ICRAF ha ayudado a
negociar su situación legal con el gobierno.
Filipinas
Una de las principales limitaciones a la producción en el Sureste de
Asia es el grado de pendiente de los terrenos, donde más de la mitad
tienen un 8 por ciento de pendiente. Las prácticas convencionales
agrícolas contribuyen a la erosión del suelo (60-200 toneladas por
hectárea por año) y afectan la fertilidad de éste. Durante muchos años
se aconsejó a los agricultores construir terrazas o sembrar cercos en
los contornos para controlar la erosión, pero estas tecnologías no
fueron adoptadas ampliamente, en parte por su requerimiento de mano de
obra.
En la región de Claveria, al norte de Mindanao, ahora hay una
tecnología más simple y más barata desarrollada por ICRAF y sus
asociados, que los agricultores han adoptado ampliamente y están
adaptando a sus condiciones. Esta tecnología (NVS en ingés) involucra
franjas vegetativas naturales que pueden reducir casi completamente la
pérdida del suelo. Los rendimientos de maíz han aumentado de 1 a 2
toneladas por hectárea hasta 2 – 3 toneladas, y la investigación
muestra que esas franjas incrementan la fertilidad en el tiempo.
Algunos agricultores obtienen 12 toneladas de maíz por hectárea a
partir de dos cultivos al año. Las áreas pueden ser plantadas con
árboles frutales u otras plantas de valor económico que posteriormente
incremente los ingresos.
Los agricultores estiman que estas franjas incrementan el valor de los
terrenos en 35 –50 por ciento (Garrity, 1999). Es muy significativo que
ahora los agricultores estén difundiendo esta tecnología de propia
iniciativa. En los alrededores de Claveria se han formado más de 100
organizaciones de agricultores con alrededor de 2000 miembros, para
promover el uso de estas franjas de vegetación natural. Esto es más o
menos análogo al movimiento "LandCare" de Australia. Los grupos
realizan experimentos para evaluar plantas o pastos alternativos que se
puedan usar en las franjas y establecen viveros para asegurar la
provisión de material de siembra. Los gobiernos locales ahora dan apoyo
financiero a estas organizaciones que se están difundiendo en Mindanao.
Requisitos para la innovación
Estos ejemplos de innovación agrícola se basan en ideas, recursos y
manejo locales, así como en consideraciones científicas referentes al
manejo de los recursos naturales (NRM, en inglés). Las innovaciones con
frecuencia son estimuladas por las ONG o las instituciones de recursos
naturales. La mayoría ilustran con ejemplos los principios del NRM y
todas son consistentes con las consideraciones que provienen del
análisis agroecológico.
La conferencia reconoció el potencial que tales innovaciones tendrían
para cubrir las necesidades de alimentos en el mundo del futuro.
Nuestro enfoque inicial estuvo centrado en las tecnologías y prácticas
agrícolas que han sido creadas y adaptadas, así como en el incremento
del rendimiento que se podría lograr con ellas, a menudo bajo
condiciones muy marginales.
El análisis de los casos que consideramos también se centró en un
análisis de los procesos por los cuales se desarrollaron y difundieron
estas innovaciones. En casi todos los casos hubo una impresionante
organización social, formal o informal, que se erigió sobre los
conocimientos, roles, reglas e incentivos previos de las comunidades
rurales y se crearon nuevas responsabilidades e interrelaciones donde
era necesario.
Los estudios de caso dieron un testimonio constante de productividad
por la participación y liderazgo de los agricultores en estos procesos.
No queremos decir que todos los agricultores de las comunidades rurales
estén ávidos de innovación. Como en otros grupos de seres humanos, hay
grandes diferencias entre sus intereses y talentos.
Pero los participantes que trabajaron directamente en estos programas
proporcionaron muchos ejemplos de situaciones en las cuales los
agricultores mejoraron los enfoques estándar de la agricultura o
generaron nuevas ideas. De este modo, concluimos que la extensión e
investigación enfocada en el agricultor no debe considerarse pasada de
moda en los proyectos de desarrollo, si no más bien debe ser una
estrategia a largo plazo para mejorar la agricultura en sus diferentes
dimensiones.
En los estudios de caso no fueron tan evidentes las grandes fuerzas
políticas y económicas que dan forma a la evolución de los sistemas
agrícolas en determinados países y bajo contextos locales. Muchas de
las experiencias recogidas empezaron en una región en particular de un
país o a pequeña escala, donde no necesariamente tenían el poder
principal.
Algunas veces contaban con el apoyo de centros internacionales de
investigación o agencias de donantes que hacían que el trabajo fuera
menos vulnerable a la resistencia. Raras veces las innovaciones tenían
al apoyo o el favor de las políticas establecidas. Pero como estaban
favoreciendo la productividad, conservando recursos y beneficiando a
las comunidades rurales, incluso a los miembros más pobres, las
innovaciones han gozado de considerable legitimidad y cooperación.
No podemos saber cuáles serán los resultados donde la oposición a estos
nuevos enfoques es fuerte, posiblemente secreta. El programa de MIP en
Indonesia fue en un momento amenazado por los intereses comerciales que
tenían millones de dólares invertidos para la importación de pesticidas
químicos. En este caso, sin embargo, el fuerte respaldo de los altos
niveles del gobierno ayudó a inhibir a la oposición. Es más, las
unidades de gobierno locales contribuyeron a promover el MIP con sus
propios presupuestos.
Para los programas promisorios aquí indicados, para lograr un alcance e
impacto nacional, se necesitará políticas de apoyo y acuerdos
institucionales. Las tecnologías no se difundirán por sí solas,
especialmente si encuentran resistencia de sectores poderosos, porque
proporcionan alternativas a prácticas que son lucrativas para los
intereses comerciales, o si dan poder a la población rural en algunos
sistemas políticos opresores. Será necesario investigar y reformar la
política como componente integral del proceso de innovación.
En la medida en que los gobiernos y agencias donantes mantengan sus
pronunciamientos referentes a la seguridad alimentaria, reducción de la
pobreza y auspicio de mayor poder de los ciudadanos, será posible
establecer e implementar políticas de apoyo. Que tales políticas sean
aceptadas y puestas en práctica en el campo por profesionales del
gobierno es uno de los mayores retos. Muchos dudan que los campesinos
puedan alguna vez ser muy productivos y por lo tanto prefieren promover
más el desarrollo liderado por empresas de agronegocios con grandes
capitales. La reticencia a aceptar que la evidencia de la innovación
agroecológica de base popular es impresionante, sigue siendo un
obstáculo al cambio rural progresivo.
Algunas nuevas orientaciones de la agricultura que señalamos aquí ya
están funcionando y creciendo a una gran escala, tal como el manejo
integrado de plagas en Indonesia (más de un millón de agricultores
capacitados) y la cero labranza en Brasil (400,000 agricultores). Otros
están comenzando a escalar: el programa arroz-peces en Bangladesh
comenzará a expandirse a un millón de hogares el próximo año, y diez
millones de familias están adoptando las prácticas de agroforestería en
Africa central y del sur. En el caso indonesio, cientos de trabajadores
del estado se han convertido en capacitadores de MIP porque han visto
por sí mismos cuánto pueden mejorar las prácticas agrícolas cuando se
establece una asociación con las comunidades. Probablemente habrá un
mayor apoyo político a todos los niveles para que este cambio continúe,
en la medida en que mayor cantidad de agricultores se involucren y se
beneficien de la agricultura agroecológica.
Transición en las áreas rurales
Una objeción presentada por algunos críticos es que los sistemas
agrícolas que no usan cantidades significativas de capital o químicos
conducen a los hogares rurales a la agricultura de pequeña escala por
varias generaciones. Los partidarios de la modernización de la
agricultura piensan que es un marca del progreso para muchos hogares
dejar las áreas rurales y buscar un forma de poner en marcha la
consolidación de la tierra, en la cual la agricultura sea a gran
escala, más mecanizada y, según ellos, más productiva.
Esta concepción de agricultura, sin embargo, ignora el hecho de que
mientras más grandes sean las fincas, serán más rentables para sus
propietarios, pero pocas veces son más productivas en términos de
retornos de la tierra. Donde la tierra es el factor de producción más
escaso, la primera preocupación de la sociedad como un todo debe ser
incrementar su productividad. Las propiedades más grandes siempre son
trabajadas en menor grado que las pequeñas. En las grandes propiedades,
donde el capital (mecanización) es sustituido por mano de obra, con
frecuencia los rendimientos disminuyen en vez de aumentar.
¿Serán suficientes los ingresos de las pequeñas propiedades para
satisfacer las aspiraciones de la población y sus necesidades? Esta es
una pregunta importante. Los pequeños agricultores ya son más
productivos por hectárea en todo el mundo que las fincas grandes,
excepto cuando las unidades son tan pequeñas que las familias no les
dedican mucha atención ni mano de obra (Berry y Cline, 1979; Johnson y
Ruttan, 1994). Hemos visto que la intensificación basada en los
principios agroecológicos ofrece posibilidades para producir ingresos
sustancialmente mayores: hasta unas 10 veces en un caso en Kenia según
Sánchez (1999). Donde el terreno es un factor limitante, las pequeñas
propiedades usan tecnologías con mano de obra intensiva que, en
general, dan mayores retornos que las grandes fincas donde la mano de
obra se emplea en forma extensiva.
Un estilo de vida urbano no es necesariamente el preferido por muchas
personas que ahora viven en áreas rurales. Los mayores ingresos de las
áreas urbanas están ligados comúnmente a costos de vida más altos, con
una calidad de vida menos satisfactoria. Las mayores oportunidades por
servicios públicos, diversión y entretenimiento de las áreas urbanas
están asociadas con frecuencia al crimen, lugares atestados y otras
condiciones no deseadas.
El desarrollo nacional deberá incluir un desarrollo urbano no agrícola.
Nadie debería esperar que la agricultura emplee indefinidamente la
misma fuerza laboral que ahora. La agroecología no está dirigida a
mantener a los pobladores rurales "abajo, en la finca" sino a ayudarlos
a mejorar su modo de vida y en especial sus recursos humanos, de modo
que puedan tener mejores oportunidades.
Es necesario que los gobiernos y agencias externas ayuden a aumentar
las oportunidades de la población rural. Los campesinos no deben estar
confinados a una vida de pobreza rural debido a la baja productividad y
disminución de la calidad de los recursos naturales. Tampoco tendrían
que sentirse presionados a migrar a las zonas urbanas por las
circunstancias económicas, más por desesperación que por deseo. Hay
muchas oportunidades que la agroindustria rural puede crear para añadir
valor y aumentar los ingresos a las áreas rurales, creando efectos
beneficiosos a partir de la agricultura. Un ejemplo es el procesamiento
de la resina de "damar" en los poblados de Sumatra, en Indonesia. Otra
es la posibilidad de fabricar medicinas para una enfermedad de la
próstata a partir de Prunus africana en la zona rural de Kenia,
Madagascar y Camerún en los lugares cercanos a donde crece este raro
pero muy valioso árbol.
Los tipos de mejoramiento agrícola señalados aquí, y otros más que
pueden surgir si se siguen principios agroecológicos y enfoques
participativos similares, reforzarán la posición de los pobladores
rurales que ahora son marginales en términos económicos, sociales y
políticos. Una vez que sean más productivos, seguros y confiables
podrán mejorar sus medio ambiente rural con los recursos y la capacidad
de organización que han adquirido. O pueden tener una vida más exitosa
en las poblaciones rurales, centros regionales o aglomeraciones urbanas
si éstos se ven más atractivos.
La falta de promoción de un desarrollo agrícola y rural enfocado hacia
los pobladores, en la forma en que hemos presentado aquí, acelerará la
migración hacia las áreas urbanas, sin considerar las oportunidades
productivas que allí pueden usar para dar apoyo a la población. La
experiencia recibida de Bolivia indica que mientras la tecnología
concebida y desarrollada externamente puede ser un agregado a la
producción agrícola, ésta contribuye poco al desarrollo humano,
necesario para el avance en todos los sectores. Los agricultores que
han desarrollado habilidades analíticas y confianza a partir de la
experimentación agrícola tendrán mayor capacidad para ser productivos
en las ciudades si alguna vez son desplazados a un ambiente urbano.
La agroecología no está ligada exclusivamente al uso de los recursos
locales. Como se ha visto en el caso de Nigeria, cuando la población se
hace más densa no es posible sostener suficiente ganado que produzca el
abono necesario para mantener la fertilidad de los campos o cultivar
suficiente biomasa para el compost. Esto hace necesario el uso de
fertilizantes químicos. La roca fosfatada es un componente esencial de
la recuperación en los suelos deficientes en fósforo de Africa.
Mientras la recuperación del nitrógeno puede ser bien manejada por la
agroecología, el fósforo debe provenir de fuentes minerales, aunque la
solubilización biológica también es posible.
En Madagascar la mayoría de agricultores no pueden gastar en
fertilizantes debido a los bajos rendimientos y ganancias que obtienen
del arroz. El sistema de intensificación del cultivo de arroz
introducido allí puede multiplicar los rendimientos en varias veces.
Tarde o temprano será necesario añadir componentes inorgánicos al
suelo, dado el nivel extremadamente bajo de fósforo en la mayor parte
de las áreas. En los alrededores del Parque Nacional Ranomafana, el
nivel es 3-4 ppm y menos de 10 ppm en los mejores lugares.
Pero si en 5 a 10 años se pueden lograr mejores rendimientos, los
agricultores podrán comprar fertilizantes para mantener la fertilidad
de su suelo, que depende en grado sumo de la disponibilidad de fósforo.
Cambios en las prácticas y roles
La conferencia llegó a la conclusión optimista que los pequeños
agricultores en la mayor parte del mundo en desarrollo no necesitan
vivir con un déficit de alimentos ni ser tan pobres como ahora los son.
Los productores que no se beneficiaron de las tecnologías basadas en el
uso intensivo de capitales o químicos porque éstas no eran apropiadas a
sus condiciones, pueden obtener ganancias a partir de los métodos de
producción que se basan en el uso intensivo del conocimiento,
habilidades y manejo de una agricultura agroecológica.
Es indudable que las unidades agrícolas de gran escala en todo el mundo
también se pueden beneficiar de la comprensión y adaptación de los
principios y prácticas de tales sistemas, como lo están haciendo cada
vez más en Estados Unidos y Europa (Pretty, 1998; Thrupp. 1998). Muchos
tipos de agricultura pueden ser más productivos y eficientes si pueden
incorporar biodiversidad, sinergia y otros aspectos de los ecosistemas
que funcionan bien.
Brindándoles el apoyo apropiado, la mayoría de pequeños propietarios
podrían alimentar a sus familias y comunidades, y elevar
significativamente sus ingresos con el uso de estos enfoques que
combinan los principios participativos y agroecológicos. Más aún,
muchas de las tecnologías pueden incrementar la producción más allá de
las necesidades, de subsistencia de modo que estos hogares puedan
contribuir a la seguridad alimentaria nacional e incluso alimentar a
las crecientes poblaciones urbanas, y aun exportar productos de alto
valor.
El potencial que se puede lograr se ha visto en los estudios de caso
presentados. Que este potencial se haga realidad es incierto debido a
que ello depende de mayores y más apropiadas inversiones y de políticas
consistentes.
Es así que la inversión en los enfoques agrícolas alternativos ha sido
mínima, una pequeña fracción de los recursos que han ingresado a la
agricultura convencional. La mayor parte proviene de los propios
agricultores, a los que se ha añadido recursos de instituciones de
investigación, las ONG y universidades simpatizantes.
Las oportunidades para elevar la producción agrícola en una forma
económicamente provechosa, positiva para el medio ambiente y que
levante el nivel social están siendo abandonadas. Se justifica dirigir
las inversiones en política e infraestructura hacia las denominadas
áreas marginales por la creciente evidencia de que los retornos a la
inversión son mayores en promedio que en las áreas con mayores
ventajas, siempre y cuando las inversiones no sean escasas y
esporádicas (Hazel y Fan, 2000).
Se sugirió que las comunidades rurales sean consideradas como una
unidad de esfuerzo científico. No todos los agricultores tienen la
misma capacidad o motivación para asumir el papel principal en
experimentación y evaluación. Pero quienes tienen ese talento pueden
motivar a otros a participar cuando se muestran resultados positivos.
Hay gran cantidad de campesinos que son tan inteligentes como las
personas de mayor nivel educativo que trabajan con ellos y quienes
tienen una comprensión de los avances científicos así como de su
aplicación para el logro de las metas agrícolas.
El desarrollo científico popular no debe ser aislado. Los ejemplos más
exitosos, y los que pueden tener mayor impacto, están ligados a las
ONG, instituciones de investigación nacionales e internacionales,
universidades y oficinas del gobierno. Esos enlaces verticales son
importantes, pero no más que los enlaces horizontales entre las propias
comunidades, para intercambiar experiencias y apoyarse entre sí en el
proceso. La extensión de agricultor a agricultor se ha podido apreciar
en nuestro caso en Bolivia, Guatemala, Honduras, Kenia, Malawi.
Filipinas, Sri Lanka y Zambia.
En lugar del modelo "lineal" de investigación y extensión, en el cual
los científicos desarrollan nuevas tecnologías que se transmiten de los
extensionistas a los agricultores, nuestra experiencia y observación
apoya el modelo "triangular" formulado por Merrill Sands y sus
colaboradores (1990) para el Servicio Internacional para la
Investigación Agrícola Nacional (ISNAR). Este modelo considera a
científicos, extensionistas y agricultores interactuando directamente
en una relación de tres vértices. Tales esfuerzos colaborativos pueden
ser productivos en distintas formas, según ha documentado Thrupp (1996,
resumido en 1999).
El análisis económico es importante en este proceso, sobre todo si se
considera el insumo mano de obra, porque para los agricultores el éxito
agronómico no es suficiente. La mano de obra en las comunidades rurales
tiene cero costo de oportunidad. La lenta difusión de muchas prácticas,
que son sólidas desde el punto de vista agroecológico, se debe con
frecuencia a su costo de mano de obra. Los retornos a la mano de obra
en particular necesitan ser evaluados cuando se consideran las
posibilidades de adopción y difusión de los sistemas agroecológicos.
Una vez aceptado esto, los participantes en la conferencia añadieron
que el beneficio económico no es el único criterio que afecta las
decisiones de los agricultores. Si bien los ingresos son importantes,
especialmente para los pobres, no es la única preocupación. El riesgo
es omnipresente en los ambientes rurales y es siempre una razón para
descontar las proyecciones de los retornos. Aún más, en los lugares
donde los mercados no son confiables o tienen difícil acceso (son
caros), los hogares continuarán considerando el auto-abastecimiento
como la estrategia más sabia para la seguridad alimentaria, no importa
cuáles sean las ventajas atribuidas en principio a la participación en
el mercado.
Los hogares tienen también valores culturales que necesitan ser
respetados y la mayoría de padres dan gran importancia a las
oportunidades para la siguiente generación. Mantener intacta y
atractiva las comunidades rurales es de por sí un valor que está
considerado junto con el incremento individual de los ingresos. Por lo
tanto, aun cuando se necesita evaluar la economía, porque los
agricultores quieren saber cómo afectarán las innovaciones a sus
ingresos netos, ésta no debe ser considerada como el único
determinante. Ésta es sólo uno de los muchos factores que tomarán en
cuenta los agricultores al evaluar las prácticas agrícolas alternativas.
Debido a que las ganancias financieras de las innovaciones dependen del
acceso a mercados remunerativos, el desarrollo de mercados y el acceso
a ellos es particularmente importante. Este proceso puede involucrar
esfuerzos tan complejos como anular controles y distorsiones, o cosas
más simples como mejorar las carreteras. El acceso al crédito es menos
crucial que cuando se promueve agricultura intensiva a base de
capitales, porque se necesita comprar menos insumos externos, pero
puede ser un acelerador en la adopción y difusión de nuevas prácticas.
La seguridad de la tenencia es importante en lugares donde se requiere
inversión de mano de obra, si no dinero, para aumentar la fertilidad y
productividad del suelo –por rotación de cultivos, sembrando abonos
verdes o cultivos de cobertura, usando mulch o compost, construyendo
terrazas, almacenando el agua, etc. Esto no siempre significa que los
agricultores deben tener títulos legal-formales de los terrenos. Pero
ellos deben sentirse seguros en su derecho a ganar el producto de su
trabajo y a continuar haciendo uso de la tierra que está en proceso de
mejoramiento. Esta es un área de reforma política e institucional que
debería estar presente en todos los esfuerzos, agroecológicos u otros,
para mejorar la agricultura.
Finalmente, este proceso de intensificación agrícola será beneficiosos
si tiene un apoyo funcional de los grupos de gobierno local y, en
general, de un proceso de descentralización de las operaciones y de los
poderes del gobierno. En el caso de Filipinas señalado aquí, con un
mejoramiento de los presupuestos y autoridad a través de la
descentralización, los gobiernos locales están contribuyendo a la
difusión de los sistemas agrícolas NVS. El programa de MIP en Indonesia
obtuvo logros importantes de las contribuciones a la expansión del
gobierno central por parte de los gobiernos provinciales y distritales
(kakupaten).
En Bolivia, el uso de abonos verdes de leguminosas comenzó cuando el
país aún estaba altamente centralizado (una cuarta parte del área no
tenía siquiera unidades de gobierno local). Después de la
descentralización de 1993, muchos de los representantes locales
elegidos habían sido agricultores o profesores para el programa de
World Neighbors, quienes trajeron un elevado nivel de compromiso e
integridad a esos cargos así como apoyo para difundir el desarrollo
agrícola participativo.
Una conclusión general documentada por Thrupp (1996)es que estos tipo
de desarrollo agrícola pueden ser acelerados y mejor guiados por la
creación de múltiples y diversas alianzas o asociaciones. Esta ha sido
también una experiencia en varios programas nacionales de CIIFAD
(Uphoff, 1996).
A menudo se ha asumido que las asociaciones son más exitosas cuando son
homogéneas. Puede ser cierto, pero los mayores beneficios van a los
agricultores y más conocimientos llegan a otras asociaciones a partir
de alianzas heterogéneas o arreglos de redes informales.
Cuando hay una variedad de asociados que trabajan juntos para resolver
problemas y generar conocimientos, que van desde las comunidades a las
oficinas nacionales de gobierno e incluso a las instituciones en otros
países, hay un grupo más diverso de experiencia y recursos sobre el
cual basarse. Cada socio puede contribuir a unir esfuerzos según su
ventaja comparativa.
Difusión de la innovación
Con frecuencia surge la pregunta de si los éxitos en pequeña escala
logrados con estos nuevos lineamientos pueden ser aplicados a mayor
escala y convertirse en programas nacionales. Esta pregunta podría ser
replanteada para evitar las implicaciones de lo que se considera una
"réplica". Esto es inconsistente con la experiencia y filosofía de este
enfoque.
Más apropiado sería desarrollar y difundir los efectos acumulativos de
la "adición" de los esfuerzos individuales y comunitarios que tienen
motivaciones similares, pero que deben ser evaluados y rediseñados
cuidadosamente de acuerdo con la situación y las necesidades locales.
Puede haber un amplia difusión de las tecnologías y prácticas en esta
forma, si los agricultores y grupos de agricultores se involucran por
sí mismos en probar, evaluar y adaptar opciones más que en adoptarlas
simplemente por el hecho que les han dicho que sería bueno hacerlo.
Para que los agricultores marginales y pequeños contribuyan en forma
significativa a la producción futura de alimentos es necesario
propiciar cambios institucionales y de inversión que hagan realidad
este potencial. Estos cambios adquieren mayor importancia en la medida
en que los procesos de globalización de la economía y la cultura se
expanden más. Para que los agricultores puedan competir en los grandes
mercados deben tener la "habilidad en finca".
Los cambios en las oportunidades y en las fuerzas globales implican que
el agricultor debe elegir entre varias opciones y hacer adaptaciones
rápidas. La especialización económica se vuelve más apropiada conforme
aumenta el acceso a los mercados, pero la lógica de la especialización
no necesariamente debe ser extrema porque las fuerzas de los mercados
están en constante cambio. Ceñirse a un solo tipo de producción puede
ser fatal desde el punto de vista económico.
Necesidad de conocimientos
El proceso de transformar las prácticas agrícolas
en agroecológicas y apropiadas sigue siendo un reto, en parte debido a
nuestro insuficiente conocimiento. Los casos presentados en la
conferencia justifican algo de optimismo.
El concepto "síndrome de producción" (Andow y
Hidaka, 1989) fue considerado útil porque reconocía la importancia de
la sinergia entre las prácticas. Esto también ayuda a explicar las
dificultades cuando se trata de cambiar un patrón de producción en
"equilibrio" a uno más promisorio (Power, 1999).
En forma particular, todavía es insuficiente el conocimiento sobre los
procesos y la dinámica ecológica del suelo. El suelo es el fundamento
de toda la productividad en agricultura.
Ya que investigar para entender la dinámica y la integración de los
agroecosistemas no parece ser una prioridad de los agricultores, este
proceso debe ser principalmente una responsabilidad de los científicos,
aunque esa investigación debe involucrar a los agricultores. Las áreas
de investigación en el contexto agrícola en las cuales debe ser mayor
la participación de los agricultores son: reciclaje y aplicación de los
nutrientes (Fernandes, 1999); agroforestería (Sánchez, 1999);
acuicultura como un componente integral de los sistemas agrícolas
Brammett, 1999); abonos verdes, cultivos de cobertura y mejoramiento
del barbecho; uso de compost y mulch; uso de medios biológicos para
control de plagas, enfermedades y malezas (Bunch, 1999; Desilles, 1997;
Jones 1997; y otros); la contribución de los animales a los sistemas
agrícolas integrados; y el manejo de la tierra y el agua,
particularmente el almacenamiento y cosecha del agua en pequeña escala.
En el campo socioeconómico, es preciso hacer estudios con agricultores
sobre la adopción y adaptación de tecnologías agroecológicas, así como
la "desadopción" donde es necesario. Hubo evidencia en los estudios de
caso de una difusión amplia y rápida de algunas prácticas, pero también
circunstancias de adopción lenta o interrumpida e incluso abandonada,
por ejemplo, el sistema de cultivos mixtos mucuna-maíz usado en algunos
lugares de Honduras (Neill y Lee, 1999) y el sistema agrícola empleado
para cultivar camas en Bolivia (Lines, 1998; y Palacios, 1999).
Otras áreas donde el conocimiento es inadecuado como para apoyar con
mayor eficiencia los procesos de extensión e investigación centrados en
el agricultor son: ¿Qué tipo de políticas son las que apoyan o limitan
más la iniciativa del agricultor? ¿Qué requisitos e impedimentos
institucionales afectan estos procesos? ¿Cómo se puede desarrollar
mercados más favorables para que la extensión y el desarrollo de tales
procesos sea sostenible?
Oportunidades
Se sugirieron dos oportunidades particulares de
innovación institucional. La primera es reorientar los sistemas de
extensión actuales y contar con personal para dar apoyo al desarrollo y
diseminación de la tecnología participativa. Esto significa apartarse
de la instrucción de arriba hacia abajo para facilitar el aprendizaje
de agricultores, investigadores y extensionistas en conjunto. La otra
oportunidad es involucrar a los profesores y las escuelas en los
procesos de experimentación y evaluación, ya que ello reforzará la
participación de los padres y preparará mejor a las generaciones
venideras de agricultores-experimentadores.
El enfoque al desarrollo agrícola propuesto, al tiempo que se basa en
el conocimiento y la experiencia dentro de las comunidades agrícolas,
mira mucho más allá. Los principios sinérgicos de la agroecología
ayudarán a superar algunas de las limitaciones que resultan de los
enfoques que dependen grandemente del capital, químicos y maquinarias,
capitalizando al máximo el poder de la biología, lo que puede hacerse a
un costo relativamente bajo. La educación formal y la alfabetización
son importantes pero no suficientes de por sí. Estamos hablando de
formas de agricultura basadas en el conocimiento intensivo, que
transforman a la población rural a partir de sus papeles subordinados a
través de la historia.
Hace tres décadas, cuando se lanzó la Revolución Verde, las elevadas
expectativas para la población rural fueron conducidas por pocas
personas fuera de las áreas rurales. No se consideró que cambios
progresivos podrían ser iniciados por los propios agricultores. Sin
embargo, los casos presentados en la conferencia dan abundante
evidencia de que las capacidades humanas disponibles, que pueden ser
consideradas en un nuevo tipo de modernización agrícola, han sido
subestimadas y concebidas en forma muy limitada.
Las tecnologías de la era posterior a la Revolución Verde todavía
requieren la contribución extensiva de los científicos. Sin embargo, el
desarrollo tecnológico será mucho más efectivo si caminamos con las dos
"piernas", la agroecología y la participación. La primera abarca todos
los recursos y aspectos de los sistemas vivientes y la segunda se basa
en una variedad de roles y talentos, con énfasis en los agricultores
como co-generadores así como en todos los usuarios de la nueva
tecnología.
Notas:
Por ejemplo, los fertilizantes químicos y los insumos de materia
orgánica (compost y abonos verdes), considerados alternativas
competidoras, pueden ser más productivos si se usan complementariamente
(e.g. Palm et al. 1997; Schlater 1998).
Las principales especies de las agroforestas varían
en forma natural; los ejemplos incluyen "damar" (para resina) en
algunas partes de Sumatra y caucho de la jungla en otras partes de
Indonesia; cacao en el sur de Camerún; "bolaina" en Perú; y "peach
palm" en Brasil.
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from Promising Sustainable Agriculture Initiatives. Paper prepared for
Bellagio Conference on Sustainable Agriculture.
Thurston, H. David, et al., eds. (1994). Slash/ Mulch: How Farmers Use
It and What Researchers Know About It. Ithaca, NY: Cornell
International Institute for Food, Agriculture and Development, and
Turrialba, Costa Rica: CATIE.
Tiffen, Mary (1976). The Enterprising Peasant: Economic Development in
Gombe Emirate, North Eastern State, Nigeria, 1900-1968. London: Her
Majesty’s Stationery Office.
________ (1999). Sustainable Agriculture Is Changing Agriculture:
Illustrations from Africa and Elsewhere. Paper prepared for Bellagio
Conference on Sustainable Agriculture.
Tiffen, Mary, Michael Mortimore and Francis
Gichuki. More People, Less Erosion: Environmental Recovery in Kenya.
New York: John Wiley.
Uphoff, Norman (1996). Collaborations as an Alternative to Projects:
Cornell Experience with University-NGO-Government Networking.
Agriculture and Human Values, 13:2, 42-51.
________ (1999). What Can Be Learned from the System of Rice
Intensification in Madagascar about Meeting Future Food Needs. Paper
prepared for Bellagio Conference on Sustainable Agriculture.
Anexo
Participantes en la Conferencia
Miguel Altieri (co-organizador), Departamento de
Ciencias, Política y Manejo del Medio Ambiente, Universidad de
California, Berkeley; coordinador general de SANE (Sustainable
Agriculture Networking and Extension), PNUD; y consejero técnico de
CLADES (Consorcio Latinoamericano sobre Ecología y Desarrollo).
Randy Brammett, ICLARM (International Center for Living Aquatic
Resources Management), representante regional para Africa, El Cairo,
Egipto.
Roland Bunch, COSECHA, Tegucigalpa, Honduras; ex representante de World
Neighbors para América Central.
Pierre Crosson, senior fellow (?); División de Recursos Naturales y
Energía, Recursos para el Futuro (Resources for the Future),
Washington, D.C.
Sylvie Dessilles, coordinadora de proyecto, NOPEST, CARE/Bangladesh,
Dacca, Bangladesh.
Amadou Makhtar Diop, director, Programa de Agricultura Sostenible,
Instituto Rodale, Kutztown, Pennsylvania; ex director del programa
Rodale en Senegal.
Erick Fernandes, Department of Soil, Crop, and Atmospheric Sciences,
Universidad de Cornell, Ithaca, NY; ex coordinador de ASB (Alternatives
to Slash-and-Burn Network), ICRAF (International Centre for Research in
Agroforestry), Nairobi, Kenia.
Mamby Fofana, director de proyecto, Unitarian Service Committee of
Canada, Bamako, Mali.
Doug Forno, Departamento de Desarrollo Rural, Banco Mundial,
Washington, D.C.
Dennis Garrity, coordinador, Programa regional del sureste asiático,
ICRAF (International Centre for Research in Agroforestry), Bogor,
Indonesia.
Keith Jones, Universidad de Greenwich e Instituto de Ciencias
Naturales, Reino Unido, y consultora del programa CARE MIP en Sri Lanka.
Peter Kenmore, jefe, Servicio de Protección de Plantas, FAO, Roma,
Italia.
Arie Kuyvenhoven, jefe, Department of Development Economics;
co-coordinador, Sustainable Agricultural Group, Universidad Agrícola de
Wageningen, Holanda.
Alice Pell, Department of Animal Science, Universidad de Cornell,
Ithaca, NY.
Per Pinstrup-Anderson, director general, IFPRI (International Food
Policy Research Institute), Washington, D.C.
Alison Power, director, Agricultural Ecosystems Program, Department of
Ecology and Systematics, Universidad de Cornell, Ithaca, NY.
Jules Pretty, director, Center for Environment and Society, Universidad
de essex, Reino Unido; ex miembro del International Institute for
Environment and Development, Londres, Reino Unido.
Ed Ruddell, ex representante regional para la región andina de World
Neighbors.
Vernon Ruttan, Department of Applied Economics, Universidad de
Minnesota, St. Paul, Minnesota.
Pedro Sanchez, director general, ICRAF (International Centre for
Research in Agroforestry), Nairobi, Kenia; y profesor emérito de
edafología y ciencias forestales, North Carolina State University.
Lori Ann Thrupp, directora, Agricultura Sostenible, World Resources
Institute, Oakland, California.
Mary Tiffen, consultora, Drylands Research; antes investigadora
asociada principal del ODI (Overseas Development Institute), Londres,
Reino Unido.
Norman Uphoff (co-organizador) director, Cornell International
Institute for Food, Agriculture and Development, Universidad de
Cornell, Ithaca, NY.
Jean Marc von der Weid, director ejecutivo. Assesoria e Servicos a
Projetos em Agricultura Alternativa (AS-PTA), Río de Janeiro, Brasil.
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