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El principal objetivo de SOCLA es promover la reflexión, discusión e intercambio científico de información sobre agroecología entre investigadores y docentes de Latinoamérica.

ALTERNATIVAS A LA AGRICULTURA MODERNA CONVENCIONAL
PARA ENFRENTAR LAS NECESIDADES DE ALIMENTOS EN EL PROXIMO SIGLO

Informe de la Conferencia sobre

Agricultura sostenible: Evaluación de nuevos paradigmas y modelos tradicionales de producción

26-30 de Abril, 1999

Bellagio, Italia


El Instituto Internacional para la Agricultura, la Alimentación y el Desarrollo (Cornell International Institute for Food, Agriculture and Development, CIIFAD) fue creado en la Universidad de Cornell en 1990, gracias a generosas donaciones privadas, para que la facultad y los estudiantes lograran avances en el conocimiento y la práctica de la agricultura sostenible y el desarrollo rural. Junto con sus asociados de Africa, Asia y América Latina, CIIFAD inicia y apoya programas innovadores que puedan contribuir a mejorar la seguridad alimentaria global y la calidad de vida de los seres humanos al mismo tiempo que mantienen y mejoran los recursos naturales de los cuales dependen estos beneficios.

© 1999 Cornell International Institute for Food, Agriculture and Development (CIIFAD). Solicite copias adicionales de este informe a CIIFAD, Box 14, Kennedy Hall, Cornell University, Ithaca, NY 14853, teléfono (607) 255-1005; e-mail ciifad@cornell.edu; página web http://ciifad.cornell.edu//ciifad.


ALTERNATIVAS A LA AGRICULTURA MODERNA CONVENCIONAL
PARA ENFRENTAR LAS NECESIDADES DE ALIMENTOS EN EL PROXIMO SIGLO


Informe de la Conferencia sobre


Agricultura sostenible:

Evaluación de nuevos paradigmas y modelo tradicionales de producción


26-30 de Abril, 1999

Bellagio, Italia


Participantes en la conferencia sobre agricultura sostenible en Bellagio, abril de 1999:

Primera fila, de izquierda a derecha: Norman Uphoff (Universidad de Cornell), Doug Forno (Banco Mundial), Pierre Crosson (Resources for the Future, Washington), Mary Tiffen (ex Instituto de Desarrollo de Ultramar, Reino Unido), Roland Bunch (COSECHA, Honduras y Comité Consultivo de CIIFAD), Vernon Ruttan (Universidad de Minnesota), Amadou Diop (Instituto Rodale, Senegal), Alison Power (Universidad de Cornell), Miguel Altieri (Universidad de California, Berkeley), Lori Ann Thrupp (World Resources Institute), y Silvie Dessilles (CARE/Bangladesh).

Segunda fila, de izquierda a derecha: Dennis Garrity (ICRAF, Indonesia), Ed Ruddell (ex miembro del Programa Andino de World Neighbors), Arie Kuyvenhoven (Universidad de Agricultura, Wageningen, Holanda), Randy Brummett (ICLARM), Keith Jones (Universidad de Greenwich e Instituto de Recursos Naturales, Reino Unido, y CARE/Sri Lanka), Per Pinstrup-Andersen (IFPRI), Erick Fernandes (Universidad de Cornell e ICRAF), Peter Kenmore (Programa de Protección de Plantas, FAO), Alice Pell (Universidad de Cornell), Jules Pretty (Universidad de Essex, Reino Unido), Pedro Sanchez (ICRAF), y Mamby Fofana (Unitarian Service Committee of Canada, Programa de Mali).

Fotos: Estudio y Centro de Conferencias, Bellagio, esta página. Lourdes Brache, p. 11; IITA, carátula; Terry Tucker, p. 7 y 25; Norman Uphoff, p. 17.


Prefacio


La Conferencia sobre Agricultura Sostenible, realizada en abril de 1999 en el centro de estudios y conferencias de la Fundación Rockefeller, Villa Serbelloni, Bellagio, Italia, nació de las discusiones de un taller sobre los futuros requerimientos de alimentos en el mundo organizado en marzo de 1997 por el Centro Keystone en Airlie House, Warrenton, Virginia, Estados Unidos. Las opiniones emitidas fueron bastante divergentes en referencia a que si, debido a la mayor expansión de la agricultura "moderna", basada en insumos químicos y energéticos, con su impacto concomitante para el medio ambiente, se debería –e incluso se podría- esperar una doble producción mundial de alimentos en los próximos 30 años.


Miguel Altieri, de la Universidad de California, Berkeley, y Norman Uphoff, director del Instituto Internacional para la Alimentación, Agricultura y Desarrollo (CIIFAD) de Cornell University, discutieron con Robert Herdt, director de Ciencias Agrícolas de la Fundación Rockefeller, la importancia de una evaluación de los sistemas "alternativos" de producción agrícola. ¿Hasta qué grado puede esperarse que esos sistemas contribuyan en gran medida a la provisión mundial de alimentos en el futuro? Si tales sistemas son simplemente prácticas agrícolas más "verdes" que "modernas", no podrán ayudar a cubrir las necesidades globales de seguridad alimentaria.


La propuesta que Altieri y Uphoff prepararon, para llevar a cabo una conferencia que evaluara estas interrogantes, fue aceptada por el Comité de la Fundación Rockefeller, de Bellagio a comienzos de 1998. La Fundación cubriría los costos de alimentación, alojamiento y apoyo logístico para realizar la conferencia en Villa Serbelloni. El Departamento de Desarrollo Rural del Banco Mundial proporcionó fondos para cubrir los gastos de viaje de algunos de los participantes de los países en desarrollo. Varias organizaciones internacionales costearon el viaje de sus representantes: el Servicio de Protección de Plantas de la FAO; el Centro Internacional de Investigaciones en Agroforestería (ICRAF); el Instituto Internacional de Investigación en Política Alimentaria (IFPRI); y Recursos para el Futuro. CIIFAD cubrió el resto de gastos y brindó el apoyo administrativo necesario para organizar la conferencia. Los organizadores agradecen a todas las instituciones mencionadas porque su apoyo hizo posible esta conferencia, y a Virginia Montopoli por manejar tan bien la planificación y operación de la reunión.


Altieri preparó una declaración de la conferencia que fue distribuida en una reunión del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR) en Beijing, en mayo de 1999. Upjohff preparó un borrador del informe de la conferencia que fue entregado a todos los participantes a fin de recabar comentarios y aportes. Altieri está preparando una edición especial en el journal Environment, Development and Sustainability, en la cual serán publicados muchos de los estudios de caso presentados en la conferencia. Uphoff está editando un libro que integrará la esencia de los temas y las discusiones y conclusiones en un volumen que reúne y documenta las ideas aquí presentadas.


Miguel Altieri y Norman Uphoff


En este informe se hace un resumen de las discusiones y conclusiones de la conferencia internacional llevada a cabo con el fin de evaluar el potencial de los enfoques agroecológicos para incrementar la producción agrícola a escala mundial. Los temas preparados y discutidos en la conferencia han sido revisados e integrados con miras a producir un libro que identifique y evalúe las oportunidades que puedan contribuir a las necesidades mundiales de alimentos en el futuro. Este documento proporcionará mayores detalles de los estudios de caso y explorará las implicaciones del intercambio de puntos de vista y experiencias entre los diferentes participantes (ver Anexo).

Las nuevas tecnologías agrícolas desarrolladas y extendidas en las tres últimas décadas han contribuido a un crecimiento sin precedentes de la producción mundial de alimentos. Sin los frutos de la revolución verde, habría un gran déficit de alimentos, o un impacto medioambiental adverso debido al cultivo de grandes áreas de terrenos poco apropiados. Pero hay una preocupación creciente acerca de que este modelo se agota y que la trayectoria del desarrollo agrícola, que conlleva tanto costos como beneficios, pudiera no ser la mejor ni la única alternativa para el futuro (Conway, 1997).


¿Pueden cubrirse las futuras necesidades de alimentos usando más de los mismos tipos de inversiones agrícolas promovidos en las tres últimas décadas -basados en investigación, extensión, infraestructura y política? ¿O es que los productores y quienes toman las decisiones deberían buscar otras formas sostenibles para el medio ambiente, económicamente eficientes y socialmente equitativas en cuanto a incrementar la oferta mundial de alimentos? ¿Existen tales alternativas? ¿Cuál es el potencial de las estrategias de producción que dependen más de un manejo agroecológico que de inversiones de capital; más de recursos locales que de insumos externos, y más de procesos biológicos que de aplicaciones de químicos?


Es indudable que en el futuro se necesitará aumentar la producción de alimentos. Ciertamente es crítico y está bien justificado el aumento de las inversiones públicas y privadas en investigación y extensión agrícola, considerando cuánto tiempo habrá de transcurrir antes de que las nuevas prácticas sean ampliamente aceptadas y explotadas en su totalidad.


Tomando en consideración los programas innovadores en Africa, Asia y América Latina, se considera conveniente un creciente intercambio de esfuerzos de investigación y extensión agrícola más enfocados en estrategias basadas en conceptos agroecológicos.


Este enfoque ofrece oportunidades para incrementar la producción de alimentos, no sólo en cantidades sino en múltiplos. Como se ha visto en los estudios de caso, una mejor combinación de cultivo, suelo, agua y manejo de los nutrientes, que integre al ganado o a los peces en los sistemas agrícolas, además de los procesos de manejo integrado de plagas, logra con frecuencia un incremento de la producción de 50 a 100 por ciento o más en una amplia gama de circunstancias, incluso en algunas bastante adversas desde el punto de vista agrícola.


El mensaje central de la conferencia –para los gobiernos, investigadores, agencias donantes y agricultores- es que son numerosas las alternativas en investigación y desarrollo agrícola que merecen ser investigadas y apoyadas. Es indudable que si se toman en serio estas alternativas –y se refinan, adaptan y diseminan- se podrá determinar si la población del mundo cubrirá con éxito sus necesidades de nutrición y, al mismo tiempo, mantener un ambiente natural y social apropiado a la vida en siglo XXI.

La situación

Las proyecciones difieren sobre cuándo exactamente, en el próximo siglo, los productores de todo el mundo necesitarán doblar el actual nivel de producción agrícola para satisfacer los requerimientos de una población más grande y, como todos esperan, más próspera. En el presente hay grandes necesidades de alimentos no cubiertas.


Pocos dudan que tarde o temprano se tendrá que incrementar substancialmente la producción. Sin embargo, si la fecha límite es el 2030 o el 2050 lo más importante es cómo encontrar el modo de alcanzar este gigantesco reto de duplicar la provisión mundial de alimentos.


Contribuciones tecnológicas


Esta pregunta ha sido respondida con optimismo al señalar que la producción de los principales cereales (arroz, trigo, maíz) se ha duplicado en los últimos 30 a 35 años. Esta importante aceleración sin paralelo en la producción de alimentos se logró con el uso de las tecnologías de la "Revolución Verde" –semillas mejoradas de variedades de alto rendimiento, irrigación, fertilizantes y otros agroquímicos- (Crosson y Anderson, 1999).


No está muy claro, sin embargo, qué se necesita hacer de aquí en adelante para lograr la seguridad alimentaria, para todos, en los años venideros. En la década pasada, el aumento de los rendimientos gracias a la tecnología de la Revolución Verde se ha venido desacelerando y en algunos casos se ha detenido (Pingali et al., 1995). Los rendimientos más altos se han obtenido por el uso cada vez mayor de fertilizantes y agua de riego, que en muchos lugares ha sobrepasado el límite de los retornos decrecientes. Por lo tanto, el incremento en el uso de estos insumos ha devenido en una menor productividad. Más aún, con el uso de altos niveles de insumos se han registrado impactos medioambientales adversos en los sistemas de producción bajo uso intensivo de químicos y combustible fósil.


A mediados del próximo siglo habrá aproximadamente un tercio menos de tierras cultivables per capita y tal vez una reducción equivalente en la disponibilidad de agua para fines agrícolas. Para duplicar la provisión de alimentos será necesario incrementar la productividad de la tierra y el agua, pese a la menor disponibilidad de estos recursos naturales clave. Asimismo, a menos que se realicen grandes y exitosos esfuerzos, continuará la reducción de la biodiversidad, que es la fuente del material genético necesario para lograr mayores avances en el mejoramiento de plantas y animales. Los cambios climáticos globales podrían verse acelerados, con consecuencias indeseables para la agricultura.


Algunos ven a la biotecnología como un medio para obtener mayor incremento de la producción agrícola en el futuro. Pero los principales beneficios de la biotecnología todavía reposan en el horizonte. Dados los incentivos y la predominancia del sector privado en este dominio, son pocas las actuales inversiones en biotecnología que tienen como objetivo aumentar los rendimientos o de que sean útiles para agricultores pobres (Ruttan, 1999). Es posible que algunos adelantos tecnológicos avanzados transformen las posibilidades de la producción en la agricultura. Pero, por la importancia crítica de los alimentos para el bienestar y el mantenimiento de la vitalidad económica de los seres humanos, no es aconsejable poner todas nuestras esperanzas agrícolas en la canasta de la biotecnología. Ni el paradigma tradicional ni el paradigma de la biotecnología parecen ser suficientes.


Cambios en el crecimiento y la demanda de la población


La buena noticia es que la tasa de crecimiento de la población está empezando a descender a nivel global y es bastante drástica en algunos lugares. Por ejemplo, el número promedio de niños nacidos en Bangladesh ha descendido de 6.2 a 3.4, en sólo una década, al tiempo que las tasas de crecimiento de la población están cayendo en la mayoría de los países en desarrollo. Sin embargo, la rápida expansión previa de la población mundial ha creado una estructura juvenil formada por millones de hombres y mujeres que están en sus años más fértiles o cerca de ellos.


Los demógrafos han retrocedido en sus estimados sobre la máxima población humana esperada, de un pico de 15-18 mil millones a 8-10 mil millones de personas. Pero incluso este crecimiento reducido significa que habrá la mitad o dos tercios más de personas sobre la tierra de las que ahora viven en ella. Casi todo el aumento de la población se concentrará en los países menos desarrollados y en gran parte bajo condiciones de pobreza y desnutrición.


Según estimados de FAO, unos 800 millones de personas sobre la tierra viven bajo condiciones de hambre y desnutrición perpetuos (Pinstrup-Andersen y Cohen, 1999). Asegurar la alimentación para ellos y sus descendientes será más difícil si la provisión total de alimentos no crece lo suficiente. La forma en la cual se producen los alimentos debería contribuir a cubrir las necesidades de quienes tienen mayor inseguridad alimentaria.


En la medida en que el crecimiento de la población sea lento, el mayor incremento de la demanda por una mayor producción agrícola significará elevar los ingresos, que es el objetivo de todos los gobiernos y casi todos los individuos.


Aunque los más ricos gastan proporcionalmente una menor parte de sus ingresos en alimentos, en total consumen más cantidad de comida, lo cual en gran parte contribuye a las diferentes clases de enfermedades que sufren los pudientes.


Los cambios en la dieta que a menudo acompañan a las personas de mayores ingresos requerirán mayores incrementos en la producción de animales, y no sólo de granos comestibles, ya que los alimentos de origen animal desplazan parcialmente a los de origen vegetal. De modo que haríamos un estimado conservador si decimos que para cubrir las necesidades económicas y sociales en las próximas tres o cuatro décadas, el mundo debería estar produciendo por lo menos el doble de los alimentos que hoy produce.


Consideraciones económicas y de distribución


Con sólo aumentar la oferta de alimentos no se asegura la alimentación a todos los hogares, comunidades y naciones. Es esencial una distribución más equitativa de los ingresos y de los alimentos porque el acceso a los comestibles finalmente depende del poder de compra, obtenido de cualquier forma. La pobreza, y no la oferta insuficiente, es la primera y la más importante causa del hambre. Sin embargo, esto no cambia el hecho de que una adecuada oferta de alimentos sigue siendo una condición necesaria, aunque no suficiente, para eliminar el hambre y la pobreza. El acceso a la tierra por los pobres para producir sus alimentos también es fundamental.


Debido a que los pobres se alimentan pobremente, son muy débiles y propensos a enfermedades como para sacar el máximo provecho de los recursos que poseen. Esto reduce su escaso poder y por lo tanto reciben una pobre compensación por su trabajo (Hart, 1986).


Cuando hay escasez de alimentos, lo que se recorta es el consumo de los pobres. En forma figurativa, y algunas veces literal, ellos están "al final de la cola" dentro de una distribución de alimentos que empieza en la máxima jerarquía socioeconómica. Cuando se ha repartido todo el alimento disponible, quienes permanecen en la cola pasarán hambre.


Más aún, cuando la demanda excede la oferta, los precios de los alimentos aumentan, muchas veces en forma drástica. Esto reduce el ingreso real y en especial reduce aún más los pequeños ingresos de los pobres y también afecta los modestos ingresos de la clase media.


Está claro que se necesita revisar el tema socioeconómico y político para reducir la pobreza y el hambre. Pero la preocupación por el incremento de la oferta se justifica en términos prácticos y éticos. Quienes están subalimentados necesitan alimentación adecuada y buena nutrición para alcanzar sus potenciales productivos y humanos, lo cual no sólo los beneficiará a ellos mismos sino también a otros miembros de la sociedad.


En la medida en que se presenten deficiencias en la producción y escasez de alimentos, quienes están bien alimentados notarán que el crecimiento de la economía de la cual depende su bienestar se está desacelerando. Los recursos que podrían ser dedicados a otras inversiones y formas de consumo tendrán que ser empleados para cubrir las necesidades básicas de alimentos. La inversión de capitales para la expansión de los sectores no agrícolas tendrá que disminuir en la medida en que el mundo tenga menor capacidad para alimentar a todos sus habitantes.


El cambio y la oportunidad


La actual ciencia convencional sostiene que es posible duplicar la oferta de alimentos y, en la opinión de algunos, ello únicamente será posible redoblando los esfuerzos por modernizar la agricultura global. El éxito de la agricultura de alta tecnología basada en la mecanización de la producción, la dependencia en combustibles fósiles para generar poder y producir agroquímicos, y las grandes inversiones de capital por trabajador y por hectárea ha creado en los gobiernos, instituciones de investigación y agencias de donantes la presunción de que "más de lo mismo" es la mejor y tal vez la única estrategia para aumentar la producción de alimentos.


En realidad no existe un único enfoque contrastante sino una variedad de enfoques alternativos a las prácticas y tecnologías corrientes. También se cuenta con importantes complementos potenciales entre los diferentes tipos de prácticas agrícolas. Por lo tanto, el término "agricultura alternativa" no es muy satisfactorio. La denominación de "agricultura sostenible", ampliamente difundida y sin duda usada por los participantes de muchas conferencias, también es discutible porque sostenibilidad es un contingente de múltiples factores más que una característica inherente a cualquier práctica o sistema agrícola en particular.


Pocos sistemas pueden permanecer productivos ante la posibilidad de cualquier condición adversa. También es más fácil sugerir qué sistema puede no ser sostenible que saber cuál retendrá indefinidamente su productividad. Los participantes en la conferencia aceptaron que los conceptos y terminologías que describen las diferentes prácticas y tecnologías, y sus proponentes, en campos opuestos -más que en continuos- no benefician a los principios y propósitos ni a las personas involucradas en buscar opciones.


Los proponentes de las tecnologías de la Revolución Verde pueden señalar muchos beneficios obtenidos de estas innovaciones. La disminución del precio real de los cereales en las tres décadas pasadas ha sido una contribución importante para aumentar la seguridad alimentaria en todo el mundo (Conway, 1997). Pero este progreso técnico ha dejado de lado a millones de campesinos para quienes las tecnologías no fueron apropiadas por las condiciones ambientales, sociales, de infraestructura, u otras. Es más, estas tecnologías, particularmente cuando se usan en los grandes sistemas agrícolas "industrializados", pueden crear problemas medioambientales que erosionan los ecosistemas y afectan la salud humana.


Mil millones de personas aproximadamente –la sexta parte de la población mundial y en mayor porcentaje los pobres- viven y trabajan en situaciones en las cuales sus actividades agrícolas, ganaderas o pesqueras no se benefician de las tecnologías agrícolas modernas. Factores como el tamaño del terreno, lluvias inadecuadas, pobre fertilidad de los suelos, topografía desfavorable y lejanía de los mercados, infraestructura e instituciones, hacen que estas tecnologías no estén disponibles o no sean apropiadas. Esto no debiera causar sorpresa ya que las tecnologías más modernas han sido desarrolladas y probadas para tener éxito bajo condiciones más bien favorables que desfavorables.


Incluso en las áreas mejor dotadas, la sostenibilidad de estas tecnologías modernas es ahora problemática. La falta de agua y la erosión del suelo ya se han manifestado como problemas serios para la industria agrícola. Las aguas de las cataratas en Punjab (India), en los llanos del norte de China y en las Grandes Llanuras de Estados Unidos, por ejemplo, podrían amainar las prácticas de producción "sedientas" en las décadas venideras. Se debe establecer controles en la agricultura moderna para reducir la escorrentía de químicos, residuos y la concentración de nutrientes tóxicos por el uso de agroquímicos y fertilizantes químicos, especialmente la aplicación a gran escala de grandes cantidades de nitrógeno.


Pero la conferencia no fue convocada para evaluar los futuros potenciales y limitaciones de las tecnologías de la Revolución Verde. Los datos y análisis considerados en Bellagio se relacionan con los potenciales y problemas de diversas alternativas o complementos a estos enfoques intensivos en capital para aumentar la producción agrícola.


Nuevos enfoques para la innovación en agricultura


La característica más importante que hemos considerado es que los nuevos enfoques deben estar basados en el pensamiento agroecológico, tácita o explícitamente, para lograr una producción incrementada. Esto significa que deben capitalizar en procesos biológicos y naturales más que depender principalmente de la innovación química, de ingeniería o genética.


Los enfoques agroecológicos buscan crear condiciones óptimas de crecimiento para las plantas y los animales, no como especímenes individuales sino como parte de ecosistemas más grandes, donde se provee y recicla nutrientes y otros servicios ecológicos en forma que les permita beneficios mutuos (Altieri, 1995). En particular, no se ve al suelo como un repositorio para la producción de insumos o como un terreno sujeto a explotación, sino como un sistema viviente donde macro y microorganismos interaccionan con la materia orgánica y mineral.


Tales enfoques alternativos pueden ser descritos como tecnologías de bajos insumos (e.g. Sánchez y Benites, 1987), pero esta denominación se refiere a los insumos externos requeridos. La cantidad de mano de obra, habilidad y manejo que se requiere como insumos para hacer más productivo el terreno y otros factores de la producción es muy sustancial. Por tanto, en vez de centrarse en lo que no se está usando, es mejor enfocar aquello que es más importante para aumentar la producción de alimentos – mano de obra, conocimientos y manejo.


Los enfoques agroecológicos alternativos se basan en la medida de lo posible en el uso de los recursos locales disponibles, aunque sin rechazar el uso de insumos externos. Los agricultores no pueden beneficiarse de tecnologías que no están disponibles, no pueden pagar o no son apropiadas para sus condiciones. La compra de insumos presenta problemas y riesgos especiales para los agricultores con menor seguridad, particularmente en los lugares donde las ofertas y las facilidades para el crédito son inadecuadas.


Como cualquier buen productor en cualquier lugar, los agricultores pequeños y marginales deben esforzarse para optimizar su producción dentro de las limitaciones reales que enfrentan, Aunque ellos tienen necesidades inmediatas y urgentes para la producción (una tasa de descuentos elevada), la mayoría saben que necesitan conservar la base de los recursos de la cual dependen sus posibilidades de producción.


La conferencia consideró una amplia variedad de sistemas de producción, no entendidos simplemente como " tecnologías". En tales sistemas se maneja un rango considerable de insumos y productos que tienen múltiples objetivos.


Los sistemas agroecológicos no están limitados a lograr una baja producción, como algunos críticos han aseverado. El aumento de la producción de 50% a 100 % es bastante común con la mayor parte de los métodos de producción alternativos. En algunos de estos sistemas, los rendimientos de los cultivos de los cuales dependen más los pobres –arroz, frijoles, maíz, yuca, papa, cebada- se han multiplicado varias veces gracias a la mano de obra y el conocimiento, y capitalizando en los procesos de intensificación y sinergia más que comprando insumos caros.


Más importante que los rendimientos, es posible elevar significativamente la producción total por medio de la diversificación de los sistemas agrícolas, tales como criar peces en las pozas de arroz o desarrollar cultivos en los límites de las pozas en Bangladesh, o añadiendo cabras o aves al sistema doméstico en muchos países. Los enfoques agroecológicos aumentaron la estabilidad de la producción como se ve en los menores coeficientes de variancia del rendimiento de cultivos por el uso de un mejor manejo del suelo y el agua (Francis, 1988; también datos de varios estudios de caso). Sin embargo, es difícil cuantificar todo el potencial de tales sistemas diversificados e intensificados porque se tienen muy pocos resultados de investigación y experiencias para establecer los límites.


Actualmente no puede determinarse cuán sostenibles serán tales sistemas de producción porque muchos están en uso muy recientemente. Pero las prácticas empleadas buscan restablecer la cantidad de nutrientes y mantener la calidad del suelo, la sanidad del cultivo y la biodiversidad. Por tanto no hay razón para pensar que estos nuevos sistemas sean menos sostenibles que aquellos que dependen de los químicos, la mecanización y los insumos externos. Un gran número de sistemas con base agroecológica se reportaron posteriormente, algunos de los cuales han exhibido sostenidas duplicaciones de rendimiento por 25 y hasta 50 años.


Los enfoques agroecológicos están aumentando la producción bajo condiciones ambientales que están lejos de ser las ideales, tal como laderas erosionadas en América Central, altas mesetas áridas en los Andes, áreas semiáridas en el Sahel Occidental africano, tierras exhaustas en Africa del Este y del Sur, zonas forestales marginales en Madagascar, áreas superpobladas en Malawi, llanos inundados en Bangladesh, las zonas en conflicto de Sri Lanka, las zonas de pendientes de Filipinas y los bosques marginales remotos de Indonesia.


Que se pueda aumentar el rendimiento al doble o más en estas áreas se debe en parte a la escasa base de la producción a partir de la cual comienzan estos agricultores. Sin embargo, los niveles de rendimiento absolutos también pueden ser mayores. Estas son áreas donde la necesidad de incrementar la producción es mayor y donde el suelo, clima y otras condiciones son más desfavorables. Muy relacionado a escasa dotación de recursos y a las necesidades humanas urgentes, los niveles de producción recién obtenidos son bastante significativos y proporcionan alimento directamente a los hogares que son más vulnerables a la inseguridad alimentaria.


Incluso se han obtenido incrementos significativos en la producción. Algunos de los resultados más impresionantes de estos nuevos enfoques se han logrado en Africa, un continente con serio déficit de alimentos y grandes limitaciones. Con la debida atención al suelo, manejo de los nutrientes y del agua es seguro que se puede lograr una expansión sustancial de la producción.


No todas las innovaciones agrícolas funcionan bajo las mismas condiciones. Por ejemplo, cuando el suelo carece de ciertos nutrientes o la lluvia es escasa o poco confiable, las buenas prácticas agroecológicas pueden superar tales limitaciones y alcanzar niveles de producción razonables. Es indudable que algunas de estas prácticas mejoran el estado de los nutrientes del suelo y la capacidad de retención de agua, introduciendo así la posibilidad de restauración o aprovechamiento del suelo. Las especies leguminosas silvestres como canavalia o tephrosia pueden crecer e incluso enriquecer el suelo, donde parece imposible que crezcan plantas.


En los lugares donde la mano de obra constituye una limitación, algunas de estas innovaciones no son prácticas porque requieren más trabajo. Sin embargo, cuando se combina frijol terciopelo (mucuna) con maíz, usados como cultivo de cobertura añadido al suelo después de cortado, se reducen los requerimientos de mano de obra y al mismo tiempo el suelo se protege de la erosión y se enriquece por la fijación del nitrógeno en las raíces de las leguminosas, lo cual incrementa el rendimiento en 35 –40 por ciento (Thurston et al., 1994).


Todas las tecnologías que hemos considerado requieren manejo y conocimiento intensivo, y la mayoría de ellas necesita un tiempo considerable para desarrollar y diversificarse en forma satisfactoria para los usuarios. El éxito depende, en gran medida, del mejoramiento de la capacidad humana para tomar decisiones, manejar los recursos, adquirir información y evaluar los resultados. Aunque tales actividades se ven sólo como un costo de producción desde el punto de vista convencional, cuando los agricultores las adoptan, se incrementa su nivel de pericia, conocimientos y toma de decisiones. Esto permite a los agricultores ser más productivos en el futuro.


Por tanto, las actividades que mejoran los recursos humanos deben ser consideradas como beneficiosas para los agricultores y no solamente como un costo. Practicar una agricultura con mayor intensidad de manejo y conocimientos e involucrarse en la experimentación y evaluación que aumenta el capital humano en el sector agrícola, es una forma más progresista de agricultura. Esto también tiene el efecto de dar mayor confianza y habilidad a los agricultores para resolver problemas.


Énfasis en los procesos


Una conclusión importante de la conferencia fue la preocupación por los procesos por medio de los cuales se desarrollan, mejoran y difunden las nuevas prácticas agrícolas, más que por los sistemas de producción y las tecnologías examinados. Estos nuevos enfoques han surgido de la amplia experiencia y experimentación -parte de ella de los propios agricultores- con frecuencia estimuladas por las organizaciones no gubernamentales (ONG), instituciones de investigación y universidades. En algunos casos agencias gubernamentales han empezado a trabajar en una nueva interrelación menos dirigida y más colaborativa con los agricultores.


La práctica está muy por encima de la teoría en esta área, porque la agroecología proporciona un fundamento teorético básico y válido para comprender y ayudar a establecer estos cambios en las prácticas de producción. Lo que ahora se considera innovaciones, con frecuencia no lo son, al menos no para los agricultores.


La Agroforestería, por ejemplo, que fuera "descubierta" por donantes, investigadores y gobiernos en los 70, es casi tan antigua como la propia agricultura y en ella se han combinado plantas perennes con animales y cultivos anuales. (Esta fue una de las razones para el subtítulo de nuestra conferencia, la cual ha yuxtapuesto nuevos paradigmas y prácticas antiguas). La agroforestería se ha convertido en una nueva ciencia aplicada en el campo del manejo de los recursos naturales (Izac y Sánchez, 1999).


Como discutiremos más adelante, hay una metodología emergente para la innovación agrícola que es tan importante como las tecnologías que resultan de ella. Este enfoque se basa en una participación activa de los agricultores –indudablemente, en el liderazgo de los agricultores- en un proceso de identificación de problemas y necesidades para comenzar y guiar los procedimientos; de determinar y escoger entre posibles soluciones; de probar, monitorear y evaluar los resultados de las nuevas prácticas; y de ayudar a difundir los resultados considerados beneficiosos. Este proceso puede ser caracterizado como desarrollo tecnológico participativo, investigación y extensión centradas en el agricultor, o mejoramiento agrícola de agricultor a agricultor.


Esta metodología es más importante que cualquier otra, en particular porque la agricultura sostenible requiere una continua adaptación y cambio en las prácticas y estrategias; algo es necesario para lograr cambios en las condiciones ambientales, económicas y en otras que afectan la productividad y las utilidades de actividades y cultivos específicos.


De este modo, los nuevos enfoques se distinguen tanto por la forma en que son desarrollados por y para los agricultores, como por las tecnologías en sí. El conocimiento local se complementa y se elabora a partir del conocimiento que científicos e investigadores pueden aportar al proceso colaborativo de desarrollar posibilidades tecnológicas.


Hay una especial necesidad por la innovación en las áreas rurales a las cuales no han llegado las opciones de la Revolución Verde. Para que sus problemas de seguridad alimentaria sean resueltos, los medios para aumentar la producción deben estar dentro de los alcances y la comprensión de los propios agricultores.


¿Hacia dónde deben dirigirse los esfuerzos?


La Revolución Verde obtuvo sus mejores resultados de productividad en los lugares de más fácil acceso, en áreas con las mejores condiciones de suelo y clima, y en general con agricultores aventajados, de mayor nivel educativo. El mayor reto ahora es incluir y beneficiar áreas y personas menos dotadas.


Tales regiones y personas son consideradas por lo general "marginales". Este término se refiere apropiadamente a aquellos ubicados en márgenes de las áreas agrícolas más prósperas y de la corriente económica. Con frecuencia el término implica, sin embargo, que estas personas y lugares no son productivos y por lo tanto no es rentable invertir en ellos.


Esta visión es tomada por algunos como una justificación al hecho de ignorar tales áreas o de darles ayuda en forma caritativa, sin esperar elevar su productividad en forma significativa. Otros, incluyendo la comunidad internacional de investigadores, ven las áreas marginales como oportunidades para obtener mejoras sustanciales en la seguridad alimentaria, disminución de la pobreza y conservación del medio ambiente en una serie de situaciones exitosas.


Hay evidencia creciente de la investigación económica, que dirigir las inversiones principalmente hacia las áreas y poblaciones mejor dotadas, no tiene sustento desde el punto de vista empírico, pues se han hecho inversiones considerables en dichas áreas y éstas registran menores retornos a los insumos de capital.


En consecuencia, no debe causar sorpresa que las inversiones en las áreas más pobres, seriamente descapitalizadas, puedan producir retornos marginales mayores que las inversiones en las áreas más ricas (Hazell y Fan, 2000). Aunque éstas no son las primeras en términos absolutos, con inversiones apropiadas, es decir, favorables para sus condiciones y necesidades, pueden ser más productivas en términos relativos.


¿Cuáles serían las inversiones apropiadas? Sólo en casos especiales las tecnologías desarrolladas para áreas favorecidas podrían ser productivas en áreas marginales y más pobres. Como regla, las nuevas tecnologías tendrán que ser modificadas, adaptadas o desarrolladas de novo a partir de prácticas y conocimientos preexistentes.


Las posibilidades para "transferencia de tecnología" desde las áreas favorables a las marginales fueron discutidas en la conferencia. Este aspecto fue considerado en general un concepto no apropiado para las áreas marginales, donde se tiene que tratar con mucha mayor heterogeneidad y variabilidad. Allí, la tecnología tiene que ser ajustada y adaptada más extensivamente que en los lugares donde los buenos climas y suelos favorecen el monocultivo y la inversión de grandes capitales.


Que una tecnología sea productivamente sostenible depende de las condiciones locales y tales condiciones varían ampliamente e incluso cambian. El desarrollo de una agricultura más apropiada y productiva bajo circunstancias cambiantes y diversas será más exitosa en la medida en que se involucre más activamente a la población rural para estructurar y manejar el proceso.


Comprometerse en un proceso de esta naturaleza aumentará los conocimientos, habilidades y confianza de los agricultores, y les dará una mayor capacidad para enfrentar los retos y problemas futuros, ya sea que éstos estén dentro del ámbito de la agricultura o fuera de él. Es crucial que los agricultores tengan más capacidad para adaptarse a los continuos cambios, debido a que no existen soluciones tecnológicas permanentes, especialmente con el crecimiento y fortalecimiento de globalización de la economía y la cultura.


Principios agroecológicos


Nos dimos cuenta de que nuestra discusión continuamente iba y venía entre consideraciones biofísicas y socioeconómicas. Es indudable que una perspectiva ecológica debe aclarar que los factores no pueden ser entendidos en forma aislada. El progreso requiere que seamos analíticos, críticos y que evaluemos nuestro modo de pensar, pero también que sinteticemos y tengamos un entendimiento holístico.


Se discutieron ciertos principios agroecológicos claves que podrían aplicarse para elevar la productividad agrícola en forma sostenible (Altieri, 1995):

Biodiversidad a todo nivel, para mantener mayor elasticidad y riqueza en los sistemas ecológicos;


Sinergia para lograr mayor producción a partir de insumos definidos gracias al refuerzo de las interacciones entre cultivos, suelos, insectos, plantas, animales, microorganismos, etc.


Dinamismo, reconociendo y capitalizando un continuo cambio de los organismos y sistemas vivientes, tales como el proceso de reciclaje de los nutrientes.


Valor agregado a la productividad de recursos tales como un mejor mantenimiento de la calidad del suelo;


Conservación y regeneración para minimizar las pérdidas de los sistemas y reforzarlos de acuerdo a los principios anteriores; y


Adaptación e innovación para lograr cambios en las condiciones del medio ambiente y desarrollar continuamente nuevas formas para resolver problemas.


De nuestras discusiones se dedujo que los principios de la agroecología también son apropiados para comprender cómo obtener mayor productividad a partir de los sistemas socioeconómicos y culturales a nivel local y de la comunidad y a partir de sistemas político-económicos a nivel nacional y más allá.


La diversidad, por ejemplo, es un principio que se aplica más allá del campo de los ecosistemas, porque la diversidad cultural brinda beneficios similares que los de la biodiversidad. La sinergia se ve en estos otros campos cuando se añaden positivamente soluciones que surgen de la consulta y el acomodo de mútiples intereses.


Un enfoque agroecológico expande sus horizontes para el análisis y la intervención tomando todo el paisaje o las asociaciones de flora como el punto central y no sólo un cultivo o campo en particular. El control de plagas y enfermedades, por ejemplo, puede ser mejorado si se mantienen diversas combinaciones de cultivos y plantas no cultivables y se usan plantaciones de borde o cercos. También, aunque los cultivos alternos no logran el mejor rendimiento posible de un cultivo en particular, la productividad del área cultivada total se puede incrementar considerablemente en esta forma.


Un enfoque agroecológico busca también mantener un flujo continuo de servicios ecológicos del paisaje, que incluye las áreas cultivadas, los pastizales, áreas silvestres y las zonas de pesca. En la forma convencional en que la agricultura es concebida, evaluada y manejada, se da escasa atención a proteger el suelo de la erosión, retener y almacenar agua, filtrarla para mejorar su calidad, cuidar la fauna que poliniza la flora, controlar los cambios de temperatura y otros servicios.


La agricultura convencional se ha convertido algunas veces en una amenaza para el medio ambiente en los lugares donde prevalece la dependencia en químicos y el monocultivo a gran escala. La agricultura debería ser al menos benigna para el medio ambiente y tener efectos benéficos donde sea posible.


Afortunadamente, la agricultura puede ser diseñada y practicada en diferentes formas para aumentar el potencial productivo en lugar de agotarlo (Power, 1999). Los enfoques agroecológicos que incluyen el poder de recuperación de plantas y microorganismos pueden ayudar a restaurar áreas que antes no fueron productivas o que ahora ya no lo son.


Ejemplos de enfoques agrícolas innovadores


De los estudios de caso y los análisis comparativos presentados en la conferencia se hizo evidente que el uso de procesos biológicos y potenciales no es una forma de "retroceso" de la agricultura. Los resúmenes siguientes constituyen una muestra de las experiencias compartidas por los participantes en sus presentaciones.


África

Kenia

En el semiárido distrito de Machakos, durante 60 años, las familias invirtieron en una gran variedad de prácticas de mejoramiento del terreno acompañadas de patrones de cultivo que respondían a las oportunidades del mercado. Entre estas prácticas estaban el uso de terrazas, encierro del ganado y uso del estiércol, plantar árboles y cercos, almacenar el agua en lagunas y otras estructuras. La mayoría fue desarrollada por agricultores y llevada a cabo sin ninguna ayuda o guía del gobierno. Esto permitió a las familias de Machakos elevar su productividad agrícola por hectárea once veces más, muy por encima del incremento de la población en cinco veces durante la misma época (Tiffen et al., 1994).


Según Tiffen (1999), "el sistema agrícola practicado en los 90 requiere mucho mayor juicio, conocimiento e información que el antiguo sistema de los años 30 orientado a la subsistencia". La cantidad de cambios sustanciales aplicados por los agricultores a sus sistemas de producción se puede apreciar en la siguiente tabla, que muestra cómo han sido de innovadores los agricultores activos.


Principales fuentes de ingreso de dinero en las fincas del Distrito de Machakos, Kenia, 1945-1990

Poblado
1945
1960
1990

Kagundo
Trigo, garbanzos,

culantro, azúcar,

banano, otros cultivos,

vacunos, leche
Frutales, hortalizas,

café
Café, frijoles

Mbooni (hombres)
Ganado, cultivos

alimenticios
Azúcar, papas,

wattle, ganado
Café, hortalizas,

árboles

Mbooni (mujeres)
Ganado, cultivos

alimenticios
Cultivos alimenticios,

ganado
Café, hortalizas,

artesanía

Masli (hombres)
Vacunos, mijo
Ganado, mijo
Algodón, frutales, frijol,

pawpaw, tomate, maíz,

ganado

Masli (mujeres)
Vacunos, grasa animal
Caprinos, vacunos
Arvejas, frijoles, maíz,

mangos

Makueni
-
Caprinos, arvejas,

frijoles, maíz, garbanzos
Frutales, algodón

Ngwata (hombres)
-
(1965-70)

carbón, miel, marfil
Maíz, frijoles, ganado,

caupí, carbón,

garbanzos

Ngwata (mujeres)
-
Remesas y ayuda

del hogar
garbanzos, sorgo,

caupí, carbón, ganado


Fuente: Entrevistas con líderes de los poblados en 1990, informe de Tiffen et al (1994), Cuadro 10.1.


Madagascar


El sistema de intensificación del arroz (SRI, en inglés) promovido por la Association Tefy Saina, una ONG de Malagasy, fue desarrollado por un sacerdote francés quien trabajó y experimentó con agricultores de este país durante los 70 y 80. Logró un alto incremento de los rendimientos del arroz en suelos pobres cambiando las prácticas de manejo del complejo planta-suelo-agua-nutrientes. Los cambios fueron bastante radicales: las plántulas transplantadas muy jóvenes, más bien solas que en grupos y dejando gran espacio entre ellas. Durante la etapa de crecimiento vegetativo se regaba y se dejaba secar el suelo en forma intermitente en vez de mantener el campo con agua constante.


En los lugares donde el arroz irrigado producía 2 toneladas por hectárea, los rendimientos con SRI variaban de 4 a 10 toneladas e incluso más dentro de una amplia variedad de niveles de elevación y precipitación, sin necesidad de nueva semilla ni aplicación de fertilizantes químicos. Los métodos SRI dieron estos resultados con todas las variedades de arroz, aunque algunas variedades mejoradas, si eran apropiadas para el área, producían rendimientos en el rango de 10-20 toneladas. Donde el fertilizante es muy caro o no está disponible se usa compost (Uphoff, 1999). El nombre Tefi Sayna significa "mejorar la mente" porque usa la experiencia con SRI para alentar una mayor experimentación entre los agricultores.


Senegal


El Centro de Agricultura Regenerativa apoyado por el Instituto Rodale, una ONG americana, ha desarrollado medidas con cientos de agricultores en la región semiárida de Thies (precipitación promedio 400 mm) para prevenir la erosión del suelo por el agua y el viento y para mejorar la fertilidad del suelo. Las medidas consistían en introducir árboles y arbustos de leguminosas como rompevientos y fuentes de materiales orgánicos, rotación y alternancia de leguminosas y cereales, particularmente maní y mijo, más el uso de estiércol o compost.


Los ensayos manejados por agricultores en siete localidades en un período de cinco años demostraron que si se añade compost al estiércol se aumenta el rendimiento del mijo y el maní de 30 a 74 por ciento. Compost y estiércol juntos dieron rendimientos de 95 a 105 por ciento mayores que los de las parcelas de control que no recibieron ningún tipo de nutriente orgánico (Diop, 1999). Las barreras de piedra para almacenar agua demostraron que incrementaban de 3 a 5 veces la capacidad del suelo para retener agua en un período de cinco años. Los agricultores están participando en el manejo del Centro así como en el mejoramiento de su propia finca.


Mali


En el distrito de Douentza, una área más árida, con una precipitación anual de tan sólo 150 mm, una estación seca de 9 a 11 meses y sequías frecuentes, el Comité de Servicios Unitarios de Canadá ha estado trabajando con 18 poblados desde 1987. Según los estándares de FAO para estimar los requerimientos de alimentos, el distrito ha estado produciendo no más del 75 por ciento de sus necesidades de alimentos incluso en los mejores años.


Una combinación de prácticas de conservación de suelo y agua ha demostrado que los rendimientos de mijo y sorgo pueden ser incrementados con seguridad en un 50 por ciento, lo que haría por lo menos autosuficiente a la población de esta remota área. Las técnicas de almacenamiento del agua para proteger 4,000 hectáreas de terrenos arables han ayudado a aumentar los rendimientos hasta 1.7 toneladas por hectárea, bastante lejos del nivel de 0.6 toneladas, previamente considerado un buen rendimiento. Los huertos de hortalizas y árboles frutales contribuyen más a la seguridad alimentaria en esta remota área (Fofana, 1999). Estos cambios se están llevando a cabo por medio de discusiones y planificación con las comunidades.


Malawi


El Centro Internacional para el Manejo de los Recursos Acuáticos Vivientes (ICLARM) ha estado trabajando con pequeños agricultores de este país para introducir la acuicultura de una forma integral. Los estanques de las fincas no son operadas como actividades de producción separadas sino que están situadas cerca de huertos de hortalizas a fin de utilizar y reciclar en conjunto el flujo de nutrientes. Cientos de pequeños propietarios producen ahora 1.35 a 1.65 toneladas promedio de pescado por hectárea por año en sus estanques. Esto es 50 a 80 por ciento más que el rendimiento promedio de 0.9 toneladas para las 48 piscigranjas especializadas más productivas del sur de Malawi (Brammett, 1999).


Los estanques, que son alimentadas en su mayor parte de los residuos del huerto y del hogar, generan tres veces más ingresos netos para una familia que el maíz y otros cultivos. El sistema se está difundiendo de un agricultor a otro. Una encuesta en el distrito de Zomba halló que el 80 por ciento de los agricultores que practican la pesca integral en su finca nunca tuvieron una demostración de esta práctica. En Zomba del Este, donde ICLARM trabajó con 34 campesinos en 1991-1995, actualmente 225 tienen piscigranjas en práctica. Este proceso de intensificación está avanzando espontáneamente sin ninguna ayuda exterior.


Nigeria


Un estudio de largo plazo del cambio agrícola desde 1900 (Tiffen 1976, y 1999) documenta cómo en Gombe, en la parte norte del país, los métodos de bajos insumos externos condujeron a avances significativos en los rendimientos. En particular, el estiércol de vacuno se usó para sembrar maíz, algodón y otros cultivos en una escala creciente.


En años más recientes, sin embargo, estos métodos han sido modificados bajo la presión del incremento de la población, apoyada en parte por los éxitos agrícolas. Este caso señala la capacidad de cambio de la agricultura. En 1967 el maíz no era un cultivo importante; 20 años después, representa un producto de exportación significativo a otras regiones de Nigeria.


Zambia y Kenia


El Centro Internacional para la Investigación en Agroforestería (ICRAF) ha estado tratando de solucionar las limitaciones de la fertilidad del suelo en Africa por diversos métodos. Durante un período de barbecho de dos años, las hojas y las raíces de los arbustos de leguminosas acumulan unos 200 kg de nitrógeno por hectárea. Cuando éste se incorpora al suelo, el terreno puede resistir dos o tres cultivos subsecuentes de maíz duplicando o cuadruplicando los rendimientos del maíz (Sánchez 1999). Alrededor de 10,000 agricultores en Africa del Sur están usando ahora sesbania, tephrosia, gliricidia y otras leguminosas en esta forma. Esta práctica les da por hectárea la cantidad de nitrógeno equivalente a unos US$240 de fertilizante (Kwesiga et al., 1999).


El girasol silvestre (Tithonia diversifolia) que tiene altas concentraciones de nitrógeno, fósforo y potasio en su biomasa se está usando como abono verde en Kenia para incrementar los rendimientos del maíz y hortalizas (Buresk et al. 1997). El ingreso de dinero en efectivo de las familias puede aumentar en 10 veces con esta fuente orgánica de mejoramiento de la fertilidad.


Los fosfatos de las rocas fosfóricas de alta reacción se usan para superar las deficiencias de fósforo en el suelo. Estas tecnologías son consideradas como un medio de dar poder, no sólo producción. Sánchez (1999) citó la frase de un agricultor de Zambia: "La agroforestería ha restaurado mi dignidad. Mi familia ya no padece hambre; incluso puedo ayudar a mis vecinos".


Resumen de la región


El Centro para el Ambiente y la Sociedad de la Universidad de Essex, en el Reino Unido, ha llevado a cabo una evaluación de los proyectos o iniciativas para las alternativas a la agricultura sostenible a lo largo de Africa. Una revisión de 45 de ellos en 17 países africanos fue presentada en la conferencia (Pretty, 1999). Estos proyecto o iniciativas involucran a unas 730,000 familias campesinas cubriendo 600,000 y 900,000 hectáreas de tierra bajo prácticas agroecológicas.


El mejoramiento de los rendimientos del maíz y los bananos en estos países estuvo entre 50 y 100 por ciento; y el de la papa hasta 200 por ciento. Los menores incrementos en rendimiento estuvieron en el rango de 5 a 10 por ciento. Los beneficios adicionales fueron la diversificación de la producción, particularmente por medio de huertos hortícolas que producían todo el año, incluso en la estación seca, o la producción de peces en estanques, y la recuperación de tierras para futura producción.


América Latina

América Central


La ONG internacional World Neighbors comenzó a trabajar con las comunidades de los alrededores de San Martin Jilotepeque, Guatemala, en 1972, y en los alrededores de Guinope, Honduras en 1981. Ellos han obtenido algunos incrementos trascendentales donde los agricultores son típicamente pequeños (0.5 y 2.5 hectáreas respectivamente) y la topografía, los suelos y las precipitaciones son limitantes. En siete y ocho años los rendimientos de maíz con los dos programas crecieron de 0.4-0.5 toneladas por hectárea a 2.5 toneladas, un gran salto. Este aumento se logró por medio de medidas de conservación del suelo, agregado de nutrientes –estiércol de pollo, abonos verdes y/o fertilizantes químicos- y otras mejoras en el manejo.


La estrategia de la experimentación del agricultor y la extensión de agricultor-a-agricultor que estos programas desarrollaron, condujeron a continuos incrementos auto-manejados en la productividad. En el caso de Guatemala, sin ayuda externa después de 1979 (y una guerra civil que devastó el área), los rendimientos de maíz aumentaron hasta 4.5 toneladas por hectárea en 1994, y en el caso de Honduras, hasta 3.7 toneladas. Hacia 1994 los rendimientos promedio del frijol eran de 1.35 toneladas por hectárea en los cuatro poblados de los dos países (Bunch, 1999). El enfoque agricultor-a-agricultor desarrollado por medio de estos programas (Bunch 1982) se ha extendido hacia otros países.


Región andina


World Neighbors comenzó a trabajar con las comunidades rurales en Perú en 1970 y en Bolivia en 1975. Otro programa fue iniciado en Ecuador en 1989. Los métodos de experimentación y extensión para agricultores han sido la base de estos programas. Una vez que los agricultores peruanos se involucraron en las pruebas y evaluaciones sistemáticas de diferentes variedades de papa y cebada, así como en diferentes prácticas de cultivo, lograron diferencias en el rendimiento de hasta 300 por ciento. Este resultado les permitió hacer mejores elecciones y obtener mayores retornos de su terreno y mano de obra. También notaron que las variedades producen resultados muy diferentes según el ambiente particular en el cual se desarrollan.


En Bolivia, donde el promedio de precipitación es sólo 500 mm en las áreas montañosas, los agricultores, iletrados en su mayoría, realizaron experimentos con parcelas randomizadas y mediante pruebas de significación estadística descubrieron que las diferencias en variedades y prácticas de manejo producen gran variación en los rendimientos de la papa. Las parcelas testigo produjeron hasta 44 toneladas por hectárea, comparadas con el promedio tradicional de 2 toneladas, incluso bajo condiciones difíciles de suelo y agua.


La papa es el principal cultivo alimenticio de la región. Se sabe que usando estiércol de oveja en los campos se elevan los rendimientos hasta en 5 toneladas por hectárea. Los agricultores que trabajan con World Neighbors aprendieron de los experimentos que podían alcanzar las 8 toneladas si cultivaban lupino como abono verde y luego lo mezclaban con el suelo para incrementar la materia orgánica y el nitrógeno. Combinando lupino con estiércol de oveja la producción puede llegar hasta 12 toneladas. Los cálculos de costo de producción mostraron que una inversión de $18 de semilla de lupino más mano de obra podría producir US$1200 más de valor de las papas (Ruddell y Beingolea, 1999).


Brasil


En este país se ha visto una adopción amplia de los abonos verdes y cultivos de cobertura, que incrementan la actividad biológica y la retención del agua en el suelo. Un estimado de 40,000 agricultores usan ahora variaciones de esta tecnología en el sur de Brasil. Algunos usan equipo mecánico pesado y herbicidas, pero otros están desarrollando métodos más amigables para el medio ambiente como labranza mínima sin herbicidas. Desde 1987 los rendimientos del maíz se han elevado de 3 toneladas por hectárea a 5 toneladas, y la soya de 2.8 a 4.7 toneladas por hectárea (Altieri, 1999).


Cuando se mantiene la cobertura del suelo en esta forma se mejora enormemente la calidad del suelo y ello genera menor necesidad de mano de obra. Las especies de leguminosas y las prácticas de cultivo que funcionan mejor son específicas para cada lugar, por lo tanto, se requiere mucha experimentación y adaptación. Se está difundiendo ampliamente un proceso de experimentación de agricultores, apoyado por ONGs y otras organizaciones. Los propios agricultores han formado asociaciones para facilitar el intercambio de información.


Resumen de la región


Desde comienzos de los 80, más de 200 proyectos promovidos por las ONG de América Latina se han concentrado en promover tecnologías agroecológicas apropiadas a las complejidades del sistema campesino. Los cultivos múltiples (policultivos) han demostrado ventaja en el rendimiento de 20 hasta 60 por ciento. En México, una hectárea sembrada con una mezcla de maíz, zapallo y frijoles produce tanto alimento como 1.73 hectáreas de terreno sembrado sólo con maíz. Un campo con múltiples cultivos también produce el doble de materia seca (4 toneladas vs. 2 toneladas) que puede ser incorporada al suelo para mantener la fertilidad (Altieri 1999). Otra ventaja de tales sistemas es la mayor estabilidad del rendimiento cuando se dan variaciones climáticas, con un coeficiente de variabilidad en promedio 30 por ciento menor que con el monocultivo (Francis, 1986).


El uso de cultivos de cobertura se está difundiendo en América Central y del Sur. En Nicaragua, el movimiento de Campesino a Campesino ha movilizado unos 1,000 participantes en una cuenca sembrando leguminosas como cultivo de cobertura para recuperar terrenos degradados. El uso de fertilizantes químicos se redujo de 1.7 toneladas por hectárea a 0.4 toneladas, mientras que los rendimientos se incrementaron de 0.7 a 2 toneladas por hectárea, con una reducción de 20 por ciento en los costos de producción (Buckles et al., 1998). En algunos lugares se ha dejado de usar los cultivos de cobertura por los cambios en el ambiente económico, como el costo de oportunidad de mano de obra, pero se están extendiendo hacia otras áreas donde existen mejores condiciones biofísicas y socioeconómicas (Neill y Lee, 1999).


Asia

Bangladesh


El Programa Arroz-Peces fundado por el Departamento para el Desarrollo Internacional del Reino Unido y la Unión Europea, y administrado por CARE/Bangladesh, está trabajando actualmente con unas 150,000 familias rurales para expandir la producción de arroz dentro de sistemas agrícolas integrados que también practican el manejo integrado de plagas (MIP) con bajos insumos externos. El programa busca optimizar el uso de los recursos naturales disponibles y una mayor productividad del uso de la tierra. Aumentando el rendimiento del arroz de 3.8 toneladas por hectárea a 4.1 toneladas con una reducción de costos del 18-30 por ciento se logra elevar los ingresos de los agricultores participantes hasta un 50 por ciento más que los de los agricultores testigo del área, quienes tienen activos similares pero no participan en el proyecto.


Los resultados se han estabilizado con una variancia reducida de la producción del orden del 50 por ciento, comparada con la de los agricultores testigo. Si se crían peces en los arrozales y se usan cultivos de hortalizas en los bordes de las pozas, se puede alcanzar un ingreso de hasta $240 por hectárea. Esto es casi el doble del ingreso obtenido por una hectárea con sólo arroz. Estas prácticas se han desarrollado y se han extendido por medio de las Escuelas de Campo para Agricultores. Estas escuelas aplican métodos de alta participación y siguen el ejemplo del programa MIP de Indonesia, desarrollado en los últimos 10 años con el apoyo de FAO (Oka, 1997). El programa Arroz-Peces pretende ahora alcanzar a un millón de familias a partir del próximo año (Dessilles, 1999).


Sri Lanka


Un programa similar de manejo integrado de plagas y cultivo se ha puesto en operación en este país, administrado por CARE y con apoyo técnico del Instituto de Recursos Naturales del Reino Unido. Como el programa MIP de Bangladesh, éste también usa la metodología de las Escuelas de Campo de Agricultores, la cual desarrolla las habilidades analíticas y de observación del agricultor en lugar de sólo enseñarles métodos de control de plagas. En la temporada de 1997-98, los rendimientos de arroz de agricultores que usaron métodos aprendidos en la escuela de campo fueron de 11 a 44 por ciento más elevados que los de agricultores que no recibieron capacitación en los mismos distritos, y sus ingresos netos fueron 38 a 178 por ciento mayores debido al menor costo de producción.


El programa abarca tanto cultivos de hortalizas como arroz. El incremento en los rendimientos con la capacitación en MIP para la producción de hortalizas estuvo entre el 7 y el 44 por ciento, con un incremento en los ingresos entre 12 y 129 por ciento para estos cultivos.


Hay una difusión rápida debido al método de agricultor a agricultor. Los resultados de 20 encuestas indican una expansión 13 veces mayor en el uso de MIP. Con un total de 4,287 agricultores capacitados, unos 55,000 agricultores usan ahora estos métodos (Jones, 1999). Esta difusión muestra el potencial de la diseminación, incluso de tecnologías complejas, liderada por agricultores, cuando los usuarios se involucran activamente en comprenderlas y adaptarlas, y no sólo reciben capacitación de cómo usarlas.


Indonesia


Un sistema agrícola nativo que no está ampliamente diseminado pero que es muy interesante es el complejo "agroforestal" de Indonesia, fue inventado por los locales que han vivido en las márgenes de los bosques tropicales durante generaciones. Después de hacer preparaciones de roza y quema, los cultivos son sembrados junto con plántulas de árboles que finalmente dan sombra al cultivo, ocupan diferentes estratos y producen cultivos de alto valor como frutas, resinas, plantas medicinales y madera de alta calidad (Michon y de Foresta, 1996).


Estos sistemas dan lugar a un estándar de vida más alto para quienes los manejan que el que disfrutan otras familias de la misma área que sólo plantan cultivos. Aún más, la población de plantas, pájaros y mamíferos asociados con las agroforestas son tan extensas y diversas como las de los bosques silvestres adyacentes (Sánchez, 1999).


Las agroforestas no fueron citadas como un ejemplo de sistema agrícola que puede expandirse a cualquier otro lugar, pero sí como un ejemplo de coexistencia productiva entre la agricultura y el ambiente natural donde el bienestar de la población puede ser mejorado sin sacrificar la integridad o los servicios del medio ambiente. Estos sistemas tienen un potencial de adopción en los márgenes de los bosques húmedos tropicales. Sin embargo, para que las agroforestas permanezcan viables necesitan reconocimiento y protección legal, y el ICRAF ha ayudado a negociar su situación legal con el gobierno.


Filipinas


Una de las principales limitaciones a la producción en el Sureste de Asia es el grado de pendiente de los terrenos, donde más de la mitad tienen un 8 por ciento de pendiente. Las prácticas convencionales agrícolas contribuyen a la erosión del suelo (60-200 toneladas por hectárea por año) y afectan la fertilidad de éste. Durante muchos años se aconsejó a los agricultores construir terrazas o sembrar cercos en los contornos para controlar la erosión, pero estas tecnologías no fueron adoptadas ampliamente, en parte por su requerimiento de mano de obra.


En la región de Claveria, al norte de Mindanao, ahora hay una tecnología más simple y más barata desarrollada por ICRAF y sus asociados, que los agricultores han adoptado ampliamente y están adaptando a sus condiciones. Esta tecnología (NVS en ingés) involucra franjas vegetativas naturales que pueden reducir casi completamente la pérdida del suelo. Los rendimientos de maíz han aumentado de 1 a 2 toneladas por hectárea hasta 2 – 3 toneladas, y la investigación muestra que esas franjas incrementan la fertilidad en el tiempo. Algunos agricultores obtienen 12 toneladas de maíz por hectárea a partir de dos cultivos al año. Las áreas pueden ser plantadas con árboles frutales u otras plantas de valor económico que posteriormente incremente los ingresos.


Los agricultores estiman que estas franjas incrementan el valor de los terrenos en 35 –50 por ciento (Garrity, 1999). Es muy significativo que ahora los agricultores estén difundiendo esta tecnología de propia iniciativa. En los alrededores de Claveria se han formado más de 100 organizaciones de agricultores con alrededor de 2000 miembros, para promover el uso de estas franjas de vegetación natural. Esto es más o menos análogo al movimiento "LandCare" de Australia. Los grupos realizan experimentos para evaluar plantas o pastos alternativos que se puedan usar en las franjas y establecen viveros para asegurar la provisión de material de siembra. Los gobiernos locales ahora dan apoyo financiero a estas organizaciones que se están difundiendo en Mindanao.

Requisitos para la innovación


Estos ejemplos de innovación agrícola se basan en ideas, recursos y manejo locales, así como en consideraciones científicas referentes al manejo de los recursos naturales (NRM, en inglés). Las innovaciones con frecuencia son estimuladas por las ONG o las instituciones de recursos naturales. La mayoría ilustran con ejemplos los principios del NRM y todas son consistentes con las consideraciones que provienen del análisis agroecológico.


La conferencia reconoció el potencial que tales innovaciones tendrían para cubrir las necesidades de alimentos en el mundo del futuro. Nuestro enfoque inicial estuvo centrado en las tecnologías y prácticas agrícolas que han sido creadas y adaptadas, así como en el incremento del rendimiento que se podría lograr con ellas, a menudo bajo condiciones muy marginales.


El análisis de los casos que consideramos también se centró en un análisis de los procesos por los cuales se desarrollaron y difundieron estas innovaciones. En casi todos los casos hubo una impresionante organización social, formal o informal, que se erigió sobre los conocimientos, roles, reglas e incentivos previos de las comunidades rurales y se crearon nuevas responsabilidades e interrelaciones donde era necesario.


Los estudios de caso dieron un testimonio constante de productividad por la participación y liderazgo de los agricultores en estos procesos. No queremos decir que todos los agricultores de las comunidades rurales estén ávidos de innovación. Como en otros grupos de seres humanos, hay grandes diferencias entre sus intereses y talentos.


Pero los participantes que trabajaron directamente en estos programas proporcionaron muchos ejemplos de situaciones en las cuales los agricultores mejoraron los enfoques estándar de la agricultura o generaron nuevas ideas. De este modo, concluimos que la extensión e investigación enfocada en el agricultor no debe considerarse pasada de moda en los proyectos de desarrollo, si no más bien debe ser una estrategia a largo plazo para mejorar la agricultura en sus diferentes dimensiones.


En los estudios de caso no fueron tan evidentes las grandes fuerzas políticas y económicas que dan forma a la evolución de los sistemas agrícolas en determinados países y bajo contextos locales. Muchas de las experiencias recogidas empezaron en una región en particular de un país o a pequeña escala, donde no necesariamente tenían el poder principal.


Algunas veces contaban con el apoyo de centros internacionales de investigación o agencias de donantes que hacían que el trabajo fuera menos vulnerable a la resistencia. Raras veces las innovaciones tenían al apoyo o el favor de las políticas establecidas. Pero como estaban favoreciendo la productividad, conservando recursos y beneficiando a las comunidades rurales, incluso a los miembros más pobres, las innovaciones han gozado de considerable legitimidad y cooperación.


No podemos saber cuáles serán los resultados donde la oposición a estos nuevos enfoques es fuerte, posiblemente secreta. El programa de MIP en Indonesia fue en un momento amenazado por los intereses comerciales que tenían millones de dólares invertidos para la importación de pesticidas químicos. En este caso, sin embargo, el fuerte respaldo de los altos niveles del gobierno ayudó a inhibir a la oposición. Es más, las unidades de gobierno locales contribuyeron a promover el MIP con sus propios presupuestos.


Para los programas promisorios aquí indicados, para lograr un alcance e impacto nacional, se necesitará políticas de apoyo y acuerdos institucionales. Las tecnologías no se difundirán por sí solas, especialmente si encuentran resistencia de sectores poderosos, porque proporcionan alternativas a prácticas que son lucrativas para los intereses comerciales, o si dan poder a la población rural en algunos sistemas políticos opresores. Será necesario investigar y reformar la política como componente integral del proceso de innovación.


En la medida en que los gobiernos y agencias donantes mantengan sus pronunciamientos referentes a la seguridad alimentaria, reducción de la pobreza y auspicio de mayor poder de los ciudadanos, será posible establecer e implementar políticas de apoyo. Que tales políticas sean aceptadas y puestas en práctica en el campo por profesionales del gobierno es uno de los mayores retos. Muchos dudan que los campesinos puedan alguna vez ser muy productivos y por lo tanto prefieren promover más el desarrollo liderado por empresas de agronegocios con grandes capitales. La reticencia a aceptar que la evidencia de la innovación agroecológica de base popular es impresionante, sigue siendo un obstáculo al cambio rural progresivo.


Algunas nuevas orientaciones de la agricultura que señalamos aquí ya están funcionando y creciendo a una gran escala, tal como el manejo integrado de plagas en Indonesia (más de un millón de agricultores capacitados) y la cero labranza en Brasil (400,000 agricultores). Otros están comenzando a escalar: el programa arroz-peces en Bangladesh comenzará a expandirse a un millón de hogares el próximo año, y diez millones de familias están adoptando las prácticas de agroforestería en Africa central y del sur. En el caso indonesio, cientos de trabajadores del estado se han convertido en capacitadores de MIP porque han visto por sí mismos cuánto pueden mejorar las prácticas agrícolas cuando se establece una asociación con las comunidades. Probablemente habrá un mayor apoyo político a todos los niveles para que este cambio continúe, en la medida en que mayor cantidad de agricultores se involucren y se beneficien de la agricultura agroecológica.


Transición en las áreas rurales


Una objeción presentada por algunos críticos es que los sistemas agrícolas que no usan cantidades significativas de capital o químicos conducen a los hogares rurales a la agricultura de pequeña escala por varias generaciones. Los partidarios de la modernización de la agricultura piensan que es un marca del progreso para muchos hogares dejar las áreas rurales y buscar un forma de poner en marcha la consolidación de la tierra, en la cual la agricultura sea a gran escala, más mecanizada y, según ellos, más productiva.


Esta concepción de agricultura, sin embargo, ignora el hecho de que mientras más grandes sean las fincas, serán más rentables para sus propietarios, pero pocas veces son más productivas en términos de retornos de la tierra. Donde la tierra es el factor de producción más escaso, la primera preocupación de la sociedad como un todo debe ser incrementar su productividad. Las propiedades más grandes siempre son trabajadas en menor grado que las pequeñas. En las grandes propiedades, donde el capital (mecanización) es sustituido por mano de obra, con frecuencia los rendimientos disminuyen en vez de aumentar.


¿Serán suficientes los ingresos de las pequeñas propiedades para satisfacer las aspiraciones de la población y sus necesidades? Esta es una pregunta importante. Los pequeños agricultores ya son más productivos por hectárea en todo el mundo que las fincas grandes, excepto cuando las unidades son tan pequeñas que las familias no les dedican mucha atención ni mano de obra (Berry y Cline, 1979; Johnson y Ruttan, 1994). Hemos visto que la intensificación basada en los principios agroecológicos ofrece posibilidades para producir ingresos sustancialmente mayores: hasta unas 10 veces en un caso en Kenia según Sánchez (1999). Donde el terreno es un factor limitante, las pequeñas propiedades usan tecnologías con mano de obra intensiva que, en general, dan mayores retornos que las grandes fincas donde la mano de obra se emplea en forma extensiva.


Un estilo de vida urbano no es necesariamente el preferido por muchas personas que ahora viven en áreas rurales. Los mayores ingresos de las áreas urbanas están ligados comúnmente a costos de vida más altos, con una calidad de vida menos satisfactoria. Las mayores oportunidades por servicios públicos, diversión y entretenimiento de las áreas urbanas están asociadas con frecuencia al crimen, lugares atestados y otras condiciones no deseadas.


El desarrollo nacional deberá incluir un desarrollo urbano no agrícola. Nadie debería esperar que la agricultura emplee indefinidamente la misma fuerza laboral que ahora. La agroecología no está dirigida a mantener a los pobladores rurales "abajo, en la finca" sino a ayudarlos a mejorar su modo de vida y en especial sus recursos humanos, de modo que puedan tener mejores oportunidades.


Es necesario que los gobiernos y agencias externas ayuden a aumentar las oportunidades de la población rural. Los campesinos no deben estar confinados a una vida de pobreza rural debido a la baja productividad y disminución de la calidad de los recursos naturales. Tampoco tendrían que sentirse presionados a migrar a las zonas urbanas por las circunstancias económicas, más por desesperación que por deseo. Hay muchas oportunidades que la agroindustria rural puede crear para añadir valor y aumentar los ingresos a las áreas rurales, creando efectos beneficiosos a partir de la agricultura. Un ejemplo es el procesamiento de la resina de "damar" en los poblados de Sumatra, en Indonesia. Otra es la posibilidad de fabricar medicinas para una enfermedad de la próstata a partir de Prunus africana en la zona rural de Kenia, Madagascar y Camerún en los lugares cercanos a donde crece este raro pero muy valioso árbol.


Los tipos de mejoramiento agrícola señalados aquí, y otros más que pueden surgir si se siguen principios agroecológicos y enfoques participativos similares, reforzarán la posición de los pobladores rurales que ahora son marginales en términos económicos, sociales y políticos. Una vez que sean más productivos, seguros y confiables podrán mejorar sus medio ambiente rural con los recursos y la capacidad de organización que han adquirido. O pueden tener una vida más exitosa en las poblaciones rurales, centros regionales o aglomeraciones urbanas si éstos se ven más atractivos.


La falta de promoción de un desarrollo agrícola y rural enfocado hacia los pobladores, en la forma en que hemos presentado aquí, acelerará la migración hacia las áreas urbanas, sin considerar las oportunidades productivas que allí pueden usar para dar apoyo a la población. La experiencia recibida de Bolivia indica que mientras la tecnología concebida y desarrollada externamente puede ser un agregado a la producción agrícola, ésta contribuye poco al desarrollo humano, necesario para el avance en todos los sectores. Los agricultores que han desarrollado habilidades analíticas y confianza a partir de la experimentación agrícola tendrán mayor capacidad para ser productivos en las ciudades si alguna vez son desplazados a un ambiente urbano.


La agroecología no está ligada exclusivamente al uso de los recursos locales. Como se ha visto en el caso de Nigeria, cuando la población se hace más densa no es posible sostener suficiente ganado que produzca el abono necesario para mantener la fertilidad de los campos o cultivar suficiente biomasa para el compost. Esto hace necesario el uso de fertilizantes químicos. La roca fosfatada es un componente esencial de la recuperación en los suelos deficientes en fósforo de Africa. Mientras la recuperación del nitrógeno puede ser bien manejada por la agroecología, el fósforo debe provenir de fuentes minerales, aunque la solubilización biológica también es posible.


En Madagascar la mayoría de agricultores no pueden gastar en fertilizantes debido a los bajos rendimientos y ganancias que obtienen del arroz. El sistema de intensificación del cultivo de arroz introducido allí puede multiplicar los rendimientos en varias veces. Tarde o temprano será necesario añadir componentes inorgánicos al suelo, dado el nivel extremadamente bajo de fósforo en la mayor parte de las áreas. En los alrededores del Parque Nacional Ranomafana, el nivel es 3-4 ppm y menos de 10 ppm en los mejores lugares.


Pero si en 5 a 10 años se pueden lograr mejores rendimientos, los agricultores podrán comprar fertilizantes para mantener la fertilidad de su suelo, que depende en grado sumo de la disponibilidad de fósforo.


Cambios en las prácticas y roles


La conferencia llegó a la conclusión optimista que los pequeños agricultores en la mayor parte del mundo en desarrollo no necesitan vivir con un déficit de alimentos ni ser tan pobres como ahora los son. Los productores que no se beneficiaron de las tecnologías basadas en el uso intensivo de capitales o químicos porque éstas no eran apropiadas a sus condiciones, pueden obtener ganancias a partir de los métodos de producción que se basan en el uso intensivo del conocimiento, habilidades y manejo de una agricultura agroecológica.


Es indudable que las unidades agrícolas de gran escala en todo el mundo también se pueden beneficiar de la comprensión y adaptación de los principios y prácticas de tales sistemas, como lo están haciendo cada vez más en Estados Unidos y Europa (Pretty, 1998; Thrupp. 1998). Muchos tipos de agricultura pueden ser más productivos y eficientes si pueden incorporar biodiversidad, sinergia y otros aspectos de los ecosistemas que funcionan bien.


Brindándoles el apoyo apropiado, la mayoría de pequeños propietarios podrían alimentar a sus familias y comunidades, y elevar significativamente sus ingresos con el uso de estos enfoques que combinan los principios participativos y agroecológicos. Más aún, muchas de las tecnologías pueden incrementar la producción más allá de las necesidades, de subsistencia de modo que estos hogares puedan contribuir a la seguridad alimentaria nacional e incluso alimentar a las crecientes poblaciones urbanas, y aun exportar productos de alto valor.


El potencial que se puede lograr se ha visto en los estudios de caso presentados. Que este potencial se haga realidad es incierto debido a que ello depende de mayores y más apropiadas inversiones y de políticas consistentes.


Es así que la inversión en los enfoques agrícolas alternativos ha sido mínima, una pequeña fracción de los recursos que han ingresado a la agricultura convencional. La mayor parte proviene de los propios agricultores, a los que se ha añadido recursos de instituciones de investigación, las ONG y universidades simpatizantes.


Las oportunidades para elevar la producción agrícola en una forma económicamente provechosa, positiva para el medio ambiente y que levante el nivel social están siendo abandonadas. Se justifica dirigir las inversiones en política e infraestructura hacia las denominadas áreas marginales por la creciente evidencia de que los retornos a la inversión son mayores en promedio que en las áreas con mayores ventajas, siempre y cuando las inversiones no sean escasas y esporádicas (Hazel y Fan, 2000).


Se sugirió que las comunidades rurales sean consideradas como una unidad de esfuerzo científico. No todos los agricultores tienen la misma capacidad o motivación para asumir el papel principal en experimentación y evaluación. Pero quienes tienen ese talento pueden motivar a otros a participar cuando se muestran resultados positivos. Hay gran cantidad de campesinos que son tan inteligentes como las personas de mayor nivel educativo que trabajan con ellos y quienes tienen una comprensión de los avances científicos así como de su aplicación para el logro de las metas agrícolas.


El desarrollo científico popular no debe ser aislado. Los ejemplos más exitosos, y los que pueden tener mayor impacto, están ligados a las ONG, instituciones de investigación nacionales e internacionales, universidades y oficinas del gobierno. Esos enlaces verticales son importantes, pero no más que los enlaces horizontales entre las propias comunidades, para intercambiar experiencias y apoyarse entre sí en el proceso. La extensión de agricultor a agricultor se ha podido apreciar en nuestro caso en Bolivia, Guatemala, Honduras, Kenia, Malawi. Filipinas, Sri Lanka y Zambia.


En lugar del modelo "lineal" de investigación y extensión, en el cual los científicos desarrollan nuevas tecnologías que se transmiten de los extensionistas a los agricultores, nuestra experiencia y observación apoya el modelo "triangular" formulado por Merrill Sands y sus colaboradores (1990) para el Servicio Internacional para la Investigación Agrícola Nacional (ISNAR). Este modelo considera a científicos, extensionistas y agricultores interactuando directamente en una relación de tres vértices. Tales esfuerzos colaborativos pueden ser productivos en distintas formas, según ha documentado Thrupp (1996, resumido en 1999).


El análisis económico es importante en este proceso, sobre todo si se considera el insumo mano de obra, porque para los agricultores el éxito agronómico no es suficiente. La mano de obra en las comunidades rurales tiene cero costo de oportunidad. La lenta difusión de muchas prácticas, que son sólidas desde el punto de vista agroecológico, se debe con frecuencia a su costo de mano de obra. Los retornos a la mano de obra en particular necesitan ser evaluados cuando se consideran las posibilidades de adopción y difusión de los sistemas agroecológicos.


Una vez aceptado esto, los participantes en la conferencia añadieron que el beneficio económico no es el único criterio que afecta las decisiones de los agricultores. Si bien los ingresos son importantes, especialmente para los pobres, no es la única preocupación. El riesgo es omnipresente en los ambientes rurales y es siempre una razón para descontar las proyecciones de los retornos. Aún más, en los lugares donde los mercados no son confiables o tienen difícil acceso (son caros), los hogares continuarán considerando el auto-abastecimiento como la estrategia más sabia para la seguridad alimentaria, no importa cuáles sean las ventajas atribuidas en principio a la participación en el mercado.


Los hogares tienen también valores culturales que necesitan ser respetados y la mayoría de padres dan gran importancia a las oportunidades para la siguiente generación. Mantener intacta y atractiva las comunidades rurales es de por sí un valor que está considerado junto con el incremento individual de los ingresos. Por lo tanto, aun cuando se necesita evaluar la economía, porque los agricultores quieren saber cómo afectarán las innovaciones a sus ingresos netos, ésta no debe ser considerada como el único determinante. Ésta es sólo uno de los muchos factores que tomarán en cuenta los agricultores al evaluar las prácticas agrícolas alternativas.


Debido a que las ganancias financieras de las innovaciones dependen del acceso a mercados remunerativos, el desarrollo de mercados y el acceso a ellos es particularmente importante. Este proceso puede involucrar esfuerzos tan complejos como anular controles y distorsiones, o cosas más simples como mejorar las carreteras. El acceso al crédito es menos crucial que cuando se promueve agricultura intensiva a base de capitales, porque se necesita comprar menos insumos externos, pero puede ser un acelerador en la adopción y difusión de nuevas prácticas.


La seguridad de la tenencia es importante en lugares donde se requiere inversión de mano de obra, si no dinero, para aumentar la fertilidad y productividad del suelo –por rotación de cultivos, sembrando abonos verdes o cultivos de cobertura, usando mulch o compost, construyendo terrazas, almacenando el agua, etc. Esto no siempre significa que los agricultores deben tener títulos legal-formales de los terrenos. Pero ellos deben sentirse seguros en su derecho a ganar el producto de su trabajo y a continuar haciendo uso de la tierra que está en proceso de mejoramiento. Esta es un área de reforma política e institucional que debería estar presente en todos los esfuerzos, agroecológicos u otros, para mejorar la agricultura.


Finalmente, este proceso de intensificación agrícola será beneficiosos si tiene un apoyo funcional de los grupos de gobierno local y, en general, de un proceso de descentralización de las operaciones y de los poderes del gobierno. En el caso de Filipinas señalado aquí, con un mejoramiento de los presupuestos y autoridad a través de la descentralización, los gobiernos locales están contribuyendo a la difusión de los sistemas agrícolas NVS. El programa de MIP en Indonesia obtuvo logros importantes de las contribuciones a la expansión del gobierno central por parte de los gobiernos provinciales y distritales (kakupaten).


En Bolivia, el uso de abonos verdes de leguminosas comenzó cuando el país aún estaba altamente centralizado (una cuarta parte del área no tenía siquiera unidades de gobierno local). Después de la descentralización de 1993, muchos de los representantes locales elegidos habían sido agricultores o profesores para el programa de World Neighbors, quienes trajeron un elevado nivel de compromiso e integridad a esos cargos así como apoyo para difundir el desarrollo agrícola participativo.


Una conclusión general documentada por Thrupp (1996)es que estos tipo de desarrollo agrícola pueden ser acelerados y mejor guiados por la creación de múltiples y diversas alianzas o asociaciones. Esta ha sido también una experiencia en varios programas nacionales de CIIFAD (Uphoff, 1996).


A menudo se ha asumido que las asociaciones son más exitosas cuando son homogéneas. Puede ser cierto, pero los mayores beneficios van a los agricultores y más conocimientos llegan a otras asociaciones a partir de alianzas heterogéneas o arreglos de redes informales.


Cuando hay una variedad de asociados que trabajan juntos para resolver problemas y generar conocimientos, que van desde las comunidades a las oficinas nacionales de gobierno e incluso a las instituciones en otros países, hay un grupo más diverso de experiencia y recursos sobre el cual basarse. Cada socio puede contribuir a unir esfuerzos según su ventaja comparativa.


Difusión de la innovación


Con frecuencia surge la pregunta de si los éxitos en pequeña escala logrados con estos nuevos lineamientos pueden ser aplicados a mayor escala y convertirse en programas nacionales. Esta pregunta podría ser replanteada para evitar las implicaciones de lo que se considera una "réplica". Esto es inconsistente con la experiencia y filosofía de este enfoque.


Más apropiado sería desarrollar y difundir los efectos acumulativos de la "adición" de los esfuerzos individuales y comunitarios que tienen motivaciones similares, pero que deben ser evaluados y rediseñados cuidadosamente de acuerdo con la situación y las necesidades locales. Puede haber un amplia difusión de las tecnologías y prácticas en esta forma, si los agricultores y grupos de agricultores se involucran por sí mismos en probar, evaluar y adaptar opciones más que en adoptarlas simplemente por el hecho que les han dicho que sería bueno hacerlo.


Para que los agricultores marginales y pequeños contribuyan en forma significativa a la producción futura de alimentos es necesario propiciar cambios institucionales y de inversión que hagan realidad este potencial. Estos cambios adquieren mayor importancia en la medida en que los procesos de globalización de la economía y la cultura se expanden más. Para que los agricultores puedan competir en los grandes mercados deben tener la "habilidad en finca".


Los cambios en las oportunidades y en las fuerzas globales implican que el agricultor debe elegir entre varias opciones y hacer adaptaciones rápidas. La especialización económica se vuelve más apropiada conforme aumenta el acceso a los mercados, pero la lógica de la especialización no necesariamente debe ser extrema porque las fuerzas de los mercados están en constante cambio. Ceñirse a un solo tipo de producción puede ser fatal desde el punto de vista económico.


Necesidad de conocimientos

El proceso de transformar las prácticas agrícolas en agroecológicas y apropiadas sigue siendo un reto, en parte debido a nuestro insuficiente conocimiento. Los casos presentados en la conferencia justifican algo de optimismo.

El concepto "síndrome de producción" (Andow y Hidaka, 1989) fue considerado útil porque reconocía la importancia de la sinergia entre las prácticas. Esto también ayuda a explicar las dificultades cuando se trata de cambiar un patrón de producción en "equilibrio" a uno más promisorio (Power, 1999).


En forma particular, todavía es insuficiente el conocimiento sobre los procesos y la dinámica ecológica del suelo. El suelo es el fundamento de toda la productividad en agricultura.


Ya que investigar para entender la dinámica y la integración de los agroecosistemas no parece ser una prioridad de los agricultores, este proceso debe ser principalmente una responsabilidad de los científicos, aunque esa investigación debe involucrar a los agricultores. Las áreas de investigación en el contexto agrícola en las cuales debe ser mayor la participación de los agricultores son: reciclaje y aplicación de los nutrientes (Fernandes, 1999); agroforestería (Sánchez, 1999); acuicultura como un componente integral de los sistemas agrícolas Brammett, 1999); abonos verdes, cultivos de cobertura y mejoramiento del barbecho; uso de compost y mulch; uso de medios biológicos para control de plagas, enfermedades y malezas (Bunch, 1999; Desilles, 1997; Jones 1997; y otros); la contribución de los animales a los sistemas agrícolas integrados; y el manejo de la tierra y el agua, particularmente el almacenamiento y cosecha del agua en pequeña escala.


En el campo socioeconómico, es preciso hacer estudios con agricultores sobre la adopción y adaptación de tecnologías agroecológicas, así como la "desadopción" donde es necesario. Hubo evidencia en los estudios de caso de una difusión amplia y rápida de algunas prácticas, pero también circunstancias de adopción lenta o interrumpida e incluso abandonada, por ejemplo, el sistema de cultivos mixtos mucuna-maíz usado en algunos lugares de Honduras (Neill y Lee, 1999) y el sistema agrícola empleado para cultivar camas en Bolivia (Lines, 1998; y Palacios, 1999).


Otras áreas donde el conocimiento es inadecuado como para apoyar con mayor eficiencia los procesos de extensión e investigación centrados en el agricultor son: ¿Qué tipo de políticas son las que apoyan o limitan más la iniciativa del agricultor? ¿Qué requisitos e impedimentos institucionales afectan estos procesos? ¿Cómo se puede desarrollar mercados más favorables para que la extensión y el desarrollo de tales procesos sea sostenible?


Oportunidades

Se sugirieron dos oportunidades particulares de innovación institucional. La primera es reorientar los sistemas de extensión actuales y contar con personal para dar apoyo al desarrollo y diseminación de la tecnología participativa. Esto significa apartarse de la instrucción de arriba hacia abajo para facilitar el aprendizaje de agricultores, investigadores y extensionistas en conjunto. La otra oportunidad es involucrar a los profesores y las escuelas en los procesos de experimentación y evaluación, ya que ello reforzará la participación de los padres y preparará mejor a las generaciones venideras de agricultores-experimentadores.


El enfoque al desarrollo agrícola propuesto, al tiempo que se basa en el conocimiento y la experiencia dentro de las comunidades agrícolas, mira mucho más allá. Los principios sinérgicos de la agroecología ayudarán a superar algunas de las limitaciones que resultan de los enfoques que dependen grandemente del capital, químicos y maquinarias, capitalizando al máximo el poder de la biología, lo que puede hacerse a un costo relativamente bajo. La educación formal y la alfabetización son importantes pero no suficientes de por sí. Estamos hablando de formas de agricultura basadas en el conocimiento intensivo, que transforman a la población rural a partir de sus papeles subordinados a través de la historia.


Hace tres décadas, cuando se lanzó la Revolución Verde, las elevadas expectativas para la población rural fueron conducidas por pocas personas fuera de las áreas rurales. No se consideró que cambios progresivos podrían ser iniciados por los propios agricultores. Sin embargo, los casos presentados en la conferencia dan abundante evidencia de que las capacidades humanas disponibles, que pueden ser consideradas en un nuevo tipo de modernización agrícola, han sido subestimadas y concebidas en forma muy limitada.


Las tecnologías de la era posterior a la Revolución Verde todavía requieren la contribución extensiva de los científicos. Sin embargo, el desarrollo tecnológico será mucho más efectivo si caminamos con las dos "piernas", la agroecología y la participación. La primera abarca todos los recursos y aspectos de los sistemas vivientes y la segunda se basa en una variedad de roles y talentos, con énfasis en los agricultores como co-generadores así como en todos los usuarios de la nueva tecnología.


Notas:


Por ejemplo, los fertilizantes químicos y los insumos de materia orgánica (compost y abonos verdes), considerados alternativas competidoras, pueden ser más productivos si se usan complementariamente (e.g. Palm et al. 1997; Schlater 1998).

Las principales especies de las agroforestas varían en forma natural; los ejemplos incluyen "damar" (para resina) en algunas partes de Sumatra y caucho de la jungla en otras partes de Indonesia; cacao en el sur de Camerún; "bolaina" en Perú; y "peach palm" en Brasil.


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Anexo

Participantes en la Conferencia

Miguel Altieri (co-organizador), Departamento de Ciencias, Política y Manejo del Medio Ambiente, Universidad de California, Berkeley; coordinador general de SANE (Sustainable Agriculture Networking and Extension), PNUD; y consejero técnico de CLADES (Consorcio Latinoamericano sobre Ecología y Desarrollo).


Randy Brammett, ICLARM (International Center for Living Aquatic Resources Management), representante regional para Africa, El Cairo, Egipto.


Roland Bunch, COSECHA, Tegucigalpa, Honduras; ex representante de World Neighbors para América Central.


Pierre Crosson, senior fellow (?); División de Recursos Naturales y Energía, Recursos para el Futuro (Resources for the Future), Washington, D.C.


Sylvie Dessilles, coordinadora de proyecto, NOPEST, CARE/Bangladesh, Dacca, Bangladesh.


Amadou Makhtar Diop, director, Programa de Agricultura Sostenible, Instituto Rodale, Kutztown, Pennsylvania; ex director del programa Rodale en Senegal.


Erick Fernandes, Department of Soil, Crop, and Atmospheric Sciences, Universidad de Cornell, Ithaca, NY; ex coordinador de ASB (Alternatives to Slash-and-Burn Network), ICRAF (International Centre for Research in Agroforestry), Nairobi, Kenia.


Mamby Fofana, director de proyecto, Unitarian Service Committee of Canada, Bamako, Mali.


Doug Forno, Departamento de Desarrollo Rural, Banco Mundial, Washington, D.C.


Dennis Garrity, coordinador, Programa regional del sureste asiático, ICRAF (International Centre for Research in Agroforestry), Bogor, Indonesia.


Keith Jones, Universidad de Greenwich e Instituto de Ciencias Naturales, Reino Unido, y consultora del programa CARE MIP en Sri Lanka.


Peter Kenmore, jefe, Servicio de Protección de Plantas, FAO, Roma, Italia.


Arie Kuyvenhoven, jefe, Department of Development Economics; co-coordinador, Sustainable Agricultural Group, Universidad Agrícola de Wageningen, Holanda.


Alice Pell, Department of Animal Science, Universidad de Cornell, Ithaca, NY.


Per Pinstrup-Anderson, director general, IFPRI (International Food Policy Research Institute), Washington, D.C.


Alison Power, director, Agricultural Ecosystems Program, Department of Ecology and Systematics, Universidad de Cornell, Ithaca, NY.


Jules Pretty, director, Center for Environment and Society, Universidad de essex, Reino Unido; ex miembro del International Institute for Environment and Development, Londres, Reino Unido.


Ed Ruddell, ex representante regional para la región andina de World Neighbors.


Vernon Ruttan, Department of Applied Economics, Universidad de Minnesota, St. Paul, Minnesota.


Pedro Sanchez, director general, ICRAF (International Centre for Research in Agroforestry), Nairobi, Kenia; y profesor emérito de edafología y ciencias forestales, North Carolina State University.


Lori Ann Thrupp, directora, Agricultura Sostenible, World Resources Institute, Oakland, California.


Mary Tiffen, consultora, Drylands Research; antes investigadora asociada principal del ODI (Overseas Development Institute), Londres, Reino Unido.


Norman Uphoff (co-organizador) director, Cornell International Institute for Food, Agriculture and Development, Universidad de Cornell, Ithaca, NY.


Jean Marc von der Weid, director ejecutivo. Assesoria e Servicos a Projetos em Agricultura Alternativa (AS-PTA), Río de Janeiro, Brasil.