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Posición Política de Food First No. 12: Diez razones por qué una nueva Revolución Verde promovida por la Alianza de Rockefeller y la Fundación de Bill y Melinda Gates NO resolverá los problemas de Pobreza y Hambre en África Sub-Sahara Octubre 2006 By Eric Holt-Gimenez, Ph.D., Miguel A. Altieri, Ph.D., and Peter Rosset, Ph.D. La Fundación Rockefeller y la Fundación Bill y Melinda Gates recientemente anunciaron su Alianza para la Revolución Verde en África (ARVA) i con una inversión de de US $150 millones; esta propuesta provocó de inmediato críticas, porque no considera el fracaso que fue la primera Revolución Verde.ii Los creadores de ARVA afirman que la iniciativa traerá beneficios a los empobrecidos campesinos de África, quienes –según su evaluación- no fueron beneficiados por la primera Revolución Verde. Al día siguiente, posiblemente como parte de un movimiento orquestado, Jaqcques Diouf, Director de FAO en Naciones Unidas, (Organización de Alimentación y Agricultura), solicitó apoyo a la “Segunda Revolución Verde” para alimentar a la creciente población mundial. Kofi Annan, presidente de ONU también valoró la iniciativa. iii El plan de ARVA es extraordinario, al tomar en cuenta que, según una evaluación del Banco Mundial, durante los últimos veinticinco años CGIARiv —que reúne todos los centros de investigación de la Revolución Verde— se ha invertido entre 40-45% de un presupuesto de US $350 millones/año en África (Banco Mundial, 2004). Si estos fondos públicos no fueron invertidos en la Revolución Verde ¿Dónde fueron invertidos? Y si fueron invertidos en la Revolución Verde, entonces ¿por qué se necesita invertir de nuevo en África? O bien, las instituciones que trabajan la Revolución Verde no sirven, o la misma Revolución Verde no sirve, o ninguna de las dos sirve. La Revolución Verde no ignoró a África. Fracasó allí. Como éste nuevo esfuerzo filantrópico ignora, comprende mal, y no asimila las duras lecciones y fracasos de la primera Revolución Verde, probablemente agravará más el problema. Estas son las diez razones por qué: v
Tanto en
México como en India, los estudios revelan que los caros “paquetes
tecnológicos” de la Revolución Verde favorecieron
exclusivamente a la minoría de terratenientes ricos, colocó
a los campesinos en una situación desfavorable y estimuló
la concentración de la tierra y de los recursos (Frankel 1973;
Hewitt de Alcántara 1976). 2. Con el tiempo, la tecnología de la Revolución Verde degrada el agro-ecosistema del trópico y expone a los campesinos, quienes se encuentran en una situación vulnerable, a padecer un mayor riesgo ambiental. Al inicio del fracaso socioeconómico de la Revolución Verde, los gobiernos empezaron a subsidiar el “paquete tecnológico” para lograr su adopción por parte de los campesinos. En las áreas donde los campesinos adoptaron el paquete, se diseminaron los cultivos híbridos, así como el uso de insecticidas y fertilizantes químicos, provocando serios problemas de salud, además de profundas consecuencias negativas ambientales y económicas. Mientras que las semillas híbridas producían más que las variedades locales en los años buenos y en óptimas condiciones, produjeron menos que las semillas locales en los años malos y en los ambientes marginales donde viven los campesinos pobres. Esto se debe a que las semillas híbridas son variedades que requieren máximos insumos y que después de un tiempo minan la fertilidad natural de los frágiles suelos de las laderas tropicales –donde la mayoría de los campesinos pobres de todo el mundo cultivan sus granos- esto provoca que se requiera cada vez una mayor cantidad de fertilizantes (Gliessman 1998). Estos insumos químicos eventualmente degradan por complete los suelos, provocando una erosión extensiva. vii Dado que ha terminado el petróleo barato, y es inevitable el aumento del precio del fertilizante ¿qué futuro ofrece la Revolución Verde a los campesinos? También se comprobó que los productos genéticamente uniformes de la Revolución Verde son más susceptibles a las pestes y las plagas. Para proteger estos productos, se tienen que aplicar copiosas cantidades de insecticidas en la biosfera, productos que son menos efectivos y selectivos, y que provocan grandes costos ambientales y humanos.viii En India, el paquete de la Revolución Verde requirió de mucho riego. El gobierno de India subsidió la perforación de 21 millones de pozos, que de acuerdo con Tushar Shah, director del Instituto Internacional para el Manejo de Agua, trajo a la superficie 200 kilómetros cúbicos de agua por año (Pearce 2004). En las últimas décadas, los pozos han secado muchos mantos acuíferos, obligando a vastas áreas a regresar a la agricultura en secano o a suspender la agricultura (Sharma 2000). Según afirman el hidrólogo, aproximadamente la quinta parte del sub continente bombeando más de la cantidad de agua que es repuesta por la lluvia. En Punjab –donde se desarrolló la Revolución Verde- aproximadamente el 80% del agua subterránea ha sido “sobre explotada o se encuentra en condiciones críticas” (Sengupta 2006). Esta reducción del manto acuífero puede ser irreversible. Debido a que la mayor parte de los granos producidos son exportados, el resultado hidrológico de la Revolución Verde es un sacrificio de los mantos acuíferos ancestrales de India ante la voracidad de los mercaderes internacionales de granos, una situación que resulta ser más crítica dado el calentamiento global en el planeta. 3.
La Revolución Verde provoca la pérdida de la agro-biodiversidad,
la base para la vida de los campesinos y para la sustentabilidad ambiental
regional. La diversidad es un recurso importante para la nutrición
de las comunidades pobres. La diseminación de los híbridos
acompañada por la pérdida de variados cultivos locales
y la tendencia al monocultivo, redujo la diversidad alimentaria y aumentó
la desnutrición de la población. El sistema agrícola
creado por la Revolución Verde depende totalmente de pocas variedades
para sus principales productos. Por ejemplo, en los Estados Unidos,
hace dos décadas el 60 a 70% de todo el terreno para fríjol
era plantado solo con dos o tres variedades, 72% de la papa con cuatro
variedades, y 53% de los algodonales con tres variedades de algodón.
Al introducirse el modelo industrial en el mundo en desarrollo, la diversidad
agrícola ha sido erosionada y domina por el monocultivo. Por
ejemplo, en Bangladesh la promoción de la Revolución Verde
provocó que desaparecieran aproximadamente 7,000 variedades de
arroz tradicional y se extinguieron varias especies de peces. Algo similar
sucedió en Filipinas, la introducción del arroz HYV desplazó
más de 300 variedades tradicionales de arroz que proveían
a los campesinos con cosechas estables a pesar de sus bajos niveles
tecnológicos y e incertidumbres ambientales. Repetidas veces,
los investigadores advierten sobre la vulnerabilidad extrema asociada
con la uniformidad genética. Posiblemente, el ejemplo más
chocante de la vulnerabilidad asociada con agricultura genéticamente
uniforme fue el colapso de la producción de papas en Irlanda
en 1845, que no resistió ante la peste 4. El hambre no se debe principalmente a la falta de comida, sino a que los hambrientos son demasiado pobres para comprar la comida disponible. galardonadoAmartya Sen, galardonado con el premio Nóbel, ha mostrado que la hambruna es fundamentalmente un problema de falta de democracia, la pobreza y la distribución de la comida. Mientras los arquitectos de ARVA anuncian triunfantes que la Revolución Verde aumentará la producción, existe muy poca comprensión sobre la causa del hambre, como también del fracaso de la Revolución Verde: no redujo efectivamente ni la pobreza, ni el hambre. Aproximadamente la mitad de la población de África, 750 millones de personas, subsiste con menos de un dólar diario—casi el doble de las personas que lo padecían hace veinticinco años.ix Son demasiado pobres para comprar la comida disponible, generalmente mal distribuida, o carecen de tierra y de recursos para producir su comida. ARVA asegura que al aumentar la producción, ayudarán a los 180 millones de campesinos de la región a alimentarse a sí mismos y alimentar al resto de los pobres del Sub Sahara (Fundación Rockefeller 2006). Sin embargo, una buena relación entre producción y población no indica necesariamente que no habrá hambruna. Ha habido hambruna en Asia en períodos de alta producción agrícola, provocada por el almacenamiento especulativo, el desempleo, y el bajo poder adquisitivo—no por la falta de comida. Es verdad, India pasó de ser un importador crónico de comida a ser un exportador masivo de granos, pero esto no impidió que 200 millones de indios padecieran hambre en 1995, mientras el país exportaba US $625 millones en trigo y harina y 5 millones de toneladas métricas de arroz. Incluso recientemente en 2001, se reportaron muertes por hambre en doce estados de India, a pesar de que India sea uno de los principales países exportadores agrícolas del Sur (Patel 2004). La actual sobreproducción de granos de India, 26 millones de toneladas, fácilmente podría alimentar a los 320 millones de personas hambrientas, pero no lo hace (Sharma 2000). ¿Por qué? Porque los pobladores hambrientos son demasiado pobres para comprar la comida que se produce en su propio país. Surgen serias preguntas al observar la cantidad de personas hambrientas en el mundo en 1970 y 1990, siendo las décadas cuando más se expandió la Revolución Verde (Lappé et al., 1998). A primera vista parece que se hubiera logrado un gran progreso, aumentando la producción de comida y disminuyendo el hambre. La disponibilidad de comida a nivel mundial por persona aumentó 11% durante esas dos décadas, mientras que la cantidad estimada de personas hambrientas disminuyó de 942 a 786 millones, 16%. Aparentemente esto era un progreso, del cual alegremente se acreditaron quienes promovían la Revolución Verde. Pero este supuesto triunfo debe ser analizado más de cerca. Si se deja China fuera del análisis, la cantidad de personas hambrientas en el resto del mundo, de hecho aumenta en más de 11%, de 536 a 597 millones. En Sudamérica, por ejemplo, mientras la provisión de alimento porpor cápita subió casi 8%, la cantidad de personas con hambre subió 19%. Es esencial comprender un punto: no es el incremento de la población lo que provoca más personas hambrientas –la cantidad de comida actualmente disponible para cada persona ha aumentado- el problema se da por el acceso no equitativo a la comida, ni a los recursos para su producción. En 1990 en el Sur de Asia hubo 9% más de comida por persona, pero al mismo tiempo la hambruna aumentó en 9% de la población. Se dio una diferencia extraordinaria en China, donde la cantidad de personas hambrientas cayó de 406 a 189 millones, lo cual nos obliga preguntarnos: ¿Qué Revolución fue más efectiva para disminuir el hambre, la Revolución Verde o la Revolución China? Los resultados por sí mismos nos dicen poco sobre el hambre. Si la Revolución Verde u otra estrategia que aumente la producción de comida alivie el hambre depende de las reglas económicas, políticas y culturales que hacen quienes dominan. Estas reglas determinan quién se beneficia como proveedor del aumento de la producción (quien posee la tierra y la cosecha y se beneficia) y quién se beneficia como consumidor del incremento de la producción (quien tiene acceso a la comida y a qué precio). 5. Si la inversión tecnológica no toca las inequidades en los sistemas políticos y de mercado, el esfuerzo fracasa. El crecimiento del hambre en África se debe principalmente al aumento del empobrecimiento de la población rural, la cual anteriormente produjo comida, pero actualmente ha abandonado la agricultura. Actualmente los campesinos de África podrían producir fácilmente más comida, pero no lo hacen porque carecen de crédito para la producción, además no encuentran compradores, ni pueden garantizar precios justos que les permitan un mínimo margen de ganancia. En estas circunstancias ¿qué diferencia puede hacer el nuevo “paquete tecnológico”? Sin abordar las causas por qué los campesinos de África dejaron de producir –o por qué producen tan poco- ARVA tendrá un impacto mínimo. África rural ha sido devastada en los últimos 25 años por la globalización del libre mercado de las corporaciones y las políticas anti-campesinas impuestas a los gobiernos del continente por el Banco Mundial, el FMI, la OMC, los Estados Unidos y la Unión Europea. (Rosset, 2006a, y deGrassi y Rosset, próximamente disponible).x La forzada privatización del mercado de alimentos –que a pesar de sus fallas-, en un tiempo garantizaba a los campesinos africanos precios mínimos y que daba a los campesinos crédito para producir comida, ha abandonado a los campesinos, dejándolos sin posibilidades de producir o sin compradores para su producción. Los acuerdos de libre comercio han hecho más fácil para los comerciantes privados –los únicos compradores y vendedores que acaparan y que dominan en el mercado de alimentos- importar comida subsidiada de Estados Unidos o de la Unión Europea, que negociar con miles de campesinos locales. Esta caída de los precios por debajo de los costos de producción local, obliga a los campesinos a abandonar la agricultura. xi El fracaso de la Revolución Verde nos ha enseñado que el desarrollo rural sostenible no necesita únicamente el aumento de la producción -requiere la redistribución de la tierra y los recursos, un mercado justo y estable, y el manejo agroecológico. Estos son los aspectos de desarrollo agrícola que son ignorados o subestimados por la Revolución Verde. 6.
El sector privado solo no resolverá los problemas de producción,
mercadeo y distribución. La primera Revolución Verde fue
introducida a través de un masivo apoyo institucional de los
estados de India y México. Los ministerios de agricultura gubernamentales
proveyeron crédito, entrenamiento, investigación y extensión,
también con los servicios de mercadeo, procesamiento y distribución
a los campesinos que adoptaban la tecnología de la Revolución
Verde. Estos amplios subsidios del estado crearon un mercado para la
entrada del sector privado en todas las actividades de comercio de la
Revolución Verde, así como en semillas, fertilizantes,
pesticidas y maquinaria. Pocos de estos servicios son accesibles actualmente.
xii 7.
La introducción de la ingeniería genética –intención
encubierta de la iniciativa ARVA- hará más vulnerable
a los campesinos en la región Sur Sahara de África.
8. La introducción de semillas transgénicas en la agricultura campesina llevará a los campesinos a la quiebra e incapacidad de pago de las deudas. La expansión de semillas transgénicas en el Sur en general, es manejada por las poderosas corporaciones transnacionales –ante el creciente rechazo público a los productos transgénicos en el mundo industrializado- desesperadamente tratan de extender su mercado en el Sur global. Siendo propagandizados como la última “bala de plata” en la guerra contra el hambre, los productos transgénicos van a empobrecer más a los campesinos, haciéndolos dependientes de caros insumos externos: los productos de la ingeniería genética crean la oportunidad para las corporaciones transnacionales de controlar y beneficiarse en cada paso del proceso productivo campesino. El campesinado perderá su flexibilidad agroecológica en el uso de fertilizantes, controlando las malas hierbas o manejando las pestes, porque estas etapas de producción estarán contenidas en la información genética de las semillas transgénicas que le distribuyen. La contaminación de productos naturales por sus vecinos transgénicos es imposible de controlar en los pequeños terrenos cultivados por los campesinos de África. El problema con la introducción de productos transgénicos en regiones de gran diversidad es que la diseminación de características genéticamente alteradas en variedades de granos locales, producidas por campesinos, puede diluir la sostenibilidad natural de esa raza de productos (Jordan 2001). Una vez que se introducen productos transgénicos en regiones campesinas, eventualmente todos los campesinos tendrán que adoptarlos, o pagar grandes montos como multas a las compañías que venden los productos transgénicos por “robarles” material genético que involuntariamente se cruza entre los campos y afecta las siembras.xvi En estas circunstancias, la dependencia obligada de los campesinos provocará el enriquecimiento de las compañías transnacionales que comercian con las semillas transgénicas, los herbicidas y fertilizantes, pero no acabará con el hambre. 9. La afirmación de ARVA que “no existe otra alternativa”, ignora muchas intervenciones agroecológicas y no corporativas de desarrollo agrícola que han crecido al ser evidentes los fracasos de la Revolución Verde.. Para reducir verdaderamente el hambre se requieren cambios políticos, los cuales son más importantes que los arreglos tecnológicos. Usando el crudo lenguaje económico podemos decir que el “lado de abastecimiento” (p.ej. semillas y fertilizantes) como abordaje no tiene sentido hasta que los problemas del “lado de la demanda” (precios justos) se resuelvan. Si mucho, la “tecnología correcta” juega sólo un rol complementario. En este contexto, sólo la tecnología agroecológica que tiene efectos positivos en la distribución de la riqueza, el ingreso y el activo, que favorecen a los pobres, puede tener efectos estratégicos en la reducción del hambre. Miles de ejemplos de la aplicación de la agroecología funcionan en los países en desarrollo, donde las cosechas de productos en los cuales más dependen los pobres –arroz, fríjol, maíz, yuca (casava)yuca, papas, cebada- han aumentado varias veces, sustentadas por la biodiversidad. Existen muchas opciones agroecológicas exitosas y económicamente alternativas para la producción sostenible que se han desarrollado como respuesta al fracaso de la Revolución Verde (p.ej. ver, Altieri, 1995; Altieri y Nicholls, 2005). A lo largo de África, Latinoamérica y Asia, los Movimientos Campesino a Campesino, los equipos de investigación dirigidos por campesinos, y las escuelas de campo campesinas, ya han descubierto cómo aumentar las cosechas, distribuir los beneficios, proteger los suelos, conservar el agua y aumentar la biodiversidad en cientos de miles de parcelas, a pesar de la Revolución Verde (ver Holt-Gimenez, 2006, para un ejemplo excelente). La evaluación de 45 proyectos/iniciativas de agricultura sustentable en 17 países de África que comprenden 730,000 productores, reveló que el abordaje agroecológico mejoró sustancialmente la producción alimentaria y la seguridad alimentaria de las familias. En el 95% de los proyectos la cosecha de cereales aumentó de 50 a 100%. La producción total de comida aumentó en todos los proyectos. Los impactos positivos adicionales en el capital natural, social y humano, también están ayudando a construir la base active para mantener estas mejorías en el futuro (Pretty 2004). Este análisis muestra que la agricultura sustentable puede brindar una enorme producción de alimentos en África. No existe duda que los campesinos de África pueden producir la comida que necesitan y un excedenteexcedente para el mercado. La evidencia es concluyente: nuevos abordajes y técnicas dirigidas por los campesinos en África ya están brindando una contribución suficiente para la seguridad alimentaria y la vida familiar a niveles nacionales e regionales. Una variedad de abordajes agroecológicos y participativos en muchos países muestran resultados muy positivos, incluso en condiciones adversas. Con el apoyo apropiado, la divulgación de estos abordajes a miles de familias campesinas puede contribuir a desarrollar la soberanía alimentaria, en lugar de aumentar la dependencia de las corporaciones. Esto requerirá un cambio político e institucional sustancial, así como el apoyo estratégico filantrópico de visionarios, quienes se atrevan a poner sus millones en las manos de movimientos sociales progresistas. Tristemente, las dos Fundaciones han decidido ignorarlos y desarrollar su propia agenda en favor de las corporaciones. 10. La “alianza” AVRA no permite que los campesinos sean los principales protagonistas del mejoramiento agrícola. Las Fundaciones Rockefeller y Gates consultaron con las compañías productoras de semillas y de fertilizantes más grandes a nivel mundial, con grandes filántropos y con las agencies multilaterales de desarrollo, pero nunca permitieron que las organizaciones campesinas informaran sobre su propuesta de desarrollo agrícola, qué sería más beneficioso para ellas. A través de Vía Campesina (http://www.viacampesina.org), organizaciones campesinas y de agricultores de África y de todo el mundo están debatiendo y formulando los cambios políticos requeridos para poder realmente revertir el colapso de la agricultura campesina en África y en todo el mundo, colapso provocado políticamente. Estas políticas, incluyendo alejarse del extremismo en relación al libre comercio y del fundamentalismo de mercado, además de brindar apoyo a las familias campesinas para mejorar su acceso a la tierra productiva, al agua y a las semillas locales, con métodos de producción ecológicos, todo junto constituye la Soberanía Alimentaria (Vía Campesina et al., sin fecha; Rosset, 2003). El Foro Mundial para la Soberanía Alimentaria a realizarse en febrero 2007 en Malí, en el cual también participarán grupos de consumidores y ambientalistas de África, representa un punto crucial en este proceso.xvii. Sin estos cambios, ninguna tecnología agrícola—menos la química y la sustentada en ingeniería genética—pueden verdaderamente afrontar el hambre. En contraste con la propuesta Gates/Rockefeller, crear un ambiente político favorable para la agricultura campesina familiar hará que, la población hambrienta se pueda alimentar a sí misma utilizando métodos sustentables y respetando el ambiente, creará empleo rural y produciendo el sobre producto requerido para garantizar la seguridad alimentaria de la población local. El concepto de soberanía alimentaria fue desarrollado por Vía Campesina y debatido públicamente en el Foro Mundial de Alimentación en 1996, como el marco de trabajo alternativo para alimentación y agricultura. Desde entonces, el concepto se ha vuelto popular y es repetido por sectores de la sociedad civil de naciones del Norte y del Sur, y ha sido desarrollado como una propuesta de trabajo alternativa, coherente e integral. (Rosset, 2006a). Quienes proponen la soberanía alimentaria afirman que: la alimentación y la producción de alimentos son más que un negocio, y que la producción para los mercados local y nacional es más importante que la producción para exportar, desde una perspectiva más amplia e inclusiva de producción: considerando el desarrollo económico local y nacional para superar la pobreza y el hambre, protegiendo la vida rural económica y ambiental, y manejando los recursos naturales de manera sostenible. Ellos defienden que cada país y cada persona deben tener el derecho y la capacidad para decidir sobre su propia comida, producción y política agraria, lo cual puede incluir subsidios que no lleven a la producción masiva, a las exportaciones, a la caída de los precios, ni a dañar a otros países. En estas condiciones, los campesinos de todos los países del mundo (exceptuando algunas ciudades-estado) tienen la capacidad de alimentar bien a la población de su país. Ellos creen que los bajos precios son las peores fuerzas que golpean a los campesinos en todo el mundo y que por ello necesitamos una efectiva protección contra la caída de precios, aplicar leyes contra los monopolios a nivel nacional y global, regular efectivamente la sobreproducción en los países con grandes exportaciones, y eliminar los subsidios abiertos y encubiertos, directos e indirectos que promueven la caída de precios y la sobreproducción. En otras palabras, lo que necesitamos es movernos de los procedimientos que promueven los precios bajos hacia aquellos que promueven el precio justo, tanto para los campesinos como para los consumidores. Este modelo alternativo también incluye la reforma agraria, con límites en el tamaño máximo de la finca, control equitativo local sobre los recursos como semillas, tierra, agua y bosques, y se opone a patentar las semillas. La resolución de soberanía alimentaria es cada vez más valorada por diversos sectores como organizaciones que representan a los consumidores, a la población pobre urbana, a los pueblos indígenas, uniones de comerciantes, ambientalistas, activistas de derechos humanos, investigadores y otros expertos, quienes forman la base de colaboración entre la Organización de Agricultura y Alimentación (FAO) de Naciones Unidas y los grupos de campesinos y otros actores de la sociedad civil; como lo informó el Secretario General de FAO Jacques Diouf en el Foro Mundial de Alimentación en el 2002. Si las Fundaciones Gates y Rockefeller realmente quieren acabar con el hambre y la pobreza en África rural, deberían invertir sus millones en la lucha que libran las organizaciones de campesinos y agricultores, y sus aliados, por alcanzar la soberanía alimentaria.
Altieri,
M.A. 1995. Agroecology: The Science of Sustainable Agriculture. Boulder:
Westview Press. i Ver http://www.gatesfoundation.org/GlobalDevelopment/Agriculture/default.htm
y http://www.rockfound.org/Agriculture/Announcement/218 la “versión
oficial” y http://www.nytimes.com/2006/09/13/us/13gates.html? |
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